Derribar la bandera confederada es solo el comienzo
Supongamos que los estadounidenses negros marcaran su herencia con banderas que describieran la rebelión de Nat Turner de 1831, en la cual esclavos masacraron aproximadamente a 60 blancos antes de que la insurrección fuera aplastada. La bandera no estaría celebrando el asesinato de blancos, por supuesto, ¡sino meramente conmemoraría un hito factual en la historia negra!
Supongamos que mexicoestadounidenses ondearan una bandera que describiera la Batalla del Álamo. El punto no sería celebrar la matanza de tejanos, ¡sino expresar orgullo de la herencia mexicana!
Supongamos que canadiensesestadounidenses desplegaran una bandera que presentara la quema de la Casa Blanca en la Guerra de 1812. Nada en contra de los yanquis, por cierto; ¡tan solo un punto de orgullo histórico de Canadá!
Supongamos que mujeres estadounidenses ondearan banderas de Lorena Bobbitt, quien reaccionó al abuso doméstico en 1993 cortándole el pene a su esposo y lanzándolo a un campo. El objetivo no sería aprobar la mutilación sexual por supuesto, sino, ¡la posterior exoneración de Bobbitt, un fallo histórico en el reconocimiento de la violencia doméstica!
Bien, captan el punto. Es así como la bandera de batalla de los confederados se ve para muchos de nosotros. Y cuando menos Nat Turner estaba peleando por su propia libertad, al tiempo que la bandera confederada de batalla era la bandera de aquellos que combatían la libertad, defendían la esclavitud, apaleaban a trabajadores por los derechos civiles; y, en fechas más recientes, asesinaron a feligreses negros. Además, resulta estimulante ver el mismo desagrado expresado en la corriente popular del sur.
“La bandera de batalla de los confederados era el emblema del desafío de las leyes racistas Jim Crow al movimiento por los derechos civiles, de la oposición Dixiecrat a la integración, y del terrorismo interno del Ku Klux Klan’”, apuntó Russell Moore, de la Convención Bautista del Sur. “Los cristianos blancos deben pensar en lo que la bandera les dice a nuestros hermanos y hermanas afroamericanos”.
El año pasado se produjo un profundo debate con respecto a la raza en Estados Unidos. Sin embargo, buena parte de ese debate parecía más polarizante que iluminador, dejando a cada parte más atrinchera que de costumbre. Así que ahora es en verdad emocionante ver una ola de acción.
Carolina del Sur pudiera quitar finalmente la bandera de las premisas de la Casa de Gobierno; Alabama ya quitó cuatro banderas confederadas de sus instalaciones en el Capitolio estatal, en tanto Mississippi también pudiera quitar una cruz confederada de batalla de la bandera estatal. Virginia, Tennessee, Maryland y Carolina del Norte al parecer están posicionados para mantener la bandera confederada fuera de las matrículas vehiculares. Se prevé que un busto de Nathan Bedford Forrest, el general confederado y uno de los primeros líderes del Ku Klux Klan, sea desalojado de la Casa de Estado de Tennessee. Wal-Mart, Sears, Amazon, e-Bay y otros minoristas ya no venderán mercancía confederada.
Así que finalmente estamos viendo no solo un debate, sino acciones.
Sin embargo, el movimiento es quimérico en ciertas formas. Tiene que ver con un símbolo, y ahora el progreso sobre el símbolo necesita ser igualado por el progreso en desigualdad racial en la vida cotidiana.
La mayor vergüenza de Estados Unidos en el 2015 no es un pedazo de tela. Es que un niño negro tenga una expectativa de vida de cinco años menos que la de un niño blanco. Es que la entrada neta del hogar negro en 2011, en promedio, fue de $6,314, comparado con $110,500 para el hogar blanco promedio, con base en datos del censo.
Es que casi dos tercios de los niños negros crecen en familias de bajos ingresos, y más de un tercio de niños negros en zonas urbanas en condición de pobreza sufren envenenamiento por plomo (y, a menudo, daño cerebral de por vida), sobre todo por pintura de plomo en viviendas por debajo de la norma.
De mayor consecuencia que esa bandera es nuestro defectuoso sistema de financiamiento escolar que perpetúa la desigualdad. Los estudiantes negros en Estados Unidos tienen probabilidades mucho menores que los blancos de asistir a escuelas que ofrezcan cursos avanzados de ciencia y matemáticas.
El único sistema público en el que EEUU se esfuerza más de la cuenta por suministrarles servicios a negros estadounidenses es la prisión. En parte debido al desastroso experimento de encarcelación masiva de hombres negros de veintitantos, sin diploma de High School, que tienen mayores probabilidades de estar encarcelados que empleados, según un estudio de la Oficina Nacional de Investigación Económica.
Así que apoyo totalmente que se baje la bandera confederada de batalla, pero ahora pasemos de movimientos simbólicos a otros sustanciales.
Eso significa, por ejemplo, programas para la infancia temprana, que ofrecen oportunidades para crear un punto de partida más parejo para los afroamericanos. Entre estos están visitas a casa, preescolar de alta calidad y programas de alfabetización.
Un estudio al azar de la Universidad de Stanford examinó un programa sencillo y barato llamado Ready4K!, el cual meramente enviaba tres mensajes de texto a la semana a padres de familia para alentarlos a leerles a sus alumnos del jardín de infancia, y fue asombrosamente exitoso. Los padres les leyeron más a los hijos, quienes después experimentaron progresos en el aprendizaje y esto fue particularmente cierto entre niños negros e hispanos. Además, como estos eran mensajes de texto, el costo era menor a $1 por familia, por todo el año escolar.
Así que, seguro, ¡que se vayan las banderas de la Confederación de todo el país! Y después, demos un giro para abordar una mayor desgracia nacional: en el 2015, muchísimos niños siguen sin tener la misma oportunidad en la vida debido al color de su piel.
Esta historia fue publicada originalmente el 4 de julio de 2015, 8:16 a. m. with the headline "Derribar la bandera confederada es solo el comienzo."