Galería 305

Patricia Ramos filma ‘El techo’ para cambiar el horizonte

Andrea Doimeadios, Jonathan Navarro y Enmanuel Galbán en una escena de ‘El techo’ (2016).
Andrea Doimeadios, Jonathan Navarro y Enmanuel Galbán en una escena de ‘El techo’ (2016). Imagen de cortesía

Fue una grata sorpresa encontrar, en el programa oficial del 34 Festival de Cine de Miami, El techo (2016), largometraje de ficción y ópera prima de la joven realizadora y guionista cubana Patricia Ramos (1975), que se proyectará este domingo a las 6:30 p.m., en el Regal South Beach Cinema 18, como parte de la HBO Ibero American Competition.

El filme narra la historia de tres jóvenes, cuyas vidas transcurren sobre una azotea de Centro Habana, mientras resuelven sus conflictos, ponen a prueba su amistad y acarician ilusiones. La situación precaria en la que habitan los conduce a iniciar su negocio privado, una pizzería, que en realidad les trae más frustraciones que ganancias. En este sentido se trata de un filme ingenuo en su optimismo, pero con gran naturalidad en los diálogos y un guion creativo, que nos hará reír y reflexionar al mismo tiempo.

Su directora, en entrevista con el Nuevo Herald, nos explica: “una historia de jóvenes contada desde esta perspectiva me daba la posibilidad de explorar un espacio como no se había hecho antes en el cine cubano. Traté de aprovechar visualmente las azoteas habaneras, para intentar dar la sensación de que estos muchachos están suspendidos en su tiempo. Filmar ese mosaico de techos posibilita un horizonte diferente (…). Encaramados en nuestro techo, filmando la Habana, y a pesar de su deterioro, uno se sentía absolutamente seducido, atrapado, tal como nuestros personajes”.

Aunque esta afirmación no sea totalmente cierta, pues ya las azoteas han sido frecuentadas por el cine nacional y foráneo como locación para mostrarnos cierta analogía de la altura con la evasión, el refugio, los sueños, la nostalgia o el juego, ahí tenemos Conducta (2014), de Ernesto Daranas, que aprovecha ese espacio como epítome de libertad de su pequeño protagonista criador de palomas, y Regreso a Ítaca (2014) del cineasta francés Laurent Cantent, donde un grupo de cincuentones recuerdan sus tiempos de juventud, mientras afloran secretos y contradicciones.

No obstante, Ramos logra construir un universo peculiar, una suerte de dimensión paralela, un planeta propio, que nos produce extrañamiento y, al mismo tiempo, simpatía y esperanza. Todo transcurre allí. Nadie baja a la calle. Ese entorno sórdido donde los sueños son más difíciles de conseguir y las distancias son más largas, pues como dice uno de sus protagonistas cuando entrega pizzas a domicilio atravesando azoteas “por arriba es más cerca”.

Allí se genera una filosofía de vida, reflejo de una comunidad entera, esa cuarta generación que sobra en la casa; es como un paisaje futurista donde lo urbano será reconocible solo en las antenas y los tejados, sin asomarse nunca al precipicio, aunque se esté todo el tiempo al borde. A estos efectos, resulta hilarante, aunque un poco grave, que uno de los personajes secundarios no quiera nunca bajarse de la cama o salir a la calle para no gastar el poco dinero de su salario.

Por otra parte, este universo poético de corte existencial se nutre de referentes conocidos como las famosas “pizzas voladoras” de la calle Infanta en La Habana, que son alcanzadas a los clientes bajando una canasta por medio de una soga hasta la calle; mientras el nombre puesto a la pizzería en la ficción “Sicilia Valdés”, alude a la mítica novela decimonónica cubana de Cirilo Villaverde y al destino añorado de uno de los chicos que sueña con encontrar su parentesco en Italia, un guiño inconsciente, tal vez, a Venecia (2014) de Kiki Álvarez.

Andrea Doimeadiós, excelente en el acting, nos recuerda la tristeza y el desgarramiento del personaje interpretado por la actriz cubana Yailene Sierra en el filme hispano-cubano Habana Blues (2005), de Benito Zambrano, cada vez que habla con su madre por teléfono. Los otros dos actores principales también están muy bien en sus personajes demostrando espontaneidad.

“Desde que escribí el guion imaginé personajes jóvenes, la historia me ‘pedía’ una determinada edad, y eso guarda estrecha relación con la credibilidad. No sería la misma si hubiera elegido a unos treintañeros. Hubiera sido otra historia. El techo cuenta la relación entre tres amigos, una muchacha embarazada, uno que cría palomas y otro que afirma ser nieto de sicilianos. Son jóvenes que se pasan el tiempo sobre las azoteas de sus casas, inventándose sus propias historias y soñando”; nos explica, nuevamente, Patricia Ramos.

Ramos es licenciada en Letras por la Universidad de La Habana y graduada de la especialidad de Guion en la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de los Baños, forma parte del movimiento de cine independiente cubano o de “jóvenes realizadores” como también se le conoce, y ha dirigido ya dos cortometrajes de ficción y un documental: Na-Na (2003), El patio de mi casa (2007) y Ampárame (2008), respectivamente.

Cuando le preguntamos sobre cómo se sentía al formar parte de esa escasa nómina de mujeres cubanas que han logrado dirigir largometrajes de ficción, nos contestó: “Me siento muy dichosa. Pero siento que deberíamos ser más. Y siento también que muchas realizadoras talentosas se hayan quedado sin filmar teniendo sus historias escritas. Algo bueno es que por primera vez en el cine cubano, de manera consecutiva, ha habido tres largos hechos por mujeres en la competencia de ópera prima del Festival de Cine de La Habana: Vestido de Novia de Marilyn Solaya, Espejuelos Oscuros de Jessica Rodríguez y ahora El techo de Patricia Ramos. En Cuba, hay muchas realizadoras mujeres, deseosas de seguir contando historias y espero que este sea el inicio de una participación sostenida”.

Ante la interrogante ¿guarda alguna relación temática o de estilo esta cinta con alguna de tus obras anteriores? confesó: “Creo que guarda relación sobre todo con el último corto de ficción que hice, El patio de mi casa. Allí contaba una historia de familia, justamente, desde el patio de una casa. Personajes que dormitan, se desconectan de la realidad y sueñan estar en otro espacio más a gusto. En el patio se alterna sueño y cotidianidad, en El techo los sueños son proyectos a realizar. En ambos está la obsesión de mis personajes por conseguir los sueños, la realización versus la inmovilidad”.

Nuestra entrevistada, también opinó sobre el estado actual del cine independiente cubano: “a nivel creativo creo que está en alza. Pienso que lo mejor que se ha producido en los últimos años ha salido del cine independiente. Lo peor es que sigue estando muy desprotegido al no haber una norma jurídica que favorezca el trabajo de los cineastas, con lo cual producir cada nueva película resulta una verdadera odisea”. Para concluir envió un mensaje a los espectadores potenciales de su filme en Miami: “Me da mucho gusto poder presentarla aquí y que este sea su estreno internacional. Me hace mucha ilusión, además, por la posibilidad de conectar con ese otro público cubano que vive acá. Espero que la disfruten”.

‘El techo’ (On The Roof), domingo 12 de marzo a las 6:30 p.m., en el Regal South Beach Cinema 18.

Rubens Riol es historiador del arte, promotor cultural y crítico de cine. Twitter @Rubens_Riol

  Comentarios