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Su padre terminó en coma tras un tiroteo, ahora estos niños no podrán celebrar la Navidad

José Chávez con su esposa Marilu Berrios y sus sus pequeños gemelos, Atzel e Itzel, de 4 años. José Chávez fue víctima de un tiroteo en Homestead. Desde entonces la familia está ahogada en deudas y gastos médicos.
José Chávez con su esposa Marilu Berrios y sus sus pequeños gemelos, Atzel e Itzel, de 4 años. José Chávez fue víctima de un tiroteo en Homestead. Desde entonces la familia está ahogada en deudas y gastos médicos. ctrainor@miamiherald.com

En el hogar de los Chávez, en un complejo de viviendas para trabajadores agrícolas de Homestead, no hay árbol de Navidad este año. Probablemente tampoco habrá cena de Nochebuena y los niños no recibirán regalos.

Tras mucho lloriqueo de sus pequeños gemelos, Itzel y Atzel, de 4 años, Marilú colgó unas luces viejas en la orilla del techo y en un arbusto del jardín. Pero una noche reciente, cuando las fue a encender, ya estaban quemadas.

Es que las cosas no están para fiestas, comentan Marilú Berrios y su marido, José Chávez, de El Salvador.

José intenta explicar. “Este año ha sido (...) ”, pero su voz se quiebra, sus ojos se llenan de lagrimas y entonces empieza a sofocarse. Como por instinto, lleva sus manos al collar que sujeta el tubo que está metido en su tráquea y le permite respirar.

La noche del 7 de abril, José, Marilú y los gemelos fueron a visitar a unos familiares que se acababan de mudar a un barrio cercano. Comieron pupusas, un plato tradicional salvadoreño, compartieron un rato y cuando estaban en la acera, despidiéndose, empezaron los disparos desde un carro en movimiento.

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Cómo ayudar: WishBook está tratando de ayudar a esta familia y a cientos de personas con necesidades este año. Para donar, puede hacerlo de manera segura en: MiamiHerald.com/wishbook.

Unos segundos después, José estaba en el suelo, una bala le había atravesado el cuello. Quedó en coma por varios días. Cuando despertó no recordaba nada. Pensaba que había estado en un accidente de vehículos.

Ya lleva tres cirugías y apenas puede volver a comer alimentos sólidos.

“Me dio mucho coraje cuando me dijeron que me tendré que quedar con esto toda la vida”, dijo José, de 36 años, refiriéndose a la traqueotomía.

La tragedia ha dejado a la familia traumatizada y ahogada en deudas. José no puede regresar a su trabajo de construcción porque no puede realizar actividad física fuerte, se queda sin aire. Además, las visitas al hospital todavía son frecuentes. Necesita terapias.

El sueldo de Marilú, empleada de un vivero de plantas ornamentales, no es suficiente para pagar la renta y las facturas de agua, luz y teléfono. Ya cancelaron el internet y las cuentas del hospital se acumulan. Además, deben pagar las terapias de los niños, que en las noches tienen pesadillas, no quieren salir a la calle y volvieron a orinarse en la cama.

“La hemos pasado con lo poco que yo traigo y con la ayuda de amistades”, contó Marilú, de 38 años.

La familia fue nominada al programa de caridad Wish Book, del Nuevo Herald y el Miami Herald, por las maestras de sus hijos, en la guardería de Homestead de Redlands Christian Migrant Association (RCMA), con la esperanza de que reciban ayuda para la Navidad.

José Chávez con su esposa Marilu Berrios y sus sus pequeños gemelos, Atzel e Itzel, de 4 años. José Chávez fue víctima de un tiroteo en Homestead. Desde entonces la familia está ahogada en deudas y gastos médicos.
José Chávez con su esposa Marilu Berrios y sus sus pequeños gemelos, Atzel e Itzel, de 4 años. José Chávez fue víctima de un tiroteo en Homestead. Desde entonces la familia está ahogada en deudas y gastos médicos. CHARLES TRAINOR JR. ctrainor@miamiherald.com

Si pudieran comprar regalos para sus hijos, Marilú y José dijeron que les darían camas nuevas. Además, repararían los aires acondicionados de la pequeña casa, que están dañados desde el paso del huracán Irma.

Y los niños ¿qué quieren que les traiga Santa?

“¡Tablets!” gritan Itzel y Atzel.

Itzel también quiere “una casa de muñecas grande” y Atzel sueña con tener un carro que él pueda manejar.

Marilú y José escuchan a sus hijos y sonríen. Estos momentos de ilusión son escasos desde el tiroteo. Todos tienen muchas preguntas.

“[Los niños] me preguntan que por qué ahora hablo diferente, que por qué no puedo trabajar, que por qué pasó eso”, dijo José. “Yo también me pregunto eso todos los días. No sé que decirles”.

Según contó, las autoridades le han dicho que, aparentemente, el blanco de los sospechosos eran personas que ya no viven en la casa donde ocurrió el incidente. La investigación sigue abierta.

José llegó a Estados Unidos en 1999, cuando tenía 18 años, a reunirse con su padre, un trabajador agrícola de Homestead. Trabajó en el campo cosechando aguacates antes de dedicarse a la construcción.

Marilú, por su parte, llegó de El Salvador hace casi una década.

En el sur de Miami-Dade han tenido una vida tranquila. Se mudaron al complejo de casas subsidiadas para trabajadores migrantes South Dade cuando sus hijos tenían menos de un año.

Aunque vienen de uno de los países más violentos del mundo, Marilú y José dijeron que nunca habían vivido un episodio de violencia como el del día del tiroteo, en abril.

“Somos de San Miguel, un campo. Yo nunca, nunca en mi vida había visto algo como eso”, dijo José.

“Cuando empezaron los disparos yo pensé que eran truenos (petardos)”, agregó Marilú. “Después alguien me gritó ‘¡Marilú agáchate que son tiros!’ 

Desde entonces la familia no sale mucho. Todos tienen miedo de estar en la acera. Todos se asustan cuando escuchan fuegos artificiales. Cuando van a la iglesia católica San Martín de Porres, el único lugar público que frecuentan, José se sienta muy cerca de la salida. Lo hace “por precaución”.

Pero ahora José también siente temor de ir a la iglesia, el lugar donde busca paz. En noviembre estaba mirando la televisión cuando vio en las noticias que murieron 26 personas en un tiroteo en un templo bautista en Sutherland Springs, Texas.

“Las balas y la violencia y el tiroteo están por todos lados, ahora estoy más pendiente de todo eso”, dijo José.

RCMA, una organización sin fines de lucro, consiguió una terapeuta para la familia que los visita una vez a la semana. Cada sesión cuesta $30.

“Es un sacrificio, pero ha ayudado mucho a los niños”, contó Marilú. “No queremos que se queden con ese trauma en la cabeza”.

Estas fiestas planean quedarse en casa durante la Nochebuena y el Año Nuevo. No dudan que eso entristecerá a los chicos.

“Pero al menos estoy vivo”, dijo José. “Sería peor si hoy no estuviera con ellos”.

Wish Book está intentando ayudar a cientos de familias necesitadas este año. Para hacer una donación, pague de forma segura en MiamiHerald.com/wishbook. Para obtener información, llame al 305-376-2906 o envíe un correo electrónico a wishbook@miamiherald.com. (Los artículos más solicitados son computadoras portátiles y mesas para la escuela, muebles y furgonetas accesibles para discapacitados). Obtenga más información en elNuevoHerald.com/wishbook.

Siga a Brenda Medina en Twitter: @BrendaMedinar

Esta historia fue publicada originalmente el 22 de diciembre de 2017, 0:57 p. m. with the headline "Su padre terminó en coma tras un tiroteo, ahora estos niños no podrán celebrar la Navidad."

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