Territorios y fricciones de la abstracción en Durban Segnini Gallery
La exhibición Hablando de abstracción. Transiciones del lenguaje en el arte latinoamericano es la segunda parte de una propuesta curatorial comisariada por Dennys Matos en el aniversario 45 de Durban Segnini Gallery. Fundada en Caracas en 1970, abrió otra sede en 1992 en Miami, desde donde ha contribuido decisivamente a la visibilidad y comprensión de la muy diversa abstracción latinoamericana.
En su larga historia, la galería ha exhibido al tiempo artistas que a lo largo de sus vida se disputaron su papel en el desarrollo de movimientos, como fuera el caso de Carmelo Arden Quin y Gyula Kosice; ha incorporado, como ninguna, las obras de los geométricos abstractos colombianos que por diversas razones -no conformaron un movimiento- suelen ser excluidos en grandes exposiciones sobre esta corriente que atravesó el continente; y ha representado igualmente tendencias antagónicas en la abstracción: arte concreto y arte cinético junto con variaciones de expresionismo abstracto. Y esto sin hablar de las nuevas generaciones que hacen de la geometría un gesto conceptual.
La curaduría de Matos es fiel a esa diversidad. En lugar de reunir un grupo de obras que mantuvieran la coherencia o evolución de un solo movimiento dentro de la abstracción geométrica, se arriesga a crear fricciones visuales acercando obras de generaciones y tendencias no sólo diversas sino opuestas. “La primera exposición hablaba de que la obsesión de los artistas abstractos latinoamericanos por organizar una nueva realidad. En esta segunda parte –afirma- partí de la idea de no reivindicar la particularidad del arte latinoamericano sino mostrar las transiciones del lenguaje abstracto”.
Ha creado una propuesta “sinuosa”, como admite, que se resiste a las lecturas uniformes y opta por lo disruptivo. La exhibición es rica en contrapuntos: en el primer salón, hay varias obras del uruguayo Carmelo Arden Quin (1913-2010), quien recibió la temprana influencia de la Escuela del Sur de Torres-García y a través suyo, del pensamiento del grupo geométrico constructivista “Cercle et Carré” y luego, en el Buenos Aires de los 40’s lanzó el histórico número de la revista Arturo con su proclama sobre un modo de unificar el arte y el materialismo dialéctico negando toda representación y sentimentalismo. Sus notables acrílicos circulares en madera de 1979, con fuertes colores primarios, son una poderosa reafirmación de esa visión. En contraste, al fondo de la galería, domina la obra de un artista invitado: Flavio Garciandía (Cuba, 1957). Sólo el título, Wendy en su laberinto, 2005, revela una visión opuesta. El óleo, pintando con ondulantes formas y gradaciones de tonos entremezclados del verde al aguamarina, tiene un carácter orgánico perfecto para su alusión a la vida. De modo certero, se instaló a su lado un conjunto de piezas del argentino Beto de Volder (Argentina, 1962), quien proviene de la influencia constructivista del MADI, pero libera las formas al punto de construir –a lápiz o en estructuras modulares en MDF- gestos en movimiento, garabatos que están conectados a cadencias y percepciones vitales. Él mismo ha declarado “hacer cómics de la abstracción”.
Esa secreta iconoclastia contrasta con el arte que se le enfrenta espacialmente: la obra de Luisa Ritcher (1928-2015), artista venezolana nacida en Alemania. Esta alumna de Willi Baumeister -figura notable entre los expresionistas alemanes que conformaron Der Stum- vertió en sus óleos abstractos la experiencia alucinante del paisaje tórrido del país de acogida. Como remarca Matos: “Hay en su obra una visión panorámica de los paisajes vividos”. Por esto, pese al abismo formal entre su lenguaje y el de Carlos Rojas (1933-1997), uno de los grandes geométricos abstractos colombianos, una invisible línea los conecta. Rojas sintetizó en sus pinturas y esculturas geométricas colores, formas y estructuras del paisaje en América tanto como la aventura de la arquitectura modernista. Puertas a Bellas Artes, evoca cómo se cruzó un umbral continental al crear la Ciudad Universitaria de Caraca, mientras América Cruzados muestra hasta qué punto extremó el modo en que Malevich representa el horizonte en The advanced of Red Cavalry.
Imposible no mencionar la extraordinaria calidad de piezas como Espejo diagonal, 1972, o Hipnóptico, 1975, de Manolo Vellojín (1943-2013), cuyo aporte a la abstracción geométrica latinoamericana la reconecta con la pureza plástica perseguida por Piet Mondrian. La simetría en su obra es reflejo de una instigación a la búsqueda mística y filosófica. Del argentino César Paternosto (n.1931), marcado por la arqueología prehispánica tanto como por el MADI, se incluyen justamente obras que se apropian de la cuadrícula del gran maestro holandés pero al extenderla hasta el “canto de los lienzos”, como señala Matos, transforma el cuadro en objeto. Las obras de otras dos geométricos abstractos venezolanos como Mateo Manaure (n.1932) y Juvenal Ravelo (n.1932), pertenecientes a la misma generación, dialogan con fluidez entre sí y comparten un espectro con artistas más jóvenes como el brasileño Jahildo Marinho (Brasil, 1970) –fundador del museo MADI en Brasil y el colombo-venezolano William Barbosa (n. 1955) –cofundador del capítulo MADI en Venezuela. En contraste, la fricción más intensa se concentra entre las esculturas en aluminio policromático de este último artista, de índole neo-constructivista, y los acrílicos neoexpresionistas de la mexicana Emilia Sirrs (Estados Unidos, 1963). Pero esta disrupción forma parte de la intención de preguntarse por la multiplicidad de caminos de la abstracción en Latinoamérica, no menos sinuosos que en el resto del mundo.
‘Hablando de Abstracción’, Durban Segnini Gallery, 3072 SW 38 Ave. Tel. 305-774-7740. Hasta el 30 de octubre.
Adriana Herrera. Crítica de arte y curadora independiente. Cofundadora de Aluna Art Foundation. adrianaherrerat@gmail.com.
Esta historia fue publicada originalmente el 5 de agosto de 2016 a las 4:13 p. m. con el titular "Territorios y fricciones de la abstracción en Durban Segnini Gallery."