Sobrevida de un náufrago: el viaje interminable de Arturo Prins
El pasado 17 de junio se inauguró la muestra “Gitano” en el Art Center Allapattah (ACA), al Oeste de Wynwood, la primera exposición personal en EEUU de pinturas y dibujos del artista de origen argentino Arturo Prins (Buenos Aires, 1972), durante mucho tiempo radicado en España y desde hace poco establecido en Miami. De ahí que el título de la muestra no pudiera ser más coherente, ya que se trata de un artista errante, de esencia diaspórica, cuyo itinerario por el mundo lo ha llevado desde las alturas del Tíbet a la isla de Creta, de los rincones más pintorescos de Tailandia hasta las playas de la Riviera Maya en México, de las excentricidades neoyorquinas al calor sofocante de Miami Beach.
Si un artista conoce el sentimiento de provisionalidad, el agotamiento del naufragio, la saturación encantada del viaje, es justamente Prins; quien no puede disimular en su obra esa misma espontaneidad cambiante y estilo tan ecléctico, derivados de la influencia cultural de sus múltiples exploraciones. En entrevista para El Nuevo Herald, el pintor explicó: “Me niego a ser fiel a un estilo. Rechazo el compromiso de coherencia temática visual. No quiero llevar el codiciado anillo de bodas con una estética particular, sino con varias, un desenfreno estilístico de orgías, oasis, jardines de flores y plantas distintas, exóticas. Elijo el vagabundeo solar, la siesta cretense, el gitaneo de mundos y magias íntimas.... los faros solitarios y las ninfas de los mares. Ser nómada no es fácil, se paga caro, pero es mi llave para descubrir el universo”.
La exhibición de marras, conformada por 8 pinturas de mediano y gran formato, 2 carboncillos y 15 dibujos en técnica mixta, constituyen -en esta oportunidad- el episodio más reciente del cuaderno de bitácora de este peregrino incansable, en el cual priman sus trabajos concebidos durante los últimos meses en la zona de Mahahual, México. Pero, lo más curioso de su obra es el hecho de situarse lejos de la tradición plástica de los pintores viajeros del siglo XIX, que venían a América influenciados por los hallazgos de Alejandro von Humboldt, y cuyas obras no sobrepasaban el toque científico-naturalista o el carácter descriptivo del paisaje clásico, la minuciosidad de algún estudio de botánica o el costumbrismo histórico, convertido hoy en excitaciones folclóricas para turistas.
Prins no concibe postales de la realidad, su mundo es bastante desgarrado. Expresionista al estilo de Edvard Munch, muchas veces visionario y esotérico como William Blake; de composiciones surrealistas o abstracto-geométricas, pasando por texturas artesanales o los atropellos estéticos del bad painting, con piezas que tienen mucho de naif y arte urbano, y otras de vocación orientalista, medio zen. En resumen, ese canibalismo de referencias tan afín a la operatoria postmoderna, que no termina en la riqueza intertextual o la generosidad del pastiche, desborda un mundo personal, extraordinario, una sensibilidad educada a golpe de experiencia, investigación y una entrega espiritual completa al mundo del arte. “Ese ajetreo exige riesgo, osadía y hondura... pero sobre todo libertad del dolor, que para mí es la finalidad de todas las nobles artes” añadió el artista.
Catalogado por la crítica en España -donde ha cosechado múltiples éxitos y premios- como un saltimbanqui, un trapecista de circo o un loco, por su proyección versátil y camaleónica, su tendencia a la fragmentación y a la diversidad estilística, estamos frente a un artista radical, irreverente, y al mismo tiempo infantil y místico. En ocasiones su obra me recuerda al perfil todoterreno de Picasso, que lo llevara a fundar tantas tendencias artísticas en la primera mitad del siglo XX, aunque en realidad nuestro artista las recicla; así como también me recuerda el espíritu aventurero de Paul Gauguin, quien se perdió en las islas para huir de los fermentados patrones sociales europeos o la indigencia de Vincent van Gogh en sus años más difíciles. En fin, yo lo describiría como el Marco Polo del arte, un creador sin frenos, descubridor de imaginarios y mundos alucinados, distantes, paranóicos.
A pesar de tanta infidelidad estética, podemos encontrar contantes que lo descubren ante nuestros ojos, tal es el caso de cierta recurrencia de motivos visuales, verdaderas obsesiones temáticas y procedimientos técnicos igual de promiscuos, como pueden ser la iconografía del pintor académico Jean-Auguste-Dominique Ingres, imágenes de El Principito de Antoine de Saint-Exupery, aviones, barcos, pirámides, faros, threesomes, todo esto concebido no sólo a partir de manchas de pintura, sino también utilizando cuentas de bisutería infantil, stickers de factura china, glitter, femme fatales de procedencia mitológica, los cuales combina luego con arena, caracoles o el cráneo de una iguana autóctona. Se trata, pues, de un repertorio mixto, variado. “Todo es símbolo en mi obra. ¿Qué significa realmente para mí el arte? Juego y disciplina, libertad y rebelión redobladas en una constante reinvención de mí mismo. El gitano viene del Oriente a traer la buenaventura, es el bohemio que transita como un mago desarraigado, es viaje y alquimia” concluyó el pintor, también realizador audiovisual.
Para constatar las verdaderas condiciones de trabajo de este artista nómada habría no sólo que frecuentar esta muestra excepcional, sino visitar su página web (www.arturoprins.com), una de las más imaginativas y reveladoras que he visto jamás, así como las fotos de sus estudios improvisados en una cabaña en medio de la selva o en la habitación de un hotel, lo mismo en Jamaica, Salvador de Bahía, que Punta Cana, Cozumel o el Himalaya.
Rubens Riol es crítico de arte, promotor cultural y experto en cine. Licenciado en Historia del Arte por la Universidad de La Habana en 2009. Twitter: @rubens_riol.
“Gitano” está a disposición del público desde el 17 de junio hasta el 8 de julio en el Art Center Allapatah, West of Wynwood, 1388 NW 29 Street, Allapatah, Miami, Fl 33142.
Esta historia fue publicada originalmente el 24 de junio de 2016, 10:40 a. m. with the headline "Sobrevida de un náufrago: el viaje interminable de Arturo Prins."