‘Cubano, demasiado cubano’, artillería pesada del escritor Néstor Díaz de Villegas
La literatura de Néstor Díaz de Villegas (Cumanayagua, Cuba, 1956) demuestra un desdén por lo políticamente correcto y, además de rechazar toda convención, su prosa contiene una exuberancia de vida. Así es el libro de ensayos y artículos periodísticos Cubano, demasiado cubano (Bokeh). Afilado el lápiz, el escritor delimita una zona trágica y bella como es su patria.
“El castrismo se define, en este libro, como «lo demasiado cubano», en contraposición a «lo cubano» a secas de la etapa clásica que va de Félix Varela a Fulgencio Batista”, explica el autor en el prólogo. “Siguiendo al Nietzsche de El nacimiento de la tragedia, el primero representa la época helenística, el momento en que la cultura antigua es destruida para dar paso a una satrapía oriental: la Revolución como la Gran Madre que irrumpe en La Habana en el instante de mayor disolución, sincretismo y libertinaje”.
Díaz de Villegas confronta la historia cubana. Lo hace todo el tiempo, aunque en algunos textos eso sea más descaradamente visible, como en “Batista explicado a los niños” y “Fidel, el desaparecido”. Con un gesto de agudeza intelectual y prosa dilatada, tira ideas originales como quien moja la oreja del contrincante. Es seguro que lectores sensibles sentirán cierto fastidio ante la artillería pesada, pero no queda otra alternativa. ¿Acaso hay salida de emergencia para la cubanía? El autor se aferra a la Isla como un santo a su martirio.
Escribir sobre Cuba es también hacerlo sobre la diáspora, y Miami actúa como un Aleph visto desde el trópico –sale Borges; entra Lezama Lima y Severo Sarduy–, el punto donde todo confluye al fin. En este caso, la imagen que entrega de la ciudad toma fuerza y empuja cualquier estudio antropológico al abismo.
“Miami es uno de los pocos lugares donde aún puede observarse un proceso de adaptación en vivo; y el sujeto adaptado –el organismo que nos permite esta observación– es el cubano. Que el cubano llegue a amar a Miami (que no le quede más remedio que amar a Miami), y que deba adaptarse a unas condiciones ya de por si (Miami es el destierro) desfavorables, prueba que toda adaptación, en una primera etapa, sólo es posible a nivel ideológico –es decir, al nivel de las ideas falsas (Miami es la gran idea falsa)”, puntualiza en “Miami: devolución creativa”.
Díaz de Villegas pone el acento en la ciudad del exilio cubano porque también caminó sus calles, alguna fue parte del ambiente cultural, de sus personajes. Llegó en 1979, luego de cuatro años de infierno en la prisión de Ariza. ¿La razón de semejante brutalidad? Escribir un poema. En tierra extranjera descubrió que la literatura en español en Miami era un secreto casi inexistente, tanto para los turistas como para la mayoría de los locales. Solo la televisión, y en inglés, describía un Miami violento y complicado como cualquier lugar construido por inmigrantes. En este sentido, Miami tiende puentes con New York pero también con La Habana y Buenos Aires, puertos donde se contrabandea todo tipo de cosas, aún la esperanza.
El autor de libros como Confesiones del estrangulador de Flagler Street y Cuna del pintor desconocido vivió casi 20 años en Miami. Supo pasar noches junto a Reinaldo Arenas, Guillermo Rosales y Carlos Victoria, la santa trinidad de escritores rabiosos y suicidas. A él la muerte joven lo raspó, pero vivió para contarla. Siempre deben quedar testigos para acrecentar mitos. Muchas de las páginas de Cubano, demasiado cubano recuerdan ese tiempo y a los artistas perdidos. La evocación da como resultado literatura e inteligencia, atributos que bien se leen en la obra del propio Díaz de Villegas.
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Esta historia fue publicada originalmente el 10 de julio de 2016, 10:34 a. m. with the headline "‘Cubano, demasiado cubano’, artillería pesada del escritor Néstor Díaz de Villegas."