El ciclón en el jardín, lo bueno y lo malo
Aunque afortunadamente el huracán Mathew no pasó por Miami, sus vientos, a pesar de encontrarse a unas 100 millas, sí causaron algunos daños al mundo vegetal. Árboles caídos, ramas rotas y un gran reguero de pencas de palma y de cocos por todas partes.
Si uno toma en cuenta la temporada ciclónica y se prepara, la llegada de un ciclón no tiene por qué preocuparnos demasiado, ni siquiera en el jardín. Por eso aconsejo siempre la poda sabia que permita el paso del viento entre las ramas de los árboles coposos y no deja nunca que estos crezcan demasiado, sobre todo, si se encuentran muy cerca de la casa. Las enredaderas también deben estar bajo control.
Aunque la sombra de los árboles es un gran ahorro de electricidad en el verano, todo depende. El aguacate o el flamboyán son muy quebradizos, por ejemplo, y un ciclón categoría 2 o 3 ya pueden partirle sus ramas. Los robles y los mangos son más resistentes. No se deben sembrar árboles de raíces superficiales como los laureles (ficus) o el paraíso cerca de la casa o las aceras, pues al caer levantan el piso como si nada. También las pencas de palma salen volando, incluso con vientos fuertes de cualquier fin de semana, por lo que se deben mantener siempre limpias.
En cuanto se hace oficial un alerta de huracán, aunque sea débil, se debe quitar todo lo que cuelgue de los árboles, como los cestos de plantas, helechos u orquídeas. También acostar las plantas en macetas, porque si las tumba el viento se daña la planta y hasta puede romperse la maceta.
No queremos que un ciclón pase, sin embargo, como dice el refrán: “No hay mal que por bien no venga”; los ciclones tienen también su lado positivo. El primero es que limpian la atmósfera, que en algunos lugares puede estar muy contaminada. La lluvia que traen, sobrecargada de nitrógeno, es ideal para el reino vegetal, y por último, son más efectivos contra las moscas y mosquitos que las peligrosas fumigaciones.
Es cierto que el ciclón tiene aspectos muy negativos, especialmente en el mundo humano, donde hasta se producen muertes y derrumbes. En el mundo de la naturaleza pueden desenraizar plantas, destruir el hábitat de aves y otros animales, pero a la vez eliminan el exceso de insectos, aunque entre éstos puedan encontrarse los beneficiosos como las abejas, las mariposas y otros.
Lo primero que debemos hacer una vez pasado el huracán o la tormenta es pasar revista a todo el jardín o el patio, sobre todo, si se ha inundado. Mirar con cuidado el suelo, los rincones, los setos, pues en cualquier lugar podemos descubrir un nido de aves que se ha caído, una orquídea o cualquier planta epifita que “el viento se llevó”. También las ráfagas fuertes desorganizan y quiebran las enredaderas, fíjese en esto. A veces la diferencia entre la vida y la muerte de una planta es el ser rescatada a tiempo.
Con las ventoleras, las plantas pueden salirse del tiesto o caer en algún depósito de agua donde podrían podrirse en corto plazo. También la limpieza del jardín le permitirá detectar si algún animal peligroso ha venido a refugiarse en este. No se asuste demasiado con zarigüeyas o mapaches, que no son tan agresivos y pueden ser domesticados, pero en los ciclones a veces a alguien se le escapa una serpiente o un perro no amistoso.
Esta vez salimos con suerte, pero recuerde que la temporada ciclónica no termina hasta el 30 de noviembre, sin contar que en diciembre hemos tenido tempestades e inundaciones. Tenga presente siempre la poda y limpieza de su jardín, de manera que si se da un aviso de huracán, no sea demasiado el trabajo. “Guerra avisada, no mata soldado”.
Esta historia fue publicada originalmente el 13 de octubre de 2016, 5:13 p. m. with the headline "El ciclón en el jardín, lo bueno y lo malo."