Galería 305

Oporto, tradición y modernidad

Orilla del río Oporto, tomada desde el puente de Don Luis I.
Orilla del río Oporto, tomada desde el puente de Don Luis I. EPA/LUSA

Las estrechas y empinadas calles empedradas de la ciudad de Oporto, la segunda ciudad de Portugal, a unos 300 kilómetros al norte de su capital, Lisboa, descienden hasta fundirse con el Duero en la colorida Ribeira, para crear una de las estampas más bellas y reconocibles de la ciudad y del país, que puede disfrutarse en todo su esplendor desde el otro lado de río, en Vila Nova de Gaia, tras cruzar el puente de Don Luis I.

En Vila Nova de Gaia, en la otra ribera del río, se encuentran las famosas cavas del vino, que albergan uno de los tesoros de Oporto y que, como la ciudad misma, no puede entenderse sin el Duero, pues es en los valles que atraviesa el río, en las regiones del Alto Douro y Trás Os Montes, donde se produce el licor de renombre.

Oporto, el Portus Cale de los romanos, que establecieron el puerto del asentamiento conocido como Cale en lo que hoy es la colorida Ribeira, da su nombre al famoso vino y a todo el país, pues Portugal recibe su nombre de aquel enclave comercial.

El centro histórico de Oporto, que fue declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la UNESCO en 1996, guarda la esencia arquitectónica y decorativa del país, con sus suelos de “calçada portuguesa” y los azulejos de cerámica que cubren las fachadas de los edificios.

La catedral, la estación de São Bento o la Torre de los Clérigos, son visitas tan ineludibles como las bodegas para disfrutar de la ciudad, que ofrece otros atractivos como la bella librería Lello, la Casa de la Música o los puentes que cruzan el Duero. Oporto es una ciudad que tiene en torno a los 250,000 habitantes, aunque su área metropolitana alcanza cerca de 2.5 millones de personas.

EL ICONO MODERNO DE LA CIUDAD

Desde su inauguración en 2005, la Casa da Música es uno de los emblemas del Oporto moderno, un espacio cultural futurista que contrasta con las los viejos edificios del centro histórico de la ciudad, y que acoge a la institución que le da nombre y a sus tres orquestas.

El edificio fue diseñado por el arquitecto holandés Rem Koolhaas, con motivo de la capitalidad europea de la cultura, que la ciudad portuguesa compartió con Rotterdam en 2001, aunque la Casa da Música vio retrasada su apertura por diversos problemas.

La Casa da Música se ha convertido en una gran impulsora de la creación contemporánea en el país luso, desde una sede cuya construcción recibió numerosas críticas por romper con la estética tradicional de la ciudad, dado que su aspecto exterior es similar al de una gran caja.

UNA DE LAS LIBRERÍAS MÁS BELLAS DEL MUNDO

Junto a la Torre de los Clérigos, uno de sus símbolos, se encuentra otro de los tesoros de Oporto, la librería Lello e Irmão (Livraria Lello e Irmão), seleccionada como una de las más bellas del mundo por medios como The Guardian o guías de viaje como Lonely Planet, y que cada día atrae a cientos de turistas.

Inaugurada en 1906, la librería atrae la atención de quienes pasean por la Rua das Carmelitas, con su fachada blanca de reminiscencias góticas y con las figuras de la Ciencia y el Arte dando la bienvenida a quienes entran en el edificio, iluminado a través de una vidriera en el techo en tonos azules.

Su serpenteante escalera central, que se bifurca hasta el segundo piso, es la imagen icónica de este lugar único para bibliófilos y para fans de Harry Potter, para los que Lello e Irmão se ha convertido en uno de los lugares de peregrinación por haber servido de inspiración para la saga del joven mago.

Un vagón cargado de los libros de J.K. Rowling y los raíles que atraviesan el suelo de madera de la librería para trasladar los volúmenes de unas estanterías a otras, transportan a quienes entran en Lello e Irmão a la librería Flourish and Blotts del Diagon Alley, en la que los estudiantes de Hogwarts adquieren sus materiales para el curso en el colegio de magia.

LA CIUDAD DE LOS SEIS PUENTES

Oporto debe su ser al río, y una de las formas más atractivas de disfrutar de las espectaculares vistas de la ciudad y de Vila Nova de Gaia es el paseo en barco por el Duero, una de las visitas turísticas más exitosas y que permite contemplar, de una mantera única, la arquitectura de los puentes que comunican Oporto entre sus dos riberas.

El viaducto más emblemático de la ciudad portuguesa es el puente de Don Luis, símbolo de la gran urbe junto a la Torre de los Clérigos, inaugurado en 1886 como sustituto del antiguo puente colgante, ineficaz ante el crecimiento comercial.

Famoso por su gran arco de hierro, cuenta con dos plantas que unen la Ribeira con la zona de las bodegas del vino de Oporto en Gaia, junto al lugar en el que se encontraba el Ponte Pênsil, del que aún se conservan parte de los pilares.

El puente metálico es obra del ingeniero alemán Théophile Seyrig, socio de Gustave Eiffel, que una década antes había diseñado para la ciudad el Puente de María Pía, el primer viaducto ferroviario que comunicó ambas orillas del río, sustentado también por un gran arco de hierro.

En funcionamiento desde 1877, el Puente de María Pía fue sustituido en 1991 por el Puente de São João, sobre el que desde entonces circula el tráfico ferroviario.

El actual puente ferroviario es obra del ingeniero Edgar Cardoso, el segundo en proyectar dos puentes sobre el Duero, ya que también diseñó el Puente de la Arrábida, declarado monumento nacional en mayo de 2013, y que en el momento de su construcción, medio siglo antes, era el mayor puente de arco de hormigón armado del mundo.

El último puente construido entre Oporto y Gaia es el Puente del Infante don Enrique, que desde 2003 recoge, aguas arriba del puente de Luis I, el tráfico rodado que antes circulaba por la planta superior del puente de hierro, ahora destinada al tránsito peatonal y a una de las líneas del Metro de Oporto.

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