Artes y Letras

Julia Navarro, compromiso con la razón

Muchos escritores quisieran conectar con la sensibilidad de los lectores como lo hace la escritora y periodista madrileña Julia Navarro a través de sus personajes. Dispara, yo ya estoy muerto (Random House Mondadori, 2013), su quinta novela, no ha dejado indiferente a nadie. Una novela de personajes que tiene como telón de fondo el espinoso conflicto del Oriente Medio. Y es que, como escribe en el epílogo, hay momentos en la vida en los que la única manera de salvarse a uno mismo es muriendo o matando.

Resulta difícil escribir sobre este asunto tan peliagudo sin inclinarse por el bando palestino o el judío, incluso para una periodista de larga trayectoria, más de 30 años, como Julia Navarro, acostumbrada a manejar la objetividad y conocedora de la zona donde ha cubierto el conflicto como enviada especial en numerosas ocasiones.

“Cuando escribí este libro estaba preocupada porque no quería hacer una novela de buenos y malos. No quería que estuviera sesgada hacia ninguno de los dos bandos. Quería dar un paso atrás respecto a mis propias opiniones y dar voz a los personajes. Ha sido la novela más difícil que he escrito y no me quedé tranquila hasta que a las pocas semanas de salir el libro en un club de lectores en Madrid se presentó una señora judía y un señor palestino, entre más gente, y ambos me dijeron que no podían reprocharme nada. La verdad es que en ese momento suspiré aliviada”, cuenta con absoluta tranquilidad la escritora madrileña Julia Navarro. “Lo más difícil fue mantener la equidistancia. Los lectores acaban empatizando con ambas comunidades y terminan entendiendo mejor el problema del Oriente Medio”, añade.

La novela arranca a finales del siglo XIX, durante la última etapa zarista con los terribles pogromos o matanzas contra judíos y finaliza en 1948 con la creación del estado de Israel, pasando por la I y II Guerra Mundial. A pesar de los numerosos hitos históricos Dispara, yo ya estoy muerto no es una novela histórica, es una novela de personajes donde lo más importante es todo lo que sucede a los personajes.

“Es verdad que a veces a través de las pequeñas historias terminas teniendo una visión global de lo que es la gran historia. Es una novela de pequeñas historias con las grandes pasiones que anidan en los seres humanos desde el principio de los tiempos: el amor, el odio, la ambición, la generosidad, el sacrificio, el rencor. Todo aflora en grandes dosis o pequeñas dependiendo del personaje y de cada momento”, explica.

Dos sagas familiares, una judía y otra árabe, que luchan por sobreponerse a su destino. Las vidas de los Zucker y los Ziad se entrecruzan con “los mismos conflictos que cualquier persona porque todos tenemos que enfrentarnos a la vida y a las circunstancias que nos ha tocado vivir, e intentar cambiar esas circunstancias. Y sin embargo, es una novela que tiene un mensaje de esperanza, de dialogo y de amistad”, apunta.

Julia Navarro, que lleva escribiendo novelas 10 años, ha querido potenciar el gran valor del diálogo y la auténtica amistad con sus encuentros y desencuentros porque “vivimos en una sociedad en la que nos escuchamos muy poco los unos a los otros, en la que todo el mundo tiene certezas. Quizás según me voy haciendo mayor tengo más dudas. Entonces eso quizás se refleja también en mis libros. Cuando era joven tenía más certezas. Ahora ya no tengo tantas, veo las cosas con sus grises. Hay que intentar hacer el esfuerzo de ponernos en los zapatos del otro”, insiste.

La periodista y escritora madrileña opina que “la comunidad judía y palestina tienen que hacer ese esfuerzo porque son dos comunidades que viven de espaldas, estando cerca y compartiendo el mismo trozo de tierra. Se trata no de que se hagan amigos y se vayan a tomar café juntos, pero sí de que sean capaces de compartir pacíficamente lo que ya están compartiendo de forma violenta”.

Dispara, yo ya estoy muerto es una novela llena de dolor. Navarro quedó exhausta. “Es la novela más difícil y compleja, la que más me ha costado escribir”, confiesa. “No me he quedado triste porque estoy convencida, después de viajar tantos años por aquella zona, que están irremediablemente condenados a entenderse porque ambos están allí e Israel no va a desaparecer, pero los palestinos tampoco. Espero que algún día tengan dirigentes que estén a la altura de sus pueblos y capaces de llegar a un acuerdo”.

Navarro, que ha vendido millones de ejemplares en más de 30 idiomas, ha pasado del thriller a la novela de personajes sin apenas darse cuenta. “Cada novela ha sido fruto de un momento. Intento que en todas mis novelas haya momentos para la reflexión, salvo en la primera (La hermandad de la sábana santa, 2004), que era un thriller. “La biblia de barro (2005) es una reflexión sobre el negocio de la guerra, sobre como la guerra enriquece a algunos sin importarles que esa riqueza esté basada en el dolor, la destrucción y la muerte”, comenta.

La sangre de los inocentes (2007) es una novela que reflexiona sobre el fanatismo religioso. Confiesa que “a mí me impacto muchísimo la voladura de las torres gemelas de Nueva York y 15M, la voladura de los trenes de Atocha. Era una reflexión sobre hasta dónde llega el fanatismo, hasta dónde un fanático es capaz de llegar”.

La novela más personal de Julia Navarro es Dime quién soy (2010), que arranca en la Guerra Civil Española. “Era un recorrido por esa Europa de entreguerras, de la II Guerra Mundial donde todo se trastoca y donde todos los valores de repente quedan suspendidos. Es importante recordar para que a nadie se le olvide, lo que significó el holocausto, la página más negra de la historia de la humanidad. La barbaridad más grande que se ha cometido”, invita a recapacitar.

Y Dispara, yo ya estoy muerto es una reflexión de fondo sobre la lucha del hombre contra las circunstancias. “Algunos lectores me han dicho que el capítulo de Auschwitz es el que más les han encogido el corazón. Algunos han tenido que parar dos o tres días antes de continuar leyendo la novela. Yo nunca les quito un ápice a mis lectores de que lo pasen mal. Cuando tengo que contar o describir algo lo hago con minuciosidad”.

Tras tres años escribiendo las casi mil palabras de Dispara, yo ya estoy muerto, Julia Navarro, quien se considera una periodista que escribe novelas, afirma que es más difícil mirar con los ojos de los personajes que con los de la periodista porque “te tienes que poner en la piel de los personajes, sentir como ellos, encontrar los porqués de esos personajes. Lo más difícil es ponerte en las razones y sinrazones de los personajes”. Navarro viaja con frecuencia a todos los escenarios de sus personajes.

Muchos lectores se preguntan cuándo podrán ver las intensas y conmovedoras novelas de Julia Navarro en la pequeña o gran pantalla. “A mí me encantaría encontrar financiación para que mis libros se llevaran al cine o a la televisión, pero siempre y cuando se hiciera bien. De todas maneras cuando escribo pienso en contar una novela, no estoy pensando en si se llevará o no al cine”, concluye.

Twitter: @IsabelOlmos

Esta historia fue publicada originalmente el 14 de febrero de 2015, 7:00 a. m. with the headline "Julia Navarro, compromiso con la razón."

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