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Lizette Espinosa: decir unas palabras como quien nada teme

Espinosa nos recuerda con palabras claras, en un susurro, que somos todavía ese viejo ser para la muerte; y luego de escuchar atentos, de leer y releer en cada metáfora la vastedad y al mismo tiempo la pequeñez del universo, nos acoge esa plenitud en soledad que siempre nos martilla en el pecho un poema demoledor.
Espinosa nos recuerda con palabras claras, en un susurro, que somos todavía ese viejo ser para la muerte; y luego de escuchar atentos, de leer y releer en cada metáfora la vastedad y al mismo tiempo la pequeñez del universo, nos acoge esa plenitud en soledad que siempre nos martilla en el pecho un poema demoledor. Foto de cortesía

El valor de un libro no debe ser determinado por la cantidad de ejemplares que vende ni por la opinión parcializada de la crítica. La validez de una página será dada por su permanencia en el tiempo, en la memoria de los hombres, y por la cantidad de lectores fieles que regresen a beber de esa fuente de aguas siempre claras.

La calidad de un escritor tampoco puede ser determinada por la cantidad de páginas que escribe o libros que publica y vende; pero en el presente que habitamos la literatura también ha caído bajo las pautas marcadas por las fluctuaciones del mercado, las listas de bestsellers, los premios y la especulación monetaria. El dinero de hoy ha logrado convertir vocaciones en oficios bien pagados, mientras los políticos siguen anunciando la utopía en el televisor y el párroco del pueblo, por el módico precio de un dólar, pregona a la entrada de la iglesia su agua bendita embotellada.

Como quien nada teme (Editorial Summa, Lima, 2023), el poemario más reciente de Lizette Espinosa, no tiene ningún atributo para integrar una lista de bestsellers. Fue publicado por una pequeña editorial peruana, con una tirada de 400 ejemplares, y escrito por una poeta cubana, exiliada, residente en Miami y con un par de títulos anteriores. Lo que sí tiene este libro breve es un manojo de versos y poemas que siempre nos van a traer de regreso a sus páginas, poniendo aviso de llegada y apuntando a su posible permanencia en la memoria de los hombres.

Los poemas que conforman este libro son espejos donde se refleja y transcurre la vida. Las palabras y los temas son los mismos, los de siempre: la soledad, el deseo, el perdón y la pérdida, los naufragios, el silencio y la muerte; al final trabajamos el mismo barro a la hora de traducir la vida en versos. Pero, lo que hace único a este libro es su discurso, versos sin estridencias ni rebuscamientos, amparados en un dominio del lenguaje y desde una sencillez extrema en el uso de su voz. Espinosa nos recuerda con palabras claras, en un susurro, que somos todavía ese viejo ser para la muerte; y luego de escuchar atentos, de leer y releer en cada metáfora la vastedad y al mismo tiempo la pequeñez del universo, nos acoge esa plenitud en soledad que siempre nos martilla en el pecho un poema demoledor.

No crean cuando escuchen a alguien decir que ha decidido ser poeta o que va a dejar la poesía. La poesía es quien escoge al poeta, y el escogido dirá, en verbo y verso, las verdades que le dicten las voces de la poesía. Verdades comunes, que duelen a diario, que lastran y estrujan la existencia de los hombres, para que sean puestas en blanco y negro por la lengua cortante del escriba. Lizette Espinosa no ha dicho nada sobre la poesía pero ha llegado a esta casa con un fardo de palabras sencillas a contar y a cantarnos sus verdades abiertas.

Hablaba, al inicio de estas palabras, sobre la permanencia del escritor y la cantidad de páginas o libros que publica y pensaba en la presencia constante de Pedro Páramo, el padre de Rulfo. Pensaba también en esa mitología llamada Borges y en una supuesta entrevista donde dijo que “no existía mayor gloria para un poeta que dejar un verso en la memoria de su pueblo.”

Pensaba en los dos últimos versos de “Cristo en la cruz”, del propio Borges: ¿De qué puede servirme que aquel hombre / haya sufrido, si yo sufro ahora? Recordaba el Espantado de todo, me refugio en ti, una línea de Martí a su hijo pequeño. Pensaba en el día en que nació Vallejo, cuando Dios estuvo enfermo.

He encontrado, en las páginas de Como quien nada teme, versos que nada tienen que temer o envidiar, que pueden marcar memorias y un puñado de hombres: Dichosa la palabra que engendra otra palabra, …la sombra del hombre más cercano / es puente hacia el abismo, …la piedad me contempla con ojos de alabastro.

Y estos tres versos de un poema titulado “Exilio”: No hay sitio para aquel que ha perdido su rumbo / y amanece a las puertas de una tierra baldía / (...) con la piedra del juicio colgada sobre el pecho.

“Como quien nada teme”, de Lizette Espinosa, se presenta en la Feria del Libro de Miami el domingo 24 de noviembre a las 3:30 de la tarde en el salón 8503 del edificio ocho, campus Wolfson del Miami Dade College, en el downtown Miami.

Esta historia fue publicada originalmente el 20 de noviembre de 2024, 4:14 p. m..

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