Galería 305

El drama de la violencia contra la mujer en Afganistán


Faheema, de 21 años, llora después de una sesión de mediación en una confrontación con su familia en el refugio Mujeres por Mujeres Afganas, en Kabul.
Faheema, de 21 años, llora después de una sesión de mediación en una confrontación con su familia en el refugio Mujeres por Mujeres Afganas, en Kabul. NYT

Fahima estaba parada temblando en el patio de la gran casa, dándose fuerza para la reunión con su familia.

Inhaló profundamente y corrió hacia el interior, la túnica negra remolineando a su alrededor, y cayó al piso a los pies de su tío, abrazando sus rodillas, y la cara oprimida contra él, con los hombros subiendo y bajando.

Los reproches llegaron de inmediato. “¿Cómo pudiste hacer esto?”, dijo su tío. “Siempre fuiste muy dulce con todos. ¿Cómo pudiste haber hecho esto?”

Lo que Fahima, de 21 años, había hecho era huir de su hogar en el oriente de Afganistán con el hombre que ella amaba. Dejó atrás a su numerosa familia y al hombre a quien su familia la había prometido. Si bien las palabras de su tío parecieron amables al principio, su tono tenía un peligroso filo: Fahima debía venir a casa.

Que una joven mujer de una aldea afgana vuelva a casa después de haber huido con un hombre equivale a cruzar una concurrida calle con los ojos vendados: hay una gran probabilidad de que sea asesinada por avergonzar a su familia.

Fahima, quien usa un solo nombre como muchos afganos, fue una de las afortunadas: logró llegar hasta un refugio femenil de emergencia, uno de alrededor de 20 que en los últimos 10 años han protegido a varios miles de mujeres del abuso o la muerte a manos de sus parientes.

Estos refugios, financiados casi enteramente por donadores occidentales, son uno de los legados más exitosos –y provocativos– de la presencia occidental en Afganistán, demostrando que las mujeres necesitan protección de sus familias y pueden tomar sus propias decisiones. Además, permitir que las mujeres decidan por sí solas eleva la perspectiva de que los hombres pudieran dejar de controlar el orden de las cosas, como lo han hecho durante siglos. Esta es una idea revolucionaria en Afganistán: justamente tan ajena como la democracia occidental y mucho más transgresora.

“Aquí, si alguien intenta dejar a la familia, está rompiendo el orden de la familia y va en contra de las leyes islámicas, por lo cual se considera una deshonra”, dijo Habibulá Hasham, imán de la mezquita Nabi en el occidente de Kabul, y miembro de un grupo de influyentes clérigos de alto nivel. “Lo que ella ha hecho es rebelarse”.

La oposición viene no solo de imanes conservadores, sino también del seno mismo del gobierno afgano. Legisladores estuvieron muy cerca de prohibir los refugios totalmente en 2011, al tiempo que casi destrozaron una ley que prohíba la violencia en contra de la mujer. Ellos cedieron solo después de la presión de último momento de la Unión Europea y Estados Unidos.

“Mucho ha cambiado desde 2001, pero la mayoría de la gente aún alberga opiniones conservadoras y tradicionales de las mujeres”, dijo Manizha Naderi, quien dirige Mujeres por Mujeres Afganas, que opera refugios u otros programas en 13 provincias.

Eso vuelve incluso más vulnerable la frágil red de casas de seguridad y las mujeres que integran su personal a una restrictiva legislación y ataques de caudillos locales. Los refugios, como otros aspectos del proyecto occidental enfocado a fomentar el cambio en Afganistán, son emblemas de una sociedad en transición.

Si bien los refugios han traído libertad a muchas mujeres, otras están varadas, a salvo de sus familias durante un tiempo pero incapaces de marcharse, ya que no son aceptadas ni por sus familias ni por la sociedad.

Naderi estima que alrededor de 15 por ciento de las mujeres en sus refugios no puede marcharse. Nunca.

Sobre todo, Fahima quería evitar la suerte de Amina, una joven de 18 años de edad que huyó de su familia en la provincia rural de Baghlan en el verano de 2013, cuyo caso se volvió ampliamente conocido. Ella huyó cuando su familia le informó que contraería matrimonio con un hombre mayor.

El ministerio de las mujeres la envió al único refugio en la provincia. Pero, después de una o dos noches, llegó su familia. Prometieron no hacerle daño a Amina si regresaba con ellos, repitiendo esta promesa en un video tras reunirse con la directora de la oficina del ministerio en la provincia, Jadiya Yaquin. Después, la joven subió a un taxi con su familia.

Amina nunca llegó a casa. Nueve hombres detuvieron el vehículo en un tramo desierto del camino ya cerca de su casa, la sacaron y le dispararon, con el apoyo de su familia. Nadie más resultó herido, dijeron más tarde al ministerio.

Defensores de la mujer en Baghlan tienen muy pocas dudas de que esto fue un asesinato por honor.

Fahima estaba segura de que su familia no la perdonaría si ella dejaba el refugio e iba a casa. La desesperación de su familia por hacer que ella volviera a casa sugirió que estaba en lo correcto. Ellos estaban dispuestos a acordar casi cualquier cosa para arrancarla de la seguridad del refugio. Una niña más joven, o más débil, pudiera haber cedido.

Sin embargo, una de las características más notables de muchas de las mujeres que logran llegar a un refugio es que, como Fahima, tienen una triste, pero cristalina, comprensión de que están en peligro de sus propias familias.

A diferencia del ministerio de la mujer de Baghlan, donde Amina solo tuvo una reunión con su familia antes de que les fuera devuelta, Mujeres por Mujeres Afganas requiere repetidas sesiones entre la joven mujer, su familia y un mediador antes de que ella pueda volver a casa. Se llevan a cabo aproximadamente ocho reuniones, destacó Nuria Kohistan, quien medió el caso de Fahima. Si el personal no está satisfecho de que la joven mujer estará segura, la retendrán durante el tiempo que sea necesario.

Las mujeres en el refugio a largo plazo intentan engañar el sueño apiñándose en la oscuridad, siendo sus voces una forma de mantener a raya las pesadillas. Los tormentos que soportaron a manos de sus familias están escritos en sus cuerpos. Cicatrices de cuchillo recorren sus caras y cuellos. Golpizas con cadenas marcan sus espaldas. Algunas cojean debido a huesos rotos que nunca soldaron correctamente. Varias caras erosionadas por ácido, una de las armas favoritas aquí.

En el refugio a largo plazo, la mayoría de las mujeres siente profundo alivio. Nadie es golpeado. Hay suficiente comida. Los deberes son compartidos y, sobre todo, hay decisiones.

Algunas niñas deciden ir a la escuela e intentan compensar los años que fueron retenidas prácticamente como esclavas. Otras van a clases a una escuela de belleza con la esperanza de aprender una habilidad que sean capaces de poner en práctica. Una tiene un empleo limpiando casas y otra es una diestra costurera, la cual hace ropa mientras cuida de su hija de seis años.

“Nosotros intentamos encontrar una solución”, dijo Naderi, pero reconoció que había pocas opciones en Afganistán. De manera similar, es sumamente raro que una mujer viva sola aquí, así que el personal intenta ayudar a las mujeres a que recreen familias cuando las propias las han desterrado.

“A veces podemos encontrar esposos”, dijo. “Hemos casado a 10 u 11 de ellas, pero es difícil”.

A fin de cuentas, Fahima fue capaz de abandonar el refugio, con la ayuda de un abogado suministrado por Mujeres por Mujeres Afganas. Luego de cuatro a cinco meses, una corte reconoció su matrimonio con su esposo, Ajmal, y el procurador general le ordenó que viviera con él en Kabul.

Pero, no es exactamente un final feliz.

Aunque están enamorados, viven el terror de ser arrinconados por algún pariente de la familia de Fahima y ser golpeados o asesinados. Viven en la pobreza porque Ajmal tuvo que cerrar su local en la tierra natal de ambos, Ghazani, y no pueden ir allá por temor a ser asesinados. Él no tiene ni un centavo para lanzar un nuevo negocio.

Si bien las actitudes tradicionales siguen profundamente arraigadas, los defensores de la mujer sí ven cambios.

“Ahora las mujeres están encontrando una voz”, dijo Soraya Sobrang, miembro de la Comisión Afgana Independiente de los Derechos Humanos. “Además, ellas también quieren tener algunos derechos y tener poder para tomar algunas decisiones. Si quieres casarte con mi hija, también me debes preguntar a mí. Los hombres creen que las mujeres quieren privarlos de sus derechos. Esto roza su orgullo. Y esto crea violencia en la familia”.

Esta historia fue publicada originalmente el 7 de marzo de 2015, 7:00 a. m. with the headline "El drama de la violencia contra la mujer en Afganistán."

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