El niño cubano que quiere ver al Papa
Que Dios construye con sus manos misteriosas y divinas nuestras vidas es algo que a esta altura de mi vida constituye una certeza. A veces esas manos parecen abandonarnos y sentimos que estamos solos frente al vendaval, totalmente a merced de los vientos. Pero cuando y como Él quiere, el velo de la soledad se rompe y vemos su rostro luminoso y sonriente. ¡Cuántas veces en mi vida he visto amanecer “mi sol de la Justicia”, el divino sol de la misericordia! Y entonces la certeza de su presencia me envuelve con el suave olor de su perfume. Con la suave luz, que no se impone ni me ciega, solo me hace ver más allá de la oscuridad.
Dios me regala esos momentos que luego me permiten recorrer largos trechos de silencio, de desierto y soledad cargando con mi cruz y las de los que me rodean.
Hace año y medio Dios me dio la oportunidad de conocer a un niño muy especial. Su nombre es Pablo y su vida es un don maravilloso de la divina misericordia para cuantos hemos tenido la suerte de conocerlo. Hace año y medio esa vida tan preciosa ha sido amenazada por un cáncer terrible, de la peor y más agresiva especie. Para Pablo, para sus padres y hermana menor, para sus abuelos y toda su familia y otros tantos amigos y conocidos, la vida de Pablo se ha convertido en motivo de preocupación, de oración y de una enorme solidaridad.
Como tantos cubanos, Pablo, hoy un joven de 16 años, su hermanita y sus padres nacieron y crecieron en una Cuba donde la religión no se enseñaba en las escuelas, a veces tampoco en las casas. Más que ateos ellos eran “irreligiosos”. Alguna vez, sin embargo, la tía de ellos, hermana del abuelo paterno, me habló de su familia, realmente maravillosa, pero que no sabían nada de Dios. Esa tía, religiosa del Sagrado Corazón, rezaba por sus sobrinos y les daba el testimonio de su cariño continuo. Cuando pudo regresar a Cuba, regresó. E incluso llegó a ser presidenta de la Concur, (confederación de religiosos cubanos, que agrupa a todos los curas y monjas de Cuba que pertenecen a las distintas órdenes y congregaciones religiosas presentes en nuestro país).
Hace año y medio Cristina Colas, la tía monja de Pablito, me llamó angustiada porque se le había descubierto un cáncer “al niño” de Tony y necesitaba de tratamientos especiales. Debía ir fuera de Cuba. En menos de 24 horas me puse al habla con mis amigos cubanos de EEUU, y con el jefe de la Oficina de Intereses. Mis amigos llegaban a Cuba al otro día de mi llamada, porque venían a ayudar en varios proyectos humanitarios, y entre ellos venía un primo de Tony, el padre de Pablo, Roberto y su esposa, Elizabeth.
Se reunieron en el Hotel. Tony y Laurita explicaron la situacion médica de Pablo. Todo el mundo estuvo dispuesto a ayudar. Tony y Roberto se veían por primera vez. Pero desde ahora serían primos no solo por la sangre sino también por el Espíritu… hermanados por el empeño de salvar a Pablo. John, el jefe de la Oficina de Intereses resolvió la visa de un día para otro… Y comenzó la larga y difícil batalla contra el cáncer. Primero salieron Pablito y Laura y luego Tony y Amelia.
Un año y medio después, el 3 de abril del 2015, Viernes Santo, recién terminado el Via crucis en Caracusey, uno de los 25 pueblos que atiendo pastoralmente en Trinidad, a las 10:30 de la noche, sonó mi celular. China, la abuelita paterna de Pablo me llamaba desde La Habana para informarme que su nieto estaba en estado crítico y había pedido bautizarse. Uno de mis amigos de Nueva York, José María de Lasa estaba dispuesto a correr con los gastos de mi viaje, pues Pablito quería que yo lo bautizase. Le dije que sí, que estaba dispuesto.
EL BAUTIZO
Llegué a Miami el jueves 9 de abril. El sábado 11 sería el bautismo, víspera de la Fiesta de la Divina Misericordia. El domingo muy temprano Pablito tenía el ingreso en Saint Jude, el famoso hospital infantil que tiene lo más novedoso en el país en cuanto a tratamientos contra el cáncer. El viernes a media mañana nos reunimos Pablito, sus padres y hermanita en el cuarto del Baptist donde ha estado bajo tratamiento desde hace año y medio. Yo nunca había bautizado a una familia completa. Siempre que bautice adultos fue tras una larga preparación. Yo no había estado con ellos en el largo catecumenado (preparación para el bautismo de adultos) como solemos hacer en Cuba. Aquellas cuatro horas han sido una de las experiencias más conmovedoras y espirituales de mis 38 años de sacerdote.
Les pregunté por qué querían bautizarse. La respuesta vino de Laurita. “En el peor momento de nuestras vidas las personas que nos tendieron la mano y nos ayudaron fueron los creyentes. Nos apoyaron con su cariño, rezaron por nosotros y no nos dejaron ni emocional ni materialmente solos. Estuvieron ahí para nosotros: queremos ser como ellos”. En otro momento alguien añadió: “Dios se ha convertido en nuestro amigo. Lo hemos sentido con nosotros, hemos visto su mano. Quisiéramos saber más de sus cosas. Pero Él ya forma parte de nuestras vidas”.
Muchas veces, en el curso de la conversación, un nudo cerraba mi garganta. Recordaba el pasaje de los Hechos de los Apóstoles, cuando Pedro, enviado a predicar a la familia de Cornelio, se dio cuenta que no podía negarles el bautismo porque “ya el Espíritu Santo había bajado sobre ellos”. Yo sentí lo mismo. Pablo y su familia estaban listos para recibir “la fuerza que viene de lo alto”.
En el atardecer del sábado víspera de la fiesta de la divina Misericordia, Dios me regalo la alegría de bautizar a Pablo y su familia. En la repleta capilla del hospital, estaba tía Cristina, gozosa y llorosa, como todos los que llenábamos la capilla. “La familia que encontró a Cristo”, así los califique en la homilía. Dios es tan grande que puede sacar lo mejor de lo peor. Esta enfermedad es algo malo en sí, pero ha sido la puerta por la que Dios entró en esta familia. Solo Dios puede convertir tanto mal en tanto bien. “Lo que para los hombres es imposible, es posible para Dios”, tal y como le dijo el ángel a la Virgen.
LA MANO DE DIOS
Y pienso que esta es una metáfora magnífica para que los cubanos aprendamos a descubrir la mano de Dios en tantas situaciones, acontecimientos y personas que nos han parecida un mal… y que quizá lo han sido, objetivamente hablando. Dios puede salvar lo aparentemente irremediable. Dios tiene el poder de lograr y hacernos lograr lo que dice una canción: “Y al malo solo el cariño lo vuelve puro y sincero”. Quizás el mal es solo el crisol de la bondad… como leí hace mucho tiempo.
La institución que se dedica a complacer los deseos de niños y adolescentes enfermos le preguntó recientemente a Pablo qué deseaba. Le dieron la oportunidad de expresar tres deseos… él dijo en primer lugar: ir al Vaticano y ver al Papa. En segundo lugar, ir a Roma y ver al Papa. En tercer lugar, ver al Papa en Roma o en el Vaticano. Estas amables personas le han concedido a Pablo su deseo. Ahora estamos esperando por una mejoría que le permita emprender este viaje.
Se me ocurre que los cubanos de acá y de alla, en la Isla y en la Diáspora, podríamos unirnos en una misma petición. Dos milagros: el milagro pequeño, que Pablo pueda viajar y que el Papa, en medio de sus muchas ocupaciones, pueda abrazar y bendecir a Pablito. El otro, el milagro grande, que Pablo salga victorioso en esta larga lucha contra el cáncer, que siga iluminando con su presencia y su bondad nuestras vidas. Que después de esta noche oscura de dolor e incertidumbre amanezca para Pablo, para su familia y para tantos amigos de allá y de acá, el Sol de la Justicia y la Misericordia, el Sol de la Paz: Jesús, el Señor.
Los intelectuales cubanos Cintio Vitier y Fina García Marruz hace años me hablaron de un apunte de Jose Martí que luego, quizá por coincidencia, quizá porque lo pudo leer, César Vallejo convirtió en poema “Masa”. Un poema que nos habla de la capacidad que tiene para dar vida, la unión desinteresada de los corazones –la fuerza de la Fe, del Amor y la Esperanza. Quisiera que lo hiciéramos realidad. Más allá de las diferencias y las divisiones, un deseo sencillo y puro, que a nadie hace mal y nos beneficia a todos. Te pido que envíes este mensaje a muchas personas, a tus familiares y amigos, dentro y fuera de Cuba, cubanos o no. Pidamos a Dios que estos dos milagros se conviertan en una nueva resurrección de la bondad y del amor, en el corazón de nuestra gente.
POEMA ‘MASA’, DE CÉSAR VALLEJO
Al fin de la batalla,
y muerto el combatiente, vino hacia él un hombre y le dijo: «¡No mueras, te amo tanto!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Se le acercaron dos y repitiéronle:
«¡No nos dejes! ¡Valor! ¡Vuelve a la vida!» Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Acudieron a él veinte, cien, mil, quinientos mil,
clamando «¡Tanto amor y no poder nada contra la muerte!» Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: «¡Quédate hermano!» Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.
Entonces todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vio el cadáver triste, emocionado; incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar...
Lee todo en: Masa - Poemas de César Vallejo
http://www.poemas-del-alma.com/masa.htm#ixzz3c7o93BLb
José Conrado Rodríguez es sacerdote en Trinidad, Cuba.
Esta historia fue publicada originalmente el 19 de junio de 2015, 0:02 p. m. with the headline "El niño cubano que quiere ver al Papa."