“Líquida” de Lleny Díaz Valdivia, un verso, un poema, un libro, la luz, el mar…
Líquida (kyrne, Rockford University, 2024) es un libro hondamente íntimo que indaga la crisis existencial desde el nacimiento, digo mal, desde la creación de la placenta como material precioso, “la sustancia amniótica y pantanosa de la que nunca terminamos de salir”, como dice Yoandy Cabrera el editor del libro y director de kyrne. El fruto no tan solo de la vida, también de las palabras y del hechizo simple de vivir.
Cada día / mí placenta / en los rincones de la casa / amanece negra. / Más muerta que nunca. / A veces / una bocanada de aire / un resucitar / por las ventanas / y vuelve a cargar / su humanidad
Recordemos que Lleny Díaz Valdivia tiene ya un libro que habla de la intimidad extrema de uno consigo mismo en el proceso en que vamos concibiendo la vida, Placenta colectiva (La Noctámbula, 2015), y en aquella ocasión la placenta se rompe y se suelta:
La bestia nos expulsa / desperté a la bestia. / Puse un ojal / entre sus dientes. / Aun así / seguía mi hoja / en blanco…
El silencio y las palabras son las dos funciones más extremas de la conciencia humana. Ambas crean el espacio necesario para que entre ellas, en la nada, se comience a nutrir el líquido con diferentes componentes que a su vez crea una savia que dará la vida. El libro reflexiona sobre el nacimiento, sobre todos los nacimientos, porque cada uno de ellos es un parto, como lo fue el de su hijo Alejandro, en quien se vuelca repetidas veces viéndolo de todas las formas posibles: Es un leñador / y yo su bosque, dice en el poema “1996”, luego ella misma de regreso a la placenta, habla del camino y escribe: bajo las manos del abuelo / tan niña que podía llorar… Pero al reflexionar, la verdad azota su rostro actual, como un viento interesante que la apuntala, Mi primo quería florecer / Yo, ser árbol. En “Arte pop” se refiere al proceso de otra savia, que va armándose de colores y música: Pablo, su nieto nonato,
En los aleros / Joplin / Picasso. / En las pantallas vulvas / Relojes. / Tú abres los ojos / ya sabes que Pablo / teje un nido.
De esta manera va armándose un libro íntimo y hermoso, de diferentes placentas, unas tal vez nunca llegarán a lograrse, otras van en curso hasta su terminación, un verso, un poema, un libro, la luz, el horizonte, la arena, las lecturas; también las dificultades, la basura, la inutilidad, la palabra insuficiente, el pensamiento oscuro, el grito que nunca salió y el que sí. La mierda, las urgencias, la verdad y su contraparte, Emily Dickinson, Anne Sexton, la lluvia, la calle, el equilibrio, las vocales moribundas; las paredes blancas y las iguanas verdes, los muertos, Marilyn de Armas y la torre Eiffel, algunas cosas de una isla perdida que no quiero nombrar. Un viaje en lancha, el ruido, la espuma, el zen, las horas, la noche y el fuego; Miami, la carretera, Coral Gables, Billie Ellish, el sol, Mayami, la lluvia, las lágrimas, el mar. ¡Ah, el mar!
Para Lleny Díaz Valdivia todo se crea desde adentro, la savia que a su vez se erige en la placenta donde se reúne todo para ser procesado, todas sus placentas biológicas las tiene en los ojos para las imágenes, en el cerebro para entender, en la garganta para que su discurso se escuche… Beauvoir, en El segundo sexo, considera que una mujer no nace, sino que se hace. De sobra sabemos que utiliza metáforas para referirse al hecho “Femenino”, tema que siempre llevará a sanas y férreas discusiones; lo traigo a colación porque no obstante al feminismo de Lleny, ella acentúa la función biológica de la creación, porque siente que todo lo que se crea humanamente sale del SER, y lo dice claro en el poema a su hijo pintor: Tú has sido el hijo / y la madre. Tema para que el lector piense, investigue y discuta mientras llueve.
El agua… elemento que recoge todo lo que existe y que la lengua no puede expresar, agua que crea la savia, el caldo donde se revuelve todo para crear la vida, Líquida.
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