Carlos A. Aguilera sobre Lorenzo García Vega
Lorenzo García Vega (Jagüey Grande, 1926 – Miami, 2012) sigue siendo uno de los escritores cubanos más enigmáticos. Su obra, su compleja personalidad, sus vínculos con la mítica revista Orígenes dirigida por José Lezama Lima, su libro Los años de Orígenes, el cual después negó en parte, su exilio en Miami, a la que llamaba “playa albina”, han hecho de este asombroso creador, una figura de culto para varias generaciones de cubanos.
Uno de los estudiosos y admirador de su obra lo es el escritor Carlos A. Aguilera (1970, La Habana, Cuba), establecido ahora en Praga, República Checa. Su libro Lorenzo García Vega, apuntes para la reconstrucción de una no-poética (Aduana Vieja, 2015) es quizás uno de los trabajos más plausibles para entender la personalidad y contexto de la obra de García Vega.
A través de siete ensayos breves, pero precisos, dos entrevistas a fondo y extractos de la correspondencia que sostuvo con el escritor, Aguilera perfila su cosmovisión de un hombre controversial y fundamental en el panorama cultural cubano.
Como complemento a su libro, Aguilera nos deja saber más de su relación con García Vega.
¿Qué ha significado Lorenzo García Vega en tu formación intelectual? “Mucho. Lorenzo ha sido (o es) de los pocos escritores anti-mainstream que el archivo Cuba tiene. Un escritor inmaduro, en el sentido de Gombrowicz; edípico, socarrón, negativo, antipose. Y toda esa construcción de ‘noes’ fueron para mí –por lo menos desde que empecé a cartearme con él allá por los años 1990– un ejemplo, mucho más que su escritura incluso”.
Tras tantos años dedicados al estudio de la personalidad del escritor, ¿a qué conclusiones has podido llegar ante el García Vega creador, y el hombre? “Para mí no había mucha diferencia entre el Lorenzo-escritor y el Lorenzo-persona. Los dos eran incorruptibles, en el sentido más amplio de la palabra. Y, ambos, con un sentido del humor muy particular, como si burla y delirio formaran parte de un único golem”.
En ‘Lorenzo García Vega, apuntes para la reconstrucción de una no-poética’, se evidencia la complejidad del escritor. ¿Qué te has propuesto con este libro? “Una de las cosas que más me interesaba mostrar era la manera en que se había ‘desenfocado’ mi mirada sobre García Vega desde que comencé a escribir sobre él hasta ahora, trazando, más que un recorrido por su obra (que sería lo fácil), las diferentes líneas de fuga que me ayudaban a construir mi propio artefacto, mi propio pensar-literatura. La otra, la amistad. Un libro donde puedan cruzarse las obsesiones propias y, a la vez, las diferentes vueltas que da por la vida de una persona la amistad, es siempre un libro criminal, obsesivo, y en este caso, ese era el tipo de ‘documento’ que me interesaba lograr”.
A García Vega se le percibe, o se le puede percibir, como un gran insatisfecho. ¿Qué opinión tienes al respecto? “Lorenzo era un personaje de Virgilio Piñera (no sé hasta qué punto él lo sabía). Uno de esos que constantemente dicen No y a la vez tienen la pulsión de hacer algo absurdo para dejar en claro su negativa (salir corriendo por ejemplo, como varias veces escribió, o ponerse a discutir en voz alta con su madre, la cual llevaba ya varios años muerta). Y en ese sentido era un gran insatisfecho, como bien dices. Cuando se publiquen sus diarios inéditos se podrá ver hasta qué punto era el ‘personaje’ más poco satisfecho de la literatura cubana”.
¿Qué hay en García Vega que lo ha convertido en un escritor icónico? “Más que icónico yo diría que es acrónico. Es uno de los escritores más acrónicos y viscerales de los últimos decenios, por lo menos en lengua española. También, una especie de comédien, de chamán falso digamos. Si no lo lees riéndote, no lo has entendido”.
Esta historia fue publicada originalmente el 19 de mayo de 2016, 4:58 p. m. with the headline "Carlos A. Aguilera sobre Lorenzo García Vega."