El carnaval, más que máscaras y disfraces
Hay una conga que se canta en inglés y que viene de la tradición cubana del carnaval. Es la que se inventó en el seno del Miami Sound Machine, con Emilio y Gloria Estefan y que le dio la vuelta al mundo. Emilio le atribuyó a Gloria, que se crió mayormente en Miami, la idea de recordar la conga, en un viaje de Holanda al Reino Unido y la banda se puso a cantar: “Come on everybody, baby, do the conga…”, con “tumba’o” y un toque de rhythm and blues.
La conga era para el carnaval en Cuba lo que la samba es para el carnaval de Río de Janeiro, el mayor del mundo, o lo es la murga, una agrupación musical, para el carnaval de Santa Cruz de Tenerife en las Islas Canarias, el segundo en importancia.
Y este fin de semana del carnaval, todo Brasil estará en ebullición. En Estados Unidos se celebra mayormente en Nueva Orleans, llamado “Mardi Gras” por su tradición criolla francesa. Pero el carnaval es una celebración de todo el Occidente, que en Venecia tiene su mejor representante continental. Su sentido global tiene relación con el catolicismo, porque se considera de carnaval el martes anterior al comienzo de la cuaresma que comienza el miércoles 18 de febrero hasta el 29 de marzo en el 2015, un periodo del año litúrgico de la Iglesia.
“Mardi Gras” precisamente quiere decir en francés martes de las grasas, de la comida, del hartazgo. En general, significa el cambio de estatus, de posición, de ventajas sociales y hasta de género. Ya que pueden los hombres disfrazarse de mujer y viceversa. Los sirvientes hacer de señores. Los reyes ser representados por un rey bufo: el Rey Momo, originalmente el hijo del caos.
Desde la Edad Media se celebraba esta fiesta. Hay una égloga de Juan del Enzina, la V, que se refiere a este día entre los campesinos que hablaban un idioma cómico, el sayagués. Las églogas eran obritas de teatro que se representaban frente a las iglesias y en este caso se tendría que representar en “la noche postrera de Carnal que dicen de Antruejo o Carnestolendas”, según la introducción. Entre los campesinos hablan de los gallos y gallinas, los puerros y las sardinas, antes de que llegue “la larga temporada de la cuaresma”, porque son 40 días de ayuno. Es una farsa graciosa, en la que los campesinos hablan de los señores y sus guerras de modo lloroso, como si fueran copartícipes. (Eglogas de Juan del Enzina, edición Humberto López-Morales, Las Americas Publishing Company, Nueva York, 1963).
En América, una fiesta con los esclavos negros en Cuba a los que se les daba libertad para reunirse con su cabildo, la gente de su misma región en Africa, es un anticipo de los carnavales posteriores de La Habana y Santiago. Allí se formaba la comparsa o conga, con una coreografía distintiva y un toque de tambor. El modo en que se vestían era lo mismo que se hace siempre en los carnavales, al mofarse de los señores los esclavos gastaban levita y sombrero de copa, por ejemplo. En La Habana de los años 1950 “los Dandys” heredaron ese estilo, con las participantes en la comparsa vestidas de trajes de satín azul en el medio del Prado y los hombres de frac. Entre las cintas en que se puede ver el carnaval de La Habana se encuentra Carnaval de los cineastas cubanos Fausto Canel y Joe Massot en Youtube: https://www.youtube.com/ watch?v=VDAc ZOZO-jQ
El carnaval de Barranquilla en Colombia, que ha sido declarado patrimonio intangible de la humanidad por la UNESCO, fue fotografiado en el libro Labradores de sueños, por Gisela Savdie. Ella explicó que lo que recuerda de esas fiestas es que eran periodos de licencia para hacer lo que se quisiera, sin pensarse en las consecuencias. En el momento que presentó el libro dijo: “Durante el Carnaval la máscara se convierte en un instrumento que deja salir el verdadero yo, oculto bajo los telones de la vida cotidiana. Las convenciones y las jerarquías desaparecen, y todo está permitido”. A la vez mostraba las máscaras y disfraces asombrosos en sus fotos.
Pero las máscaras no son solamente para el carnaval, en las revoluciones también hay disfraces. En Cuba, la máscara fue la barba, y se les llamó “los barbudos”, que aún se recuerdan por la barba que mantiene el propio Fidel. Y no hay que olvidarse que también usaron otro disfraz sobre el pecho, las cruces cristianas. En las revueltas sociales se quiere siempre dar la idea de comunicación con el pueblo en la vestimenta. El siglo XXI se ha proyectado hasta ahora con muchas ideas de cambio social. Un ensayo de Miguel de Ferdinandy, Carnaval y revolución, de 1977, explica que el carnaval se parece a la idea de la revolución, que comienza como anarquía, porque es una liberación de los frenos de la sociedad. Los “muchachos” de Lenin, dijo, se adornaban con bandas, cintas, escarapelas e insignias. Eran el nuevo ejército del furor a principios del siglo XX.
Un personaje del carnaval que se identifica por su máscara y disfraz es el Arlequín de la “commedia dell’arte”, de personalidad camaleónica y diablesca. Deriva su nombre de una costumbre religiosa nada católica, según algunos, es el resultado del nombre Hellekin, reflejo demoníaco del dios padre de la mitología escandinava Odín. Es también un diablo mayor en los “misterios” medievales franceses. Se puede ver también como un símbolo de que en tiempos de carnaval habrá que tener cuidado, porque el diablo anda suelto.
olconnor@bellsouth.net
Esta historia fue publicada originalmente el 14 de febrero de 2015, 11:00 a. m. with the headline "El carnaval, más que máscaras y disfraces."