Galería 305

‘Esta ha sido la época más dura’, para la familia González

La familia González, el padre, Ricardo con los hijos Andy, Javier, y Tony, y su pareja, Arlin Pérez, en su casa en West Miami.
La familia González, el padre, Ricardo con los hijos Andy, Javier, y Tony, y su pareja, Arlin Pérez, en su casa en West Miami. ctrainor@miamiherald.com

Ricardo Javier González, un modesto jardinero de West Miami, se entusiasma casi como un niño cuando habla de sus tres hijos. Las fotos de ellos cubren una pared en su casa, y ocupan un espacio considerable en la galería de fotos de su teléfono.

Está Tony, de 3 años, jugando a ser papá, blandiendo una cortadora de yerba casi tres veces más grande que él. Y Andy, de 5 años, detrás del timón del Nissan Quest de la familia (estacionado), con gafas de sol y un martillo de juguete en la mano. Y además está Javi, de 9 años, sonriendo a la cámara desde una balsa flotante en la piscina.

“Míralo”, dice. “Es un niño hermoso”.

Cumple un deseo. Haz la diferencia.

Cómo ayudar: WishBook está tratando de ayudar a esta familia y a cientos de personas con necesidades este año. Para donar, puede hacerlo de manera segura en: MiamiHerald.com/wishbook.

Javi es un niño alegre con grandes ojos pardos y cabello lacio peinado como el del papá: la raya al costado con mucho gel es el estilo de los González. El no puede caminar o hablar, pero lo mira todo con curiosidad y aplaude a menudo.

Al nacer, a Javi se le diagnosticó parálisis cerebral, una condición que afecta el movimiento y causa retraso en el desarrollo. Los primeros tres años de su vida fueron marcados por la inestabilidad después de que sus padres se separaran. Su madre, quien tiene un considerable expediente criminal, se mudaba de un lado a otro, alimentó a Javi solamente de PediaSure durante tres años y se lo dejaba al padre a cualquier hora, casi siempre con olor a humo, dijo González.

Luego, a fines del 2010, González y su pareja, Arlin Pérez, consiguieron la tutela única de Javi en un esfuerzo por darle una vida estable con oportunidades de mejoría.

No estamos pidiéndolo porque queramos renovar la casa. Estamos pidiéndolo porque lo necesitamos

Arlin Pérez

mamá de Javi González

“Yo pensaba fundar mi familia aquí, pero me equivoqué con esa mujer”, dijo González, quien vino a vivir a Miami procedente de Argentina en 1999. “Y conocí a Arlin, con quien tengo dos hijos”.

Pérez lo interrumpió. “Bueno”, dijo ella, “tenemos tres”.

Cuando terminó la batalla por la tutela de Javi –Pérez recuerda la fecha exacta: el 20 de diciembre del 2010– ella dejó el trabajo y se dedicó al cuidado de Javi, una labor que requiere consultas médicas semanales, un horario regimentado de alimentación y medicinas, y horas de fisioterapia.

“La mamá es una mujer muy dispuesta”, dijo Rosío de la Grana, coordinadora de apoyo de la familia González en la Red de Activismo por Discapacidades (Advocacy Network on Disabilities). “Ella de verdad hace todo lo que está a su alcance por su familia y por su hijo Javier”.

Y lo mismo hace el papá: González tiene una empresa de jardinería, y un grupo estable de unas 30 casas que ayuda a mantener. Pero las exigencias de la condición de Javi lo obligan a cancelar sus asignaciones a menudo para ayudar a Pérez a llevar a Javi al médico, buscar a los chicos en la escuela, y, últimamente, incluso ayudar a Javi, que pesa ahora 60 libras, a entrar y salir de la ducha. El ha perdido clientes por eso, afirmó.

Para ser realistas, la lista de deseos de los González podría tener una milla de largo.

Ellos viven de cobro a cobro. Cancelaron el cable e instalaron un satélite para ahorrar dinero, pero lo que miran más a menudo es la pantalla paralizada mientras el video se carga en búfer ¡Pero ahorramos dinero!”, comenta Pérez. La familia no podía permitirse un nuevo árbol de Navidad este año, así que la hermana de Pérez intervino y les compró uno. Los adornos son bastoncitos de caramelo. Tony hizo un hoyo en la pared de la sala un día mientras jugaba, pero ellos no han buscado estimados de precios para repararlo porque saben que no pueden permitírselo.

Pero ellos no pedirían nada de eso. El deseo número uno en su lista es renovar el único baño de la casa, lo cual les permitiría reemplazar la bañera con una ducha. Esto le haría más fácil a Pérez meter y sacar a Javi para bañarlo y dejaría libre a González, por lo menos un poco más, para concentrarse en su trabajo, que es la única fuente de ingresos de la familia. A ellos también les gustaría tener juguetes para los niños en Navidad.

“No estamos pidiéndolo porque queramos renovar la casa”, dijo Pérez. “Estamos pidiéndolo porque lo necesitamos”.

“Necesitar” es una palabra que ellos usan con mucho cuidado, pero que han tenido que usar más en los últimos tiempos.

El año pasado, ladrones forzaron el Chevy blanco de 1998 de González y le robaron la mayor parte de sus equipos. Necesita reemplazarlos, o perdería lo único que mantiene a su familia a flote. Tuvieron que gastar unos $1,700 para comprar una cortadora de césped usada, una sierra eléctrica, una desmalezadora y un soplador de hojas en un pulguero de Opa-locka. La puerta de la derecha del van está todavía chirriante porque fue forzada, y no cierra del todo.

Y de pronto, en julio, a Rusty, el golden retriever de la familia, que tenía 9 años, se le diagnosticó cáncer nasal. Gastaron $1,500 tratando de salvarlo, pero al final tuvieron que ponerlo a dormir. Los ojos de González todavía se llenan de lágrimas cuando habla del tema. Los niños no lo saben, dijo Pérez. Les dijeron que Rusty se había ido a vivir con la mamá.

“Esta ha sido la época más dura que hemos tenido”, dijo González. “Trabajo y trabajo y trabajo, y no le veo salida a esto”.

Cada dólar se administra cuidadosamente.

“Todo lo que hacemos es para la casa y para los chicos”, dijo González. “Quiero tratar de hacer que los chicos no sepan cuál es nuestra situación. Quisiera que siempre estuvieran felices”.

En la tarde de un viernes reciente, eso fue lo que estaban haciendo.

Tony y Andy estaban sacando todos los juguetes que tienen para ser como su papá, incluyendo una sierra de cadena, una llave inglesa y un martillo plásticos. Javi estaba en su silla de ruedas –la cual tiene su nombre, Javier, cosido al espaldar con hilo azul– sonriendo de vez en cuando y durmiéndose después de un largo día de fisioterapia.

Su papá lo llevó al angosto baño de azulejos beige junto al comedor para demostrar lo difícil que es cargarlo, meterlo en la bañera y sentarlo en su silla de bañarse. Es aún más difícil cuando está mojado, afirmó.

Javi llevaba puestos un par de tenis Nike, de color azul marino, comprados en Ross por el precio de ganga de $20. Cada uno de los chicos recibió dos pares. Antes de eso, cada uno de ellos tenía un solo par de zapatos.

Otra necesidad.

Wish Book trata de ayudar a cientos de familias necesitadas este año. Para donar, pague de manera segura en MiamiHerald.com/wishbook. Para hacerlo con el teléfono móvil, envíe un texto con el mensaje WISH a 41444. Para información, llame a 305-376-2906 o envíe email a wishbook @MiamiHerald.com. (Los artículos más solicitados: computadoras portátiles y tablets para uso escolar, muebles y furgonetas o vans accessibles.) Lea más en MiamiHerald.com/wishbook

Esta historia fue publicada originalmente el 16 de diciembre de 2016, 7:05 p. m. with the headline "‘Esta ha sido la época más dura’, para la familia González."

Reciba acceso digital ilimitado
#TuNoticiaLocal

Pruebe 1 mes por $1

RECLAME SU OFERTA