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ALEXIS JARDINES: ¿Quién levantará el embargo revolucionario?


Cuentapropistas transportan una carga de vegetales en dirección a un mercado habanero.
Cuentapropistas transportan una carga de vegetales en dirección a un mercado habanero. AP

En mi opinión –salí de Cuba en el 2011– el embargo norteamericano no hace mella alguna en la población, por lo tanto, no debe esgrimirse como argumento para justificar la incompetencia y la mala voluntad del régimen castrista. Cuba tiene tratados comerciales bilaterales con el resto del mundo y, curiosamente, el mayor volumen de importación de alimentos y medicinas proviene de Estados Unidos. Las razones tanto del estancamiento económico como de la mutilación de las libertades fundamentales obedecen al sistema político (unipartidista) y a su vetusta ideología (nacionalista revolucionaria). A contrapelo de lo que piensan Karl Marx y Barack Obama, los cambios políticos son la clave de los cambios económicos. Y no lo digo como cubano, lo digo como filósofo.

La intención del gobierno de la Isla seguirá siendo controlar la economía, ponerle trabas al sector privado de manera que no florezca, entre el pueblo, una clase media. Sin embargo, como ningún país puede salir adelante sin una clase media estructurada, se buscará que la misma emerja de la propia nomenklatura (partidista). Lo paradójico de todo esto es que nada de ello puede llevarse a cabo sin el auxilio del “Imperio”.

Hay que tener presente –no importa cuáles puedan ser las intenciones de Obama al respecto– que los norteamericanos negociarán con el gobierno cubano, sus instituciones y su montón de entidades comerciales con fachadas civiles, no con el sector privado tradicional (cuentapropistas). Este último, al igual que sucedió en el resto de los países ex comunistas de la Europa del Este, continuará marginado, mientras emergerá un nuevo y poderoso sector privado de las filas de los cuadros del Partido.

De igual modo, la oposición política (leal) brotará del seno de la institucionalidad revolucionaria y del propio Partido. Esta peligrosa transmutación en una estructura bicéfala perpetuará a las mismas elites y al mismo principio exclusionista del castrismo: “Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada”. Por lo tanto, el verdadero embargo –el interno– permanecerá y el cubano de a pie continuará siendo excluido de las esferas pública, política y empresarial. La no preservación del anterior mandamiento significaría, para los castristas, destruir lo que queda de Revolución.

¿ADÓNDE IRÁN A PARAR LAS INVERSIONES NORTEAMERICANAS?

En vano se ilusionan algunos con unas negociaciones que dejarán los dividendos en las mismas manos que detentan hoy el poder en Cuba. Barack Obama debería saber que Raúl está fabricando ya ese sector privado al que él pretende empoderar. Y debe saber también que los cubanos no queremos 50 años más de castrismo, no importa si actualizado, yumatizado (norteamericanizado) o, incluso, democratizado. Cualquier sistema de matriz castro-marxista carece de atractivo para una población diezmada y una juventud escéptica. Cuando se hace énfasis en el cambio demográfico que provocó el languidecimiento del exilio se olvida que dentro de Cuba sucedió lo mismo con respecto a la Revolución. Y esto es un dato tan elocuente como definitorio a la hora de tomar partido.

El presidente Obama se aferra a la ilusión de que los cambios económicos resultantes de normalización redundarán en cambios políticos. Pero no se pregunta por la naturaleza de esos cambios. De ahí que cometa el elemental error de negociar sin condiciones. El gobierno cubano ha ganado mucho desde el 17 de Diciembre y continúa haciéndolo: hasta la súper espía Ana Belén Montes será puesta en libertad. Los castristas se frotan las manos en espera de que las inversiones norteamericanas le llenen los bolsillos. ¿Y la gente? ¿Qué gana con todo esto el cubano de a pie?

El problema, pues, no es la normalización en sí sino la incondicionalidad de la negociación. En realidad, ¿cómo aceptar que los cubanos –según la encuesta de Bendixen & Amandi– estén mayoritariamente en contra de su presidente y del sistema político unipartidista mientras apoyan, también mayoritariamente, la normalización de las relaciones de Estados Unidos con ese gobierno y ese sistema que al propio tiempo rechazan? Dos encuestas anteriores realizadas dentro de la Isla por activistas de la sociedad civil arrojan, aproximadamente, un 70 por ciento en contra del unipartidismo y en favor de la pluralidad política. Consecuentemente, normalizar las relaciones sin exigir, al menos, el desmantelamiento del sistema político unipartidista y su ideología de Estado es hacer de la actual administración norteamericana el mayor e incondicional patrocinador de la dictadura cubana desde 1959, por encima, incluso, de la para ella entrañable Unión Soviética. Y no lo digo como filósofo, lo digo como cubano.

Esta historia fue publicada originalmente el 16 de mayo de 2015, 9:25 a. m. with the headline "ALEXIS JARDINES: ¿Quién levantará el embargo revolucionario?."

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