OLGA CONNOR: Independencia, ciudadanía y colonialismo
En todas las naciones se celebran rituales que reafirman la alianza a un ideal de su soberanía. En Estados Unidos ha sido la fecha en que se conmemora la Declaración de Independencia contra el poder colonial de Gran Bretaña, firmada el 4 de julio de 1776. Todos los años, el 4 de Julio se celebra con grandes eventos festivos: fuegos artificiales, picnic con barbacoa, conciertos, juegos de béisbol y petardos que tiran los niños en las calles y fiestas familiares.
En los alrededores de esta fecha adquieren también carta de ciudadanía los extranjeros en este país, como el gran evento celebrado en el Teatro Tower del Miami Dade College el jueves 2 de julio, en el que decenas de nuevos ciudadanos juraron lealtad a esta nación en la ceremonia de naturalización de los Servicios de Ciudadanía e Inmigración de Estados Unidos (U.S. Citizenship and Immigration Services, USCIS).
Recuerdo perfectamente que mi aceptación a la ciudadanía en 1974, se celebró en una ciudad muy famosa para la independencia de este país, nada menos que Filadelfia, donde está la Campana de la Libertad (Liberty Bell), en el parque enfrente del llamado Hall de la Independencia, donde se firmó el histórico documento.
¿Qué sentí entonces? Francamente, sin hipocresía ni corrección política (“political correctness”), mucho dolor. Habían pasado unos 14 años de estar en este país, pero no podía olvidar mi patria amada, Cuba. Había dilatado el evento y la formalidad lo más que pude, a pesar de tener apellido irlandesamericano de la familia del que era entonces mi esposo.
No sé si los demás desterrados piensan igual, no sé si a los mexicanos les apena convertirse en estadounidenses, o a los argentinos, o a los chilenos, o a los colombianos. Pero me parece que quizás los venezolanos hayan pasado por un sentimiento similar. Porque no es lo mismo estar exiliado que emigrado. Que se lo vayan a decir a otro que no sabe, o que no siente. Además, en 1974 yo no podía visitar Cuba, aunque después sí lo hice. Pero no es igual. Mientras que todos los otros emigrados nacionalizados aquí, sí tienen esa capacidad ampliamente reconocida, aunque sean ciudadanos de EEUU.
Otro aspecto que hay que mirar en eso de la ciudadanía para los extranjeros es que hay que adquirirla por fuerza en este país, para poder seguir viviendo con derechos importantes, como es el de la salud, los viajes, los trabajos y otros menesteres. Pero uno se pregunta por qué si Florida era cubanoespañola, la Luisiana francesa –española, y toda la media luna que forman Nevada, Arizona, Colorado, Nuevo México, California, y otros estados son del antiguo territorio mexicano– español, ¿no tenemos los mismos derechos los inmigrantes hispanos que los irlandeses e ingleses tuvieron en sus principios? ¿Ellos, que colonizaron estas tierras después?
Por eso el día del almuerzo del US Cuba Democracy PAC en el Biltmore, el 2 de diciembre de 2014, fecha del primer discurso que pronunció Jeb Bush en la que dio una idea muy velada de que aspiraría a la presidencia, le hice una pregunta fundamental sobre inmigración: ¿Qué pasaría si los mexicanos le dijeran a usted que tienen derecho a reclamar todas estas tierras, lo mismo que dicen los israelíes de Palestina, y que los ilegales son los estadounidenses que se las ocuparon por la fuerza? ¿Sería lógico, no es así? Bush, a quien admiro por su inteligencia y su moderación política, y su interés en los hispanos, se paró a pensar un poco. En ese instante el ex representante Lincoln Díaz Balart, que estaba a su lado, terció diciéndome que mejor dejáramos esa pregunta para otra oportunidad, porque el ex Gobernador tenía que ir a pronunciar su discurso. La pregunta sigue en pie.
De otra parte del salón alguien me conminó a pensar que los californios, nombre hispano de los californianos, no se consideraban mexicanos. Pero los que ocuparon sus tierras fueron allí, porque Estados Unidos dirigido por el presidente James Knox Polk había ganado la guerra mexicanoamericana en 1846, que le dio la mayor parte del Suroeste de este país a Estados Unidos. Fue una ocupación del territorio basado en la fuerza y a mano armada. Sin justicia ni derechos para los pobladores, ante lo que se tuvieron que rendir los californios que se habían sentido muy independientes hasta ese mismo año.
La independencia de este país se logró para no seguir siendo colonia británica, pero muy poco tiempo después, en dos o tres generaciones comenzaron a expandirse e imitar el sistema colonial que habían padecido. Ya desde 1848, Polk quiso comprar Cuba por una cifra increíble, $100 millones, equivalente a $2,730 mil millones actualmente. Pero España se negó.
Esa historia de expansión y ocupación ha traído muchas ventajas a EEUU, pero también muchas responsabilidades y problemas. Y el estilo colonial ha amparado lo mismo a dictaduras que a democracias. Porque a Estados Unidos lo que le importa es mantener la paz británica, que es igual que la antigua “pax” romana. Daba igual quién gobernara en esos países, lo importante había sido cuán fácil y llevadera les era la relación con sus gobiernos. La filosofía republicana se había mantenido para una nación de hombres blancos: Estados Unidos. Con el tiempo, esta nación ha tenido que ir cambiando, asumiendo sus responsabilidades hacia las diversas razas y grupos étnicos que lo componen. La mujer también ha adquirido su carta de ciudadanía poco a poco. Pero en ninguno de esos renglones ha avanzado totalmente. Tiene que comprometerse a una justicia cabal, y a la libertad y oportunidades para todos, incluyendo a inmigrantes, a quienes se les ofreció trabajo y ahora también se les debe ofrecer la libertad que da la ciudadanía.
Ser ciudadanos implica que apoyemos el ideal de libertad, fraternidad e igualdad que proclaman las revoluciones modernas, pro republicanas, siguiendo la francesa, que dentro de su propio país decidió liberarse de sus opresores en el siglo XVIII. Si esta nación respaldara de verdad las libertades contra las tiranías se habría comportado de muy distinta manera a través de su breve historia desde 1776. Es hora de que Estados Unidos respete verdaderamente aquello en lo que cree para sí mismo tratando a todos sus pobladores y a sus relaciones extranjeras con la misma vara de medir.
olconnor@bellsouth.net
Esta historia fue publicada originalmente el 3 de julio de 2015, 8:20 a. m. with the headline "OLGA CONNOR: Independencia, ciudadanía y colonialismo."