Niña quemada necesita prótesis y computadora
Sin dedos en las manos, Samantha González, de 3 años, intentaba pasar las páginas de un álbum de fotos de la familia.
La alegre niña movía los brazos y reía al reconocer a su hermano menor y su padre en las fotos. Entonces llamó a su abuela para que la ayudara a pasar las páginas.
“¿Quién es esa, mi cariño?”, le preguntó la abuela, Caridad Fernández, quien se inclinó y la besó en la frente.
“¡Esa soy yo!”, respondió la niña desde su silla de ruedas rosada, con unos grandes ojos llenos de felicidad. “¡Estoy bailando!”
En septiembre del 2015, Samantha resultó severamente quemada cuando una olla de presión explotó mientras su abuela la bañaba en el fregadero de la cocina. La niña sufrió quemaduras de segundo y tercer grado en 60 por ciento de su cuerpo y fue trasladada de inmediato al Centro de Quemados de la Universidad de Miami/Hospital Jackson Memorial, donde estuvo ingresada 215 días.
“Es algo con lo que tengo que luchar todos los días. Mirarla me rompe el corazón”, dijo Fernández de su nieta, que tiene el cuerpo cubierto de gruesas cicatrices.
“Debido a mi propia discapacidad no puedo inclinarme y bañar normalmente [a mis nietos]. Por eso lo hice en el fregadero, donde puedo estar de pie... Tengo un peso muy grande en el corazón”.
A Samantha le hicieron varias operaciones de emergencia e injertos de piel, pero la situación era tan grave que los médicos tuvieron que amputarle la pierna derecha, dedos de las manos y del pie izquierdo.
“Para los enfermeros fue muy difícil. Cuando llegó no estábamos seguros de qué calidad de vida tendría, o si se salvaría”, dijo Doreann DeArmas, enfermera de primer grado del Centro de Quemados del Jackson.
“Lo desafortunado con Samantha fue que desarrolló una infección fúngica cuando llegó. Por eso hubo que darle una dosis elevada de un medicamento que obliga a la sangre a ir a los órganos vitales, lo que terminó por afectar la circulación a los miembros y hubo que hacer la amputación”, dijo DeArmas.
“Ha tenido altas y bajas, pero esta niña es la más fuerte que conozco”, agregó DeArmas. “La familia vive cerca de mi casa, así que puedo ir a verla. Ella es muy fuerte, eso es lo que nos hizo unirnos tanto. Y adora a su abuela”.
Fernández dijo que criar a Samantha es “una bendición. No cambiaría eso por nada en el mundo”.
“Ver que Samantha me llame, me pida que la abrace y la bese, ver que la cara se le ilumina cuando me ve, eso me asombra todos los días, y me da fuerzas para seguir adelante”, dijo Fernández.
El 15 de septiembre del 2015, Fernández estaba preparando comida cubana para su hijo y dos nietos.
“Entonces Samantha me dijo que quería que le hiciera una sopa de pollo”, contó Fernández. “Así que, naturalmente, empecé a hacérsela. Es su favorita”.
Cuando estaba a medio hacer, la familia decidió ir al parque. Fernández apagó la olla de presión y fue caminando al parque cercano. Dos horas después, regresaron y decidió bañar a los niños. Primero le tocó al hermano menor de Samantha. Después fue ella.
“Encendí la hornilla y seguí cocinando mientras preparaba a Samantha para el baño. En una fracción de segundo la olla explotó junto a ella”, contó Fernández.
Samantha todavía recibe terapia física y ocupacional varias veces a la semana en el Broward Health Medical Center, a pocos minutos de camino de donde vive en Fort Lauderdale.
El personal del hospital dice que es una niña “viva, fuerte y valiente” a pesar de los serios retos que enfrenta.
“Ella es un personaje”, dijo Kim White, su terapeuta física. “Está llena de vida y te dice cuando le gusta algo o no. Samantha ha comenzado a moverse un poco más, tiene más confianza, lo que la hace más fuerte, todas esas cosas juntas hace que funcione mejor”.
White dijo que la meta principal ahora es que Samantha pueda moverse por sí misma y sea independiente.
“Queremos que se mueva tanto como sea posible. Si la cargamos, entonces no hace los ejercicios que debe hacer”, dijo White. “Una vez que pierda el temor a hacer cosas, las hará”.
Beth Sirois, terapista ocupaciones que trabaja con White, dijo que Samantha mejora con cada sesión.
“Está usando mejor las manos, se alimenta con más facilidad, sube los brazos por encima de la cabeza. Estamos tratando de use las manos para las tareas del diario. Samantha tiene mucho potencial. Si tiene la asistencia que necesita, lo logrará”.
Los médicos dicen que en el futuro le hará falta una pierna prostética. Su abuela dice que necesita algo que le dé más felicidad a su nieta.
“El sueño de Samantha es caminar un día”, dijo Fernández. “Sus otros sueños son tener una computadora en la que pueda jugar. Hay que ver la cara que pone cuando entramos a lasa tiendas. Rompe el corazón no tener el dinero para comprarle lo que quiere”.
“Ella tiene que tener una gran misión en la vida”, dijo. “Durante todo el tiempo que pasó en el hospital vi a varios niños morir. ¿Por qué? Samantha tiene que estar viva por una razón muy grande”.
Monique O. Madan: 305-376-2108, @MoniqueOMadan
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Esta historia fue publicada originalmente el 7 de diciembre de 2016, 3:26 p. m. with the headline "Niña quemada necesita prótesis y computadora."