Ecuatoriana viuda necesita ayuda monetaria para sus hijos
Cuando se mudó de Ecuador a Miami hace casi una década, la vida de Jacqueline Martillo era confortable.
Su esposo, de profesión joyero, adoraba a sus dos hijos pequeños, y lo demostraba comprándoles juguetes, juegos de video y llevándolos a comer con frecuencia a restaurantes de comida rápida. Ella permanecía en casa cuidando de los niños, en un cómodo apartamento con vista a un lago en el área del Northwest de Miami-Dade.
Entonces, en noviembre del 2015, su esposo murió inesperadamente de una enfermedad pulmonar.
Para Martillo, esta temporada de fiestas viene a coronar una lucha de todo un año para hacer las paces con la muerte de su esposo, así como, de pronto, ser quien se ocupe del sustento de sus hijos, Freddy, de 8 años, y Jacquita, de 7.
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Ella vive de $1,500 al mes en pagos por discapacidad, la mayor parte de lo cual se va sólo en alquiler. El dinero es ahora tan escaso que no enciende el aire acondicionado para mantener baja la cuenta de la electricidad. Vendió su auto y compró uno más barato, pero tiene que planear sus salidas estratégicamente para ahorrar gasolina.
Martillo tiene la esperanza de recibir apoyo financiero. Pero, ante todo, lo que necesita es un empleo, y uno que sea lo bastante flexible para que le permita llevar y traer a sus hijos a la escuela porque no puede pagar por una guardería.
Ella trabajó por un breve tiempo limpiando casas en Miami Beach, pero no valió la pena debido al tráfico y al gasto de gasolina. Pero incluso encontrar trabajo es algo complicado: si el empleo le paga demasiado, se arriesga a perder los pagos por discapacidad del gobierno, los cuales están garantizados hasta que los niños cumplan los 14 años.
“Esa muy difícil empezar desde cero, con unos niños tan pequeños”, dijo Martillo, de 45 años, vecina de Miami Gardens.
La historia de Martillo comenzó en Ecuador, donde trabajaba de administradora en un departamento de obras públicas en Guayaquil, una gran ciudad costera en el país sudamericano. Allí conoció a su futuro esposo, Freddy Martillo, a través de amigos comunes: ambos fueron elegidos como padrinos del niño de un amigo.
Freddy Martillo, un joyero alto y simpático que vivía en Miami, acabó casándose con Jacqueline, y los dos vinieron a vivir a Miami en el 2007. Todo parecía ir bien hasta el 2013, cuando a Freddy Martillo se le diagnosticó una fibrosis pulmonar, enfermedad que causa la cicatrización de los pulmones y hace cada vez más difícil respirar. Durante casi dos años, él recibió tratamiento para la enfermedad creyendo que iba a mejorar.
Pero en el 2015 su respiración se hizo más trabajosa. Tareas tan simples como subir las escaleras trayendo los mandados a su apartamento en el tercer piso, se le hicieron cada vez más difíciles.
Muy pronto, necesitó tanques de oxígeno para respirar prácticamente todo el tiempo. Finalmente, en el otoño del 2015, fue ingresado en el Jackson Memorial Hospital. Sin sus ingresos, Martillo tuvo que pagar sus gastos de vida con tarjetas de crédito.
Murió a los 56 años. Su muerte tomó por sorpresa a la familia. Hasta el mismo fin, Freddy Martillo creyó que iba a mejorar.
“El no sabía lo grave de su enfermedad”, dijo Jacqueline.
Para sus dos hijos, nacidos en Estados Unidos, lidiar con la muerte de su padre ha sido muy difícil, como es natural.
La semana pasada, los dos jugaban en sus habitaciones. Jacquita, con el cabello recogido en coletas, mostró tímidamente sus juguetes de My Little Pony. Freddy jugaba a Halo en su vieja Playstation; él construyó recientemente una nave espacial modelada en una de las que aparece en la serie.
A pesar de su tierna edad, Freddy está muy al tanto de los problemas de dinero de su familia. “Me gustaría algo bien caro para las Navidades”, dijo en voz baja. “Un Nintendo U”.
Fuera de la vista de los visitantes, la pena de los tres sigue siendo grande.
Freddy y Jacquita andan por la casa con una camiseta que pertenecía a su padre, como una especie de trapo para confortarse. Hace poco, Jacqueline Martillo se despertó en mitad de la noche al escuchar los sollozos de su hijo. “Extraño los ronquidos de mi papá”, admitió.
Jacqueline Martillo se subió a la cama de él. Lloraron juntos.
Lo doloroso de su situación llamó la atención del Centro de Duelo de Niños (Children’s Bereavement Center) en Miami Shores, el cual ha estado ayudando a los niños con psicoterapia.
“Ella es una señora extremadamente humilde, y sus hijos son muy dulces y se portan muy bien”, dijo Denise Palacios, coordinadora de programas del centro. “Ella se las arregla para mantener su compostura –y lo mismo hacen los niños– ante semejantes horrores. La historia de ellos es una pesadilla”.
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Esta historia fue publicada originalmente el 25 de diciembre de 2016, 3:00 p. m. with the headline "Ecuatoriana viuda necesita ayuda monetaria para sus hijos."