Galería 305

En ‘El Espacio’, de Jorge Pérez, el arte cuenta la historia preocupante de nuestros tiempos

El llamado Rey de los Condominios de Miami es reconocido por las elevadas torres que han remodelado los paisajes urbanos en América Latina e India. Pero el último proyecto de Jorge Pérez, y posiblemente el que más le entusiasma —al menos por estos días—, tiene solo dos pisos de altura. Excepto por la pintura fresca y la puerta corrediza que asegura el área de estacionamiento, no se diferencia de los almacenes que se encuentran en el vecindario.

“Estoy más entusiasmado con esto que con cualquier edificio gigantesco”, dijo Pérez.

El Espacio 23, nombrado así por su ubicación en la calle 23 del noroeste de Miami, en el sector industrial Allapattah, es el más reciente testimonio de la pasión de Pérez por el arte y Miami. El museo privado, que se presentará a los invitados esta semana, abrirá al público durante la semana del arte a principios de diciembre.

El Espacio se ajusta a un modelo estrechamente asociado con Miami, donde los principales coleccionistas han creado espacios especializados para proporcionar acceso público a sus colecciones privadas. Estos incluyen la Colección de la Cruz, de Rosa y Carlos de la Cruz en el Design District, el Almacén Margulies de Martin Margulies, en Wynwood, y la Colección de la Familia Rubell, que pronto abrirá un nuevo espacio en Allapattah. Las obras que alberga la Fundación Contemporánea Berkowitz —que incluyen una monumental escultura de metal de Richard Serra y una enorme escultura de luz de James Turrell— se trasladarán a Edgewater en los próximos años.

Pero, un momento. ¿Jorge Pérez no el mismo hombre cuyo nombre es parte del Museo de Arte de Miami Jorge M. Pérez (PAMM, por sus siglas en inglés), una construcción emblemática diseñada por la reconocida firma suiza Herzog & de Meuron? Entonces, ¿por qué renovar este pequeño almacén de 28,000 pies cuadrados y operarlo durante todo el año con sus propias necesidades de servicios públicos, personal y programación?

“El museo es un museo público y un museo es un lugar donde ellos eligen, con razón, qué exhibiciones van a tener”, explica. “Quería algo en donde se pudiera exhibir esta colección que continúa creciendo, no solo para mí —que no puedo verla, siempre estaba guardada—, sino también para el público. Eso fue muy, muy importante para mí. Y quería hacer las exposiciones que nosotros queremos hacer “.

Al decir nosotros, se refiere a un extraordinario trío conformado por él y su equipo de curadores, Patricia M. Hanna y Anelys Alvarez. Juntos han acumulado una colección cada vez más grande, de 1,500 obras contemporáneas (fotografía, pintura, escultura, video) de todas partes del mundo.

Pérez proporciona el combustible, no solo el dinero sino un entusiasmo infantil indescriptible. Como entrega muchas de sus tareas profesionales a sus hijos, Pérez pasa cada vez más horas en galerías, ferias de arte y estudios de artistas en todo el mundo. Las vacaciones incluyen recorridos a museos tan intensos que los compañeros de viaje a veces prefieren no participar.

“Puedo decirles que hay mejores coleccionistas en el mundo”, dice Pérez, “pero no hay nadie más apasionado por el arte”.

Según Dennis Scholl, coleccionista colega, ex miembro de la junta del PAMM y presidente/director ejecutivo del estudio Oolite Arts, en Miami Beach, “Jorge se ha sumergido en el mundo del arte de una manera profunda. Está construyendo una de las mejores colecciones del mundo. Tener acceso a eso simplemente yendo al espacio y abriendo la puerta es uno de los mejores regalos que cualquiera puede hacerle a nuestra comunidad”.

Muchas de las obras de la muestra inaugural de El Espacio son de superestrellas del arte contemporáneo: los estadounidenses Kara Walker y Rasheed Johnson, el chino Ai Wei Wei y el sudafricano William Kentridge.

Pero esto no es solo arte por amor al arte. Para Pérez, nacido en Argentina de padres cubanos, el arte es alimento para la mente y el alma.

“No se trata solo de arte. Se trata de significado, se trata de sociedad, se trata de cambio “, dice Pérez. “El arte ha cambiado mi vida... te hace pensar de diferentes maneras. Creo que nos hace más creativos y más comprensivos. Ser amigo de artistas ha sido algo extraordinario para mí. Así que si eso me humaniza, siento que humaniza a los demás”.

La exposición de apertura de El Espacio, “Tiempo de cambio: arte y desorden social en la Colección de Jorge M. Pérez”, presenta más de 80 obras de arte organizadas por el famoso curador colombiano José Roca. La muestra será acompañada por una colección de ensayos, de 600 páginas, escritos por académicos y expertos sobre los temas explorados en la exhibición.

La exposición tiene como objetivo provocar inquietud a través de temas como terrorismo de estado, activismo, migración, desplazamientos, historia y memoria, explotación, política e individualismo.

Es tanto un himno a la perseverancia como una dolorosa herida abierta en la carne viva.

Algunas de las obras que se encuentran aquí requieren una evaluación minuciosa. A primera vista, la de Lester Rodríguez parece cualquier mapa de la demografía latina de los Estados Unidos; de cerca, los “alfileres” se desvelan como peones de ajedrez. La biblioteca de Gonzalo Lebrija, del 2015, podría ser una exhibición de libros muy bien organizados, hasta que uno ve que estos libros han recibido disparos de balas.

En otras obras, los mensajes son explícitos. “Los días de esta sociedad están contados”, proclama Rirkrit Tiravanija en letras rojas sobre un fondo de páginas del New York Times. En una escultura de tamaño real de Fernando Sánchez Castillo, un estudiante ha sido empujado contra la pared en la clásica pose policial con los pantalones en los tobillos, una referencia a una masacre de estudiantes desarmados en 1968 en México. Una extraña escultura de 2017 realizada por Edward Rusche anuncia: “FUE POR CIGARRILLOS Y NUNCA REGRESÓ”.

Incluso algunas son declaraciones directas de ira. Para Jorge Pérez, el trabajo “más sobresaliente” en la exposición es el video de Tracey Rose del 2012. La artista, embarazada en ese momento, se encuentra desnuda ante una pared estampada con nombres de líderes de color asesinados por blancos a los que se opusieron: Malcolm X, Martin Luther King Jr., Steve Biko, Patrice Lumumba. Blanco blanco blanco blanco blanco! corea Rose a lo largo del video.

Incluso las obras visualmente más hermosas esconden historias inquietantes. El dibujo al carbón de Gonzalo Fuenmayor de un elegante candelabro colgado de un racimo de plátanos conmemora la violencia en la década de 1920, cuando el gobierno colombiano apoyó a la compañía United Fruit contra los trabajadores en huelga, matando a centenares. “Kevin”, el retrato fotográfico exquisitamente iluminado del 2005 creado por Pierre Gonord, representa a un hombre que se parece más a una celebridad que al hombre sin hogar que realmente es. Sus afines espirituales, las imágenes de Walker Evans tomadas en La Habana y los Estados Unidos en la década de 1930, se encuentran cerca de la entrada a la exposición.

Juntas, las obras en “Tiempo de cambio” crean una trama deslumbrante de un mundo que está mal.

“Queríamos que la primera exposición aquí hablara sobre el arte como agente de cambio social”, dice Pérez. “Todo arte necesita donaciones públicas y privadas para sobrevivir. Mucha gente dice que el arte es algo solo para los ricos... que es simplemente bonito y decorativo. Yo digo que no, el arte cuenta la historia de nuestras épocas. Debería ayudar no solo a nuestras almas, sino también a nuestras mentes a comprender los problemas de nuestras generaciones.

“Si puedo cambiar la mentalidad de las personas, entonces he logrado mucho”.

Si los conceptos de multimillonario (según la lista Forbes 2019, su patrimonio neto es de $1.9 mil millones) y de promotor social parecen contradecirse, Pérez señala que después de estudiar economía en Estados Unidos planeaba regresar a su hogar en Colombia “para ayudar a crear una sociedad más equitativa”. En cambio, se convirtió en un planificador urbano y luego en un promotor de viviendas asequibles, un mercado en el que su empresa aún trabaja, a pesar de que hoy es mejor conocido por sus lujosas construcciones y contribuciones.

Su éxito, dice Pérez, viene acompañado de responsabilidad.

“Creo particularmente que por ser una persona adinerada tienes la obligación de retribuir a la sociedad. Vengo de países donde tenemos revoluciones constantes. No hay duda de que las revoluciones no llegan solo porque hay una persona, ya sea de izquierda o de derecha, que decide que quiere ser el dictador. Llegan porque hay grandes luchas entre los que tienen y los que no tienen. Y mientras más den los que tienen a los que no tienen, menos se sentirán esas luchas sociales y más equitativa será la sociedad que tenemos”.

Pérez espera que la misión social de El Espacio se extienda a los artistas que se quedarán y trabajarán allí en tres apartamentos construidos especialmente para residencias. “Queremos ayudar a los artistas a venir a Miami y a desarrollar no solo sus carreras en el arte, sino también a retribuir a la comunidad. Así que los imaginamos viniendo y enseñando tal vez en la escuela secundaria local, cosas así ”.

Él también quiere incentivar al vecindario a participar también con el arte. Con ese fin, El Espacio está planeando actividades de arte grupales y parrilladas gratuitas. “Queremos que los vecinos entren aquí, y cuando lo hagan, siempre habrá alguien aquí que pueda explicar el arte. Con el arte conceptual en particular, eso es extremadamente importante, saber lo que el artista estaba pensando “.

Pérez también está pensando en oportunidades de ingresos. Espera organizar un negocio que involucre a la artista local Agustina Woodgate, las instalaciones cercanas de Goodwill Industries y otros vecinos. Juntos, crearían las alfombras cosidas a mano hechas de animales de peluche reciclados que se han convertido en una firma de la práctica artística de Woodgate, un medio para preservar bellos recuerdos mientras se rinde homenaje al emblema de la tradición oriental. El plan propone que la artista, las personas que cosen y Goodwill compartan los ingresos por las ventas.

Las próximas exposiciones en El Espacio podrían traer mensajes no tan fuertes.

“Otras partes de mi colección no hablan de la sociedad”, dice Pérez. “Pero son tan hermosas que son inspiradoras“. En las etapas de planificación está una colaboración con el Museo Reina Sofía de Madrid para exhibir obras de artistas españoles. Y más adelante una exhibición de las piezas de Pérez de arte africano contemporáneo.

Lo que El Espacio no hará es canibalizar las exposiciones o la atención del PAMM, dicen los involucrados.

Los curadores del museo y el personal de arte de Pérez se comunican constantemente, según el director del PAMM, Franklin Sirmans. Él y Pérez han viajado mucho juntos y hablan frecuentemente sobre arte, artistas e ideas.

Pero el entusiasmo ilimitado de Pérez ha superado cualquier barrera o los rígidos plazos de tiempo de un museo público, dice Sirmans. “Espero que nos complementemos”.

Para Pérez, los objetivos del PAMM y El Espacio son muy diferentes. “Queremos que esto, El Espacio, sea experimental. Queremos que sea más personal ”, dice. Su nombre intencionalmente no incluye Pérez para evitar confusiones.

Si todo sigue según lo planeado, El Espacio podría algún día pertenecer al PAMM como satélite para trabajo experimental.

“En el futuro, cuando me haya ido, me encantaría ver este espacio convertirse en un PAMM joven, al igual que PS1 en Nueva York, donde tienes MoMA y además, espacios más pequeños”, dice Pérez. “Este podría ser un lugar para el arte contemporáneo, más joven y local.”

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