Galería 305

Introducción al capítulo ‘Una devoción viviente’

A escasos días de su partida del mundo terrenal, en la casa sacerdotal aledaña al santuario mariano que erigió con el auxilio pecuniario de gente humilde, pregunté a Monseñor Agustín Román su definición de la Ermita de la Caridad. El querido obispo cerró los ojos con ternura y visualizó una procesión de memorias en este bastión de la fe católica de la diáspora cubana.

“Una devoción viviente”, respondió. ¿Qué entiende por viviente?, indagué inmediatamente después. “Una cosa es una devoción seca, en que la gente sigue y no sabe por qué sigue –explicó–. Una devoción viviente es una devoción activa, que se mueve sola, llena la vida y no necesita ilustración religiosa”.

Poco imaginaba yo el sublime y sinuoso camino de la investigación y escritura de la biografía Agustín Román, pastor, profeta, patriarca que se abría ante mí hace más de tres años. Pero, instintivamente, sabía que el capítulo dedicado a la Ermita se titularía Una devoción viviente. En esta entrega, el Nuevo Herald adelanta, en exclusiva, la introducción a un detallado capítulo que no solo cubre la génesis y el desarrollo del hogar de la Patrona de Cuba en Miami, sino también el principio de un modelo de evangelización que alcanzará notoriedad a escala nacional en décadas venideras.

Esta historia fue publicada originalmente el 7 de agosto de 2015, 3:24 p. m. with the headline "Introducción al capítulo ‘Una devoción viviente’."

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