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Niños inmigrantes cosechan penurias en los campos de tabaco de EEUU


Saray Cambray Alvarez, de 13 años, trata de evitar el contacto con las plantas que emanan nicotina en los campos donde trabaja.
Saray Cambray Alvarez, de 13 años, trata de evitar el contacto con las plantas que emanan nicotina en los campos donde trabaja. Travis Dove

Muchas mañanas, mientras las plantas de tabaco se alzan a su alrededor, Saray Cambray Alvarez se pone una bolsa plástica, negra, para basura, sobre el cuerpo de 13 años para proteger su piel de las hojas que escurren rocío impregnado de nicotina.

Cuando Saray y otros trabajadores —incluidos varios adolescentes más— llegan a los campos a las 6 a.m., abren agujeros en las bolsas para los brazos. Tratan de evitar lo que se conoce como “enfermedad del tabaco verde” o envenenamiento por nicotina, que causa vómito, mareo y frecuencias cardíacas irregulares, entre otros síntomas.

Saray dice que algunas veces tiene problemas para respirar en medio del calor, la humedad y las hojas, y que es frecuente que se sienta cansada durante sus turnos de 12 horas, cuando circula entre las hileras para arrancar las flores superfluas o jalar hojas demasiado grandes para la cosecha.

“Te da mucha sed”, comentó Saray, quien a veces espera una hora en un calor de más de 90 grados Fahrenheit para poder beber algo, cuando su grupo regresa al lado opuesto del campo, donde colocan las jarras de agua. “Es muy duro para mí, y es demasiado caliente”.

Saray dice que tiene suerte de no haberse enfermado realmente, mientras que otros sí están visiblemente enfermos.

“La semana pasada, nos hicieron trabajar cuando estaba lloviendo y se me metió agua en la boca, y me sentí mareada y con náuseas”, dijo Ana Flores sobre haber estado expuesta a las hojas de tabaco mojadas; es frecuente que la nicotina de las plantas se disuelva en la lluvia y el rocío. A los 16 años, pasa su tercer verano en los campos de tabaco. “Yo no vomité, pero otras personas sí”.

Esfuerzos bloqueados

Durante años, expertos en salud pública y funcionarios federales del trabajo han buscado prohibir que los adolescentes menores de 16 años trabajen en los campos de tabaco, y mencionan los horarios extenuantes, la exposición dañina a la nicotina y otros químicos, pero se han bloqueado sus esfuerzos. Hace tres años, Hilda Solís, a la sazón secretaria del Trabajo, propuso declarar peligroso el trabajo con tractores y en los campos tabacaleros, y hacer que ese tipo de trabajo fuera ilegal para los menores de 16 años.

Los oponentes al trabajo infantil destacan que Brasil, India y algunos otros productores de tabaco ya prohíben que cualquier menor de 18 años trabaje en las granjas tabacaleras.

El gobierno de Obama retiró la normativa propuesta por Solís después de encontrar una oposición intensa de los organismos agropecuarios y los legisladores republicanos. Las organizaciones agrícolas dijeron que la medida afectaría a las granjas familiares y dificultaría todavía más que los jóvenes adquieran habilidades agropecuarias.

El gobierno eliminó la propuesta en abril del 2012, cuando el Presidente contendía para reelegirse, y se dijo que no se buscaría la aprobación de esa normativa en “lo que durara el gobierno de Obama”. Sin embargo, algunos partidarios todavía esperan revivir la parte del tabaco en la propuesta, una vez que hayan concluido las elecciones intermedias este año.

Entre tanto, expertos en salud pública dicen que cientos de niños menores de 16 años, como Saray, siguen trabajando en los campos tabacaleros de Estados Unidos. El doctor Thomas A. Arcury, experto en tabaco y trabajadores inmigrantes, y profesor en el Centro Médico Bautista Wake Forest, dijo que el trabajo con el tabaco es particularmente dañino para los niños y señaló el envenenamiento por nicotina y pesticidas, así como la deshidratación.

“No son adultos chiquitos, son niños”, expresó. “Tienen más área superficial que masa corporal. Todavía se están desarrollando neurológicamente. Sus sistemas reproductores se están desarrollando”.

Lo que permite la ley federal

La ley federal permite que los chicos de 12 años en adelante trabajen en las granjas en horarios ilimitados, siempre que no haya ningún conflicto con la escuela. Para el trabajo no agrícola, la ley federal establece en 14 años la edad mínima para trabajar y restringe el trabajo de los menores de 16 años a ocho horas diarias.

Los cultivadores de tabaco dicen que la práctica de utilizar a los adolescentes jóvenes es rara, y muchos declinan emplear a alguien menor de 16 años. Sin embargo, entrevistas con muchos adolescentes y expertos indican que las cantidades siguen siendo notables. Muchos de los jóvenes trabajadores son inmigrantes o hijos de trabajadores inmigrantes cuyas familias tienen pocas opciones de empleo y batallan para llegar a fin de mes.

Carl Fillichio, portavoz del Departamento del Trabajo, declinó hablar del fallido esfuerzo de Solís, pero dijo que desde entonces, su departamento ha intensificado la imposición de la ley y exhortado a los productores a reducir los riesgos para la salud.

“Nos preocupan los graves efectos sobre la salud que puedan experimentar los jóvenes que trabajan en las granjas tabacaleras”, dijo. Si bien se han reducido los fumadores en Estados Unidos, Carolina del Norte sigue siendo el mayor productor de tabaco del país, con aproximadamente 1,800 granjas que emplean a 30,000 trabajadores para recolectar 400 millones de libras de la cosecha al año.

Graham Boyd, el vicepresidente ejecutivo de la Asociación de Productores de Tabaco de Carolina del Norte, dijo que la mayoría de las granjas tabacaleras van más allá de lo que se requiere en términos de cumplimiento de las leyes laborales.

“Es absoluto que no hay ningún beneficio en maltratar a los trabajadores agrícolas”, hizo notar, y señaló que abusar de ellos es una forma de terminar sin suficiente gente cuando hay que levantar la cosecha. Y reconoció el peligro del envenenamiento por nicotina y otras condiciones rudas en los campos.

“Nadie va a decir que es un día de campo”, dijo Boyd. Sin embargo, pocos productores de tabaco usan a trabajadores menores de 18 años, dijo, y agregó que su organización estaría “abierta” a la prohibición de contratar a menores de 18 años.

Médicos se oponen a la práctica

Sin ninguna normativa gubernamental en perspectiva, 54 organizaciones, incluidas la Academia Estadounidense de Pediatría, la Liga Nacional de Consumidores y la AFL-CIO, apelaron a las grandes tabacaleras en junio para exhortarlas a prohibir que sus productores empleen a alguien menor de 18 años.

Las grandes corporaciones del tabaco dicen que se oponen enfáticamente a que se use ilegalmente el trabajo infantil. Philip Morris International prohíbe a sus productores que tengan trabajadores menores de 18 años, una medida que va mucho más allá de la legislación estadounidense. No obstante, es evidente que algunos contratistas desobedecen este requisito sin el conocimiento de los productores.

“Nuestros estándares son, en general, más estrictos que la legislación estadounidense, tanto en términos del límite de edad para que los niños hagan el trabajo en la granja, como de los tipos de actividades que pueden hacer en ellas”, destacó Miguel Coleta, el director de políticas de trabajo externo de la compañía. “Recibiríamos bien un fortalecimiento del marco regulatorio estadounidense que se alineara a nuestros estándares”.

Coleta dijo que la compañía dejó de hacer negocios con 20 productores estadounidenses en el último año porque contrataban a trabajadores menores de 18 años.

Ni Reynolds ni Altria tienen normas tan duras como las de Philip Morris.

Jeffrey Caldwell, portavoz de Altria, dijo que su compañía “no condona el empleo ilegal de jornaleros agrícolas, especialmente de los menores de 18 años”. En una declaración, Reynolds dijo que, en su código de conducta del proveedor, “se establece que los productores nacionales de tabaco no pueden adscribir a nadie menor de 18 años” a ningún trabajo considerado peligroso. Dado que ni la ley ni las normativas federales definen a los campos tabacaleros como peligrosos, siguen siendo permisibles para los trabajadores menores de 18 años.

Pat Raines, presidente de la asociación Burley Tobacco Growers Cooperative, con sede en Lexington, Kentucky, dijo que creía que era mínimo el uso de adolescentes en los campos tabacaleros. Agregó que estuvo de acuerdo en que se debería prohibir que los menores realicen trabajos peligrosos en el tabaco, como subir escaleras de 20 pies de altura en los cobertizos, pero añadió que no es peligrosa la mayoría del trabajo en los campos.

Para quienes proponen un límite de edad más alto, no obstante, los riesgos acechan en muchos rincones. Los campos tabacaleros representan “todo un entorno de riesgo”, destacó Margaret Wurth, experta en salud infantil en Human Rights Watch. “Son la nicotina, los pesticidas, el calor, los horarios prolongados, la presión que reciben de los empleadores”.

El año pasado, Human Rights Watch entrevistó a 141 jornaleros del tabaco, entre los 7 y los 17 años, para un extenso estudio y encontró que tres cuartos habían padecido náuseas, mareos y comezón.

Esmeralda Juárez, de 15 años, relató otros problemas. De cabello largo y oscuro, y una sonrisa tímida, habló de un contratista de jornaleros que le jaló la ropa, le tomó fotografías de espalda y la llamó “princesa” y “nena”.

La mayoría de las granjas tabacaleras, dijo, no tienen sanitarios portátiles, y, si bien algunas mujeres van a los matorrales, “yo me espero hasta llegar a mi casa. Solo me aguanto”.

“No hay nada bueno en este trabajo, excepto que te pagan”, dijo Esmeralda, quien gana $8.50 la hora. Su hermana Neftali, de 19 años, ha estado trabajando en los campos desde que tenía 12.

Esta historia fue publicada originalmente el 13 de septiembre de 2014, 8:00 p. m. with the headline "Niños inmigrantes cosechan penurias en los campos de tabaco de EEUU."

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