Tiempo de apretones de manos
“Cosas veredes que harán hablar las piedras”
El Quijote
El tránsito de los tiempos, de las eras, de las épocas, suele promover acontecimientos que luego son recogidos por la historia, según el lugar en que hayan ocurrido. La historia de la Cuba futura cuenta ya con un prolijo inventario de hechos que han sacudido a la nación de punta a cabo, a partir de la era del castrismo.
Ahora el acercamiento de EE.UU. con Cuba, que es obra de la actual administración, se conoce como el “deshielo”. Este nombra la glacial etapa en que durante más de medio siglo han estado interrumpidas las relaciones entre ambos países, luego que el dictador mayor haya fijado su posición ideológica afiliada al marxismo-leninismo en 1961, despojando a la revolución de su primigenia vestidura de que era tan verde como las palmas y tan cubana como su música. ¿Entendiste, Sancho? EEUU, ante semejante giro, no tuvo otra alternativa que concluir sus relaciones diplomáticas con el régimen de Castro y el resto de sucesos, vuelcos y zafarranchos son bien conocidos.
Entre los acontecimientos que llaman la atención, se cuenta el que el papa Francisco recibiera en la Santa Sede al dictador Raúl Castro el domingo 10 de mayo. A renglón seguido, Castro, entre otras cosas, dijo en conferencia de prensa “que volveré a rezar y a la Iglesia”; indicó también: “El [el Papa] es un jesuita y yo,de alguna manera, también lo soy, siempre estuve en escuelas de jesuitas…”. Como se sabe, Juan XXIII, en 1962, emitió un edicto en virtud del cual fue excomulgado Fidel Castro, por su vuelco hacia el comunismo, que tuvo como secuela la expulsión de religiosos y la defunción de las escuelas católicas, etc, que pasaron al patrimonio estatal.
El más reciente de los apretones de manos se produjo por la visita a La Habana del presidente francés François Hollande, quien se reunió con los hermanos Castro, con el propósito, al parecer, de adelantarse a EE.UU. en asuntos económicos.
Lo que suscita sorpresa por la visita del dirigente galo a Cuba, es que no solo no se reunió con ningún miembro de la oposicion, sino que tiene conocimiento de que en Cuba existe un régimen dictatorial desde hace 56 años que desconoce los derechos humanos, mientras esa oposición y las valerosas Damas de Blanco sufren los atropellos típicos de los regímenes de fuerza. Y cuando esa oposición ejerce el derecho de reunión y la protesta pacifica, es reprimida sin contemplación. Los fundamentos doctrinales del derecho de oposición fueron consagrados, precisamente, en Francia, con la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, cuyo segundo artículo establece: “El objeto de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles del hombre, que son: la libertad, la propiedad, la seguridad y la resistencia a la opresión”. El presidente francés, obviamente, se desentendió de tan emotiva declaración.
Que Raúl Castro haya conocido las escuelas religiosas, por haber sido enviado a ellas por sus padres, no significó que haya regulado su vida política por la doctrina de Cristo, al convertirse en un devoto marxista-leninista. Y en el contexto de todos estos apretones de manos, Cuba da la impresión que se ha erigido como el vellocino de oro, en su búsqueda por los beneficios materiales, pero ausente todo vestigio de que aparezcan en el horizonte aires de libertad y de genuinos cambios, que repercutan en la vida del cubano de a pie, ya que en ninguno de esos efusivos apretones de manos, se ha mencionado –que se sepa– el regreso al Estado de Derecho.
Abogado cubano. Reside en Miami.
Esta historia fue publicada originalmente el 16 de mayo de 2015, 9:41 a. m. with the headline "Tiempo de apretones de manos."