Derrota de Rusia en su propio y largo juego
Para cualquiera en busca de una comprensión más profunda de cómo lidiar con el presidente de Rusia Vladimir V. Putin y el Kremlin a medida que se intensifican las negociaciones en torno a Ucrania, Franz J. Sedelmayer tiene algunos consejos.
Las tácticas de Rusia “siempre son las mismas: prolongar las cosas tanto que todos se rinden”, dijo Sedelmayer, consultor alemán de seguridad y empresario, mientras comía sopa de hígado de Baviera y cerdo en Múnich, su ciudad natal, donde dirigentes occidentales dieron por terminada una conferencia de seguridad el domingo 8. El resultado fue opiniones divididas en cuanto a cómo demorar la agresión rusa en Ucrania.
“No puedes ceder”, agregó. “Rusia solo respeta el lenguaje de la fuerza. Nada más funciona”.
Sedelmayer, de 51 años de edad, habla por experiencia. Ha conocido a Putin, de 62 años, desde que el presidente ruso era un oscuro burócrata en San Petersburgo en los años 1990, cuando el Kremlin decomisó en esa ciudad las oficinas recién renovadas de una empresa de seguridad dirigida por Sedelmayer.
Actualmente, Sedelmayer es el más inusual de los victoriosos en contra de tácticas intimidatorias del Kremlin, habiendo arrebatado en fecha reciente millones de dólares en una compensación tras una lucha legal de 20 años que, dijo, estuvo repleta de cargos fabricados de evasión fiscal, veladas amenazas y repetidas advertencias de que diera marcha atrás.
“Creo que esta es la primera vez que los rusos han sido obligados a pagarle a un querellante particular”, dijo Sedelmayer, saboreando su éxito por extraerle a Rusia más del doble de compensación que él buscó en los 1990, cuando su lucha empezó.
La tenaz batalla de Moscú, a fin de cuentas muy costosa para evitar doblegarse a un solitario pero persistente empresario alemán –detallada en numerosos documentos de la corte–, demuestra el grado hasta el cual el Kremlin irá en pos de una estrategia, incluso a todas luces contraproducente, en nombre de la defensa de sus intereses nacionales.
De cualquier forma, después de pelear alrededor de 140 casos diferentes con Rusia desde 1996, Sedelmayer cree que, a largo plazo, la presión sostenida puede funcionar en contra del Kremlin.
El y Putin mantuvieron relaciones amigables en sus días de San Petersburgo. Bajo un arreglo mediado por Putin, la ahora extinta empresa de seguridad de Sedelmayer, SGC International, pertrechó y ayudó a entrenar a un equipo SWAT para la sucursal de San Petersburgo de la KGB postsoviética. En el cumpleaños 42 de Putin en 1994, los alemanes incluso le enviaron, como broma, un regalo de cuatro aparatos de escucha electrónica, y recibieron una nota de vuelta expresando agradecimiento “de un profesional a otro”.
Pero en diciembre de 1994, el Kremlin emitió un decreto que ordenaba a Sedelmayer la entrega de las oficinas de su empresa en Kameny Ostrov, isla en San Petersburgo, para la cual tenía un arrendamiento de 25 años.
Tras el decreto, Putin, en esa época el vicealcalde de la ciudad, prometió hacer lo que pudiera para suavizar el conflicto, pero no dejó dudas de que su lealtad máxima era con el estado ruso y las oportunidades que ofrecía para el propio progreso de su carrera, dijo el empresario.
“Me dijo: ‘No puedo ir en contra del gobierno ruso. Aún quiero hacer una carrera en Rusia’ ”, recordó Sedelmayer.
La postura de Putin rindió frutos abundantes. Pavel P. Borodin, el director del departamento de propiedades del presidente Boris N. Yeltsin y la fuerza motora detrás de la expropiación, contrató a Putin en 1996 para ayudar en la administración de un vasto portafolio de activos, incluyendo el complejo decomisado a Sedelmayer, que fue convertido en una casa de huéspedes del estado.
En la época en que obtuvo el trabajo, Putin estaba desempleado, luego de haber dejado el gobierno de la ciudad tras elecciones que desbancaron a su jefe, el alcalde Anatoly A. Sobchak, y parecía listo para perderse en el olvido. Más bien, Borodin puso la carrera de Putin en vía rápida hacia el Kremlin.
Putin no ha comentado en público sobre el caso, uno entre las docenas que involucran a inversionistas extranjeros que fueron plantados y quienes han acudido a tribunales desde el colapso de la Unión Soviética en 1991, para intentar recibir una compensación por tratos que salieron mal.
Sin embargo, él ya despidió discretamente a dos oficiales involucrados en el manejo de los reclamos de Sedelmayer, incluido el jefe del departamento de propiedades presidenciales, Vladimir Kozhin, quien fue despedido el año pasado. Otro fue despedido y puesto bajo investigación.
En una respuesta por escrito a preguntas, Viktor Jrekov, el portavoz del departamento de propiedades, dijo que él no podía comentar sobre si el reacomodo estaba relacionado con el caso de Sedelmayer. Reconoció que el empresario alemán “había logrado que sus demandas fueran satisfechas parcialmente”, pero agregó que Rusia “había considerado y sigue considerando que las acciones de F. Sedelmayer fueron ilegales” y seguiría peleando en contra de su “chantaje judicial”.
Desde el principio, dijo Sedelmayer, él intentó arbitrar y negociar. Rechazado en sus demandas de compensación, llevó el caso ante tribunales a lo largo de Europa. A su vez, Rusia opuso una feroz resistencia, demuestran procedimientos de la corte.
Hicieron falta casi dos décadas, pero debido a eso, en vez de obtener $2.3 millones de Rusia en conformidad con un fallo de 1998 a su favor por parte de un panel de arbitraje de Estocolmo, Sedelmayer ha recibido alrededor de $6.8 millones. Moscú accedió al arbitraje bajo un tratado de inversión de 1989 entre la Unión Soviética y Alemania Occidental que obligaba a una compensación por activos expropiados. El dinero, que incluye $2.3 millones pagados en diciembre, vino de la venta de seis edificios pertenecientes a Rusia en Colonia, Alemania, que una corte ordenó que fueran puestos en subasta para cubrir la concesión de Estocolmo, aunado a onerosos intereses, los cuales Moscú se había negado a pagar durante años.
Sedelmayer, quien ahora dirige una empresa de recuperación de activos que asesora a clientes sobre cómo resolver disputas legales, también obligó a la venta de un edificio de la misión rusa de comercio en Suecia, por $1.5 millones, pero Moscú entabló una queja alegando que dicha venta violaba el derecho internacional, demorando la distribución de una parte de las ganancias a Sedelmayer.
“No tiene sentido alguno, pero ellos sencillamente no se rinden, incluso si solo les hace más daño”, destacó Sedelmayer, refiriéndose a una andanada de contrademandas de Moscú en un esfuerzo por revertir sus pérdidas.
Sedelmayer dijo que aún tenía debilidad por el Putin que creía conocer a comienzos de los 1990: un burócrata escrupuloso y limpio que no pedía sobornos.
Esta historia fue publicada originalmente el 14 de febrero de 2015, 11:00 a. m. with the headline "Derrota de Rusia en su propio y largo juego."