Noviembre y su ‘hora exquisita’
Muchos piensan que en Miami no hay estaciones, que todo es un eterno verano. Sin embargo, al ojo del jardinero, el paso del tiempo se desvela según las hojas cambian su color y las horas de sol se acortan.
Aunque la temperatura no se altere demasiado, el que los días sean más breves y disminuya el promedio de lluvias tiene siempre su efecto en las plantas, las cuales obedecen al apenas perceptible otoño. El buen observador puede notar el desacostumbrado amarillear de las pencas de palma, el cambio a morado de las hojas del almendro, y sobre todo, la profusión de flores de otoño, lo que le da al paisaje miamense la apariencia de una fresca primavera.
Las ubicuas buganvilias ofrecen su mejor espectáculo, pero compiten con ellas los no menos populares marpacíficos (hibiscos) y el plumbago, que los cubanos llamamos “embeleso”. También las enredaderas, como el coralillo o las alemandas, se disputan la atención de insectos y transeúntes. Pero los que ganan la competencia son los árboles floridos, distintivos de la época. Las cassias, que atraen a las pocas mariposas y abejas que nos quedan; las bauhinias, conocidas como “árbol de la orquídea” por el mimetismo de sus flores; la plumeria o frangipani y las calliandras, conocidas en inglés como Powder puff (motera), por la forma curiosa de sus flores. Las hay pequeñas y enormes y de muchos colores, para todos los gustos. Aunque sin duda la reina es la Ceiba speciosa, conocida como “Arbol de la seda”. Hay algunas enormes en la ciudad, que en estos días detienen el tránsito, literalmente. La más famosa está en la calle 40, en el coral Gables High School; pero también puede ir a verlas al Fairchild Garden que este fin de semana tiene su Ramble.
También los olores invaden las barriadas en que los habitantes se preocupan por sus jardines. El galán de noche, los jazmines, las gardenias…, comienzan a embalsamar el ambiente. El desfile de perfumes se puede prolongar hasta la Navidad, pero ya desde los primeros días de noviembre, en esa “hora exquisita” del anochecer, de la que habla Verlaine en su famoso poema, deliciosamente convertido en canción por el compositor venezolano Reynaldo Hahn, se pueden sentir los aromas de la cubanela y la rondeletia.
Aproveche estos días maravillosos en que aún no ha bajado ningún “norte” serio, y cuando ya la amenaza ciclónica va tocando a su fin para las labores sencillas en el jardín. Es el momento de hacer un alto en el camino, remodelar alguna zona de su patio, volverla más acogedora con una orquídea o un jazmín; abonar las “Flores de Pascua”, los bulbos… o quizá comprar por correo un nuevo amarilis, para regalar a alguien, cuando ya esté en flor, por Navidad o Reyes.
Aproveche “la hora exquisita”, en la rápida caída de la tarde, cuando podemos sentarnos, solos o acompañados, en el banco más apartado del patio o del jardín y dejar vagar la memoria o la imaginación hacia ese punto donde hemos sido o seremos felices; hacia ese punto perfecto del clima –sin fríos, calores ni ciclones– que puede ser noviembre, con sol suave, bellos colores y embriagantes perfumes. “¡Oh, la hora exquisita!”
daniel.dfernandez,fernandez@gmail.com
El ‘Ramble’ del Fairchild Tropical Botanic Garden, 10901 Old Cutler Road, Coral Gables, será desde el 11 al 13 en los horarios normales del jardín. Este festival, en su edición número 76, incluye venta de plantas y todo lo necesario para el jardín, música, comidas, actividades infantiles, conferencias y mucho más. Entradas: $25, ‘seniors’ $18, jóvenes $12, niños menores de 5 y miembros, gratis. Info: (305) 667-1651 y fairchildgarden.org
Esta historia fue publicada originalmente el 11 de noviembre de 2016, 11:51 a. m. with the headline "Noviembre y su ‘hora exquisita’."