Blanca Varela recuerda la época de oro de Tropicana
Nadie que vivió la época de oro del cabaré Tropicana puede olvidarse de aquellas producciones. Mucho menos la soprano cubana Blanca Varela, que a la vuelta de seis décadas mantiene intactos los recuerdos de Las viudas alegres, Luisa Fernanda en Chemise y Tambores sobre La Habana, entre otros shows que encabezó en el legendario centro nocturno habanero a lo largo de la década de 1950.
“Fue un privilegio cantar en Tropicana. Me acuerdo que alterné con los cantantes Daniel Riolobos, Manolo Alvarez Mera, Alberto Rochi y Wilfredo Fernández, con el pianista Felo Bergaza y otras figuras destacadas”, evocó la soprano de 88 años mientras conversaba con el Nuevo Herald, a propósito del tributo que rinde este periódico a Tropicana en su quiosco de Cuba Nostalgia.
El evento abre sus puertas desde el viernes 15 hasta el domingo 17 en la Fair Expo Center, del Tamiami Park. Y el sábado 16 cuenta con la asistencia de la cantante, que conversará con sus seguidores alrededor de las 3 p.m.
“Cuando me llamaron de Tropicana me sorprendí porque allí no acostumbraban a incluir piezas líricas. Sin embargo, hasta llegué a cantar selecciones de la ópera Marina y la zarzuela Aves y flores, que el público las agradecía”, agregó Varela desde su casa de Coral Gables, donde vive con su hija. Tiene las paredes repletas de fotografías, que dan fe de su paso por los salones Bajo las Estrellas y Arcos de Cristal del famoso centro nocturno, los teatros y la televisión de la isla.
La cantante dijo que “en aquellos shows no faltaba nada”, gracias al genio de Rodney, el célebre productor y coreógrafo.
“Había muy buen ambiente. Cada cual iba a hacer su trabajo y todo el mundo se llevaba bien”, rememoró la artista, que cuando le propusieron presentarse en Tropicana ya había incursionado en otro night club de la época, el Río Rita, donde tuvo que cantar Contigo en la distancia “porque allí no se admitía mucho lirismo”.
“En esta foto estoy con [las cantantes] Marta Pérez, Ana Margarita Martínez Casado y Esther Borja en una presentación que hicimos en el Hotel Nacional de Cuba. Y esta otra fue en un programa de televisión con [el tenor] Armando Pico”, indicó Varela, que aunque no vive de nostalgias, suele frecuentar las tertulias de los miércoles, en el Roma Bakery de la Calle Ocho, donde recuerda los viejos tiempos con algunos colegas de antaño.
TODO COMENZÓ EN CAMAGÜEY
La soprano, nacida en la ciudad de Camagüey, el 6 de abril de 1927, dijo que de pequeña cantaba los tangos de Libertad Lamarque en la emisora local. Pero como su maestra de piano le auguró un futuro promisorio en el género lírico, su madre le buscó un profesor de canto.
“Mi mamá me llevaba piezas tan complicadas como el aria de la ópera Lucia di Lammermoor y la canción Escucha al ruiseñor, de Ernesto Lecuona”, rememoró Varela, que con solo 10 años fue premiada con un viaje a La Habana para participar en La Corte Suprema del Arte, un concurso de aficionados que hizo historia en la radio cubana, en el cual obtuvo el segundo lugar.
La cantante relató que de joven siguió presentándose en su terruño hasta que, por requerimientos de la Sociedad de Artistas de Camagüey –que exigía que cualquier espectáculo proveniente de La Habana incluyera artistas del patio– intervino en una presentación de la compañía del actor Mario Martínez Casado, quien la contrató para recorrer la isla y varios países latinoamericanos.
“Aquello me causó mucho sufrimiento porque nunca me había separado de mis hijos [Luis y Blanca]. Desde entonces mi vida cambió para siempre”, confesó Varela, que al regresar a Cuba se repartió entre la capital y Camagüey.
TRIUNFOS EN LA HABANA
“Cuando empecé a darme a conocer en La Habana me presentaron a Gonzalo Roig [el autor de la zarzuela Cecilia Valdés] que se convirtió en el maestro y el amigo”, dijo Varela. “Recuerdo que en el primer encuentro quiso escucharme en la salida de Cecilia, que él mismo me acompañó al piano. Y luego me propuso interpretarla en el Teatro Nacional, con el tenor Panchito Naya, en el papel de Leonardo Gamboa, y un elenco en el que estaban Garrido y Piñeiro, Candita Quintana y otras glorias de Cuba”.
En la discografía de la soprano sobresalen Cecilia Valdés y Amalia Batista, con el respaldo de la Orquesta de CMQ bajo la dirección de Roig.
Además de los teatros Nacional, Martí, Blanquita y Campoamor, la soprano solía presentarse en Casino de la Alegría y Jueves de Partagás, entre otros programas de televisión muy populares desde mediados de la década de 1950 hasta 1961, año en que decide irse de Cuba.
Con orgullo, la cantante destacó que en el espacio Viernes de Gala, dedicado a la música lírica, protagonizó Luisa Fernanda, Cecilia Valdés, Amalia Batista, Los claveles, La Parranda y Madama Butterfly.
“El director artístico, Miguel de Grandy, me comentó que alguien había protestado porque siempre me daban los papeles principales”, apuntó Varela, tras recordar que la opereta Katiuska, cuya acción transcurre en los días de la Revolución de Octubre, fue cancelada a pocas horas de salir al aire porque un funcionario alegó que “el contenido del libreto era contrarrevolucionario”.
“Parece que el libreto tenía sus ‘cosas…’, porque Miguel ya le había cambiado frases como ‘la turba roja pasó cruel…’, evocó la soprano, que a la sazón ya planeaba marcharse del país, con su esposo, aprovechando que sus padres e hijos vacacionaban en Florida.
Para escapar de Cuba la artista se valió de un contrato falso que le expidió el Circuito Cobián, una empresa de espectáculos puertorriqueña, con la cual había trabajado durante su visita a San Juan.
EN EL EXILIO
“Sabía que mi salida de Cuba sería definitiva”, dijo Varela, que a partir de 1961 comenzó una nueva vida en Estados Unidos, donde fue madre por tercera vez [de Ernesto].
Antes de retomar su carrera en Miami la cantante residió varios años en Detroit, Michigan, donde su esposo ejerció como médico.
“Mi regreso a Miami coincide con los comienzos de la Sociedad Pro Arte Grateli”, apuntó la artista, que a partir de 1968 reconquistó a su público con las mismas zarzuelas y operetas que la hicieron famosa en su país.
Tras 20 años cosechando aplausos en Grateli, en 1986, año de la muerte de su esposo, Varela decidió retirarse de los escenarios y –salvo una exitosa participación en un homenaje que la compañía le hizo a Marta Pérez, en el 2002– se dedicó a cantar en su congregación religiosa (bautista).
“Desde hacía mucho tiempo yo le cantaba a El Señor, pero en ese momento decidí hacerlo por el resto de mi vida”, dijo Blanca, que considera que su día más feliz fue cuando tuvo “el encuentro con Jesús Cristo”.
El repertorio de música religiosa de Blanca se escucha en los espacios de la Congregación Bautista que transmite La Poderosa 670 AM, los domingos a las 7 a.m., y en varios países latinoamericanos.
La cantante tiene dos nietos, cinco bisnietos y una tataranieta.
“Ya no canto como solista porque [con los años] la voz baja mucho y no me siento cómoda en los tonos de una mezzo soprano. Ahora solo canto en el coro”, confesó la artista, que le gustaría volver a cantar en Cuba, pero como “todo tiene un tiempo, ya ese tiempo pasó”.
“El recuerdo de Cuba siempre queda en nosotros [porque allá] tuve una carrera muy bonita”, concluyó.
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Esta historia fue publicada originalmente el 15 de mayo de 2015, 3:08 p. m. with the headline "Blanca Varela recuerda la época de oro de Tropicana."