Paisajes en la música
En contadas ocasiones, afortunadas tanto para crítico como para intérprete, el ejercicio de la crítica parecería estar de más. Es un alivio para ambos bandos. Sucede cuando la música se impone por si sola y por ende, no vale analizar nada, sólo disfrutarla y después tratar de contar las sensaciones que afloraron. Como frente a una pintura de Mark Rothko donde el único recurso válido es la contemplación. Pintura pura y música pura. Fue el caso del concierto brindado por el celebre Cuarteto Borodin con la participación de Joseph Kalichstein para Miami Friends of Chamber Music. En el programa obras de Dmitri Shostakovich y Antonin Dvorak que literal y seguramente sin proponérselo pasearon al público reunido en la Congregational Church de Coral Gables por diferentes estaciones del año.
La precisión del cuarteto ruso –como anécdota, el original fundado en 1945 tocó para los funerales de Stalin y Prokofiev que tuvieron la mala idea de morirse el mismo día, y más para el músico que para el tirano– se hizo evidente en las dos composiciones –Opus 9 y 11– de Shostakovich, músico con el cual tuvieron una relación estrecha y del que interpretaron cada cuarteto en privado para el compositor antes del estreno público. Si los miembros originales ya no están, es innegable que queda la esencia y una fuerte impronta. Esa precisión quirúrgica pintó un paisaje invernal, helado, donde las notas parecieron gotas congeladas o mejor aún, con la estructura irrepetible del cristal de nieve en el cuarteto noveno. Este dibujo trazado por el movimiento emanado de la música contó con el sello inconfundiblemente ruso de los ejecutantes.
Del crudo invierno a un lírico verano al borde del otoño resultó el Quinteto para piano de Dvorak. Definitivamente uno de los hitos de la presente temporada gracias a la conjunción del Borodin con Kalichstein. El pianista fue un modelo de adaptación y estilo, jamás se impuso a las cuerdas, se amalgamó admirablemente sin dejar de aportar un sonido cristalino, liederistico, frente al lustre severo regalado por los violinistas Ruben Aharonian y Sergei Lomovsky, el violista Igor Naidin y chelista Vladimir Balshin.
De los funestos blancos y grises soviéticos al verde verano, ardiente y ventoso en los bosques de Bohemia hasta la última genial frase del quinteto que pareció evocar la llegada del otoño anunciando una despedida sutil y melancólica, fueron los colores emanados de la música los que rubricaron una velada memorable donde sobró la crítica. Suficiente con la música, y qué música.
El próximo y ultimo recital de la temporada sera el 23 de mayo con la violinista Esther Yoo acompañada por el pianista Robert Koenig y el clarinetista Alex Fiterstein en Gusman Hall de UM.
Información en www.miamichambermusic.org.
Esta historia fue publicada originalmente el 17 de marzo de 2017, 2:17 p. m. with the headline "Paisajes en la música."