En el PAMM los gemelos Jiménez reimaginan la espiritualidad afrocubana a través del arte
En 1954, la escritora y etnógrafa cubana Lydia Cabrera publicó El Monte, un estudio pionero sobre la espiritualidad y las tradiciones orales afrocubanas. Cabrera dedicó su vida a documentar la fe Lucumí—también conocida como santería o regla de ocha—una religión sincrética que surgió en Cuba a partir de los sistemas de creencias yorubas traídos por los africanos esclavizados y fusionados con el catolicismo. Su trabajo preservó historias, rituales y saberes sagrados que, de otro modo, podrían haber permanecido ocultos, ganándose la confianza de comunidades que rara vez compartían esas prácticas con extraños. Cabrera murió en el exilio en Miami en 1991, pero su legado sigue moldeando la manera en que se entiende la cultura afrocubana en el mundo entero.
Este verano la presencia de Cabrera resuena de una forma nueva. El 28 de agosto de 2025 el Pérez Art Museum Miami (PAMM) inauguró El Monte, la primera exposición individual en un museo de los fotógrafos gemelos cubanoamericanos Elliot y Erick Jiménez. La muestra se inspira en el texto fundamental de Cabrera, publicado por primera vez en inglés en 2023 por Duke University Press.
La curadora asistente del PAMM, Maritza Lacayo, quien organizó la exposición para el museo, considera que la traducción es decisiva. “El Monte es uno de los libros más influyentes en la historia cultural cubana y, ahora, con su traducción al inglés, se ha vuelto accesible para una nueva generación de lectores”, señaló. “Para los gemelos Jiménez, que crecieron en Miami como cubanoamericanos, la traducción tiene un significado profundo. Los conecta con su herencia en su primer idioma”.
Elliot Jiménez coincidió con ese sentimiento: “Sentimos que tener nuestra primera exposición aquí en Miami, haciendo referencia al libro de Cabrera era importante, especialmente porque cuando comenzamos a trabajar en la muestra supimos que el libro estaba siendo traducido al inglés por primera vez. Eso amplía el acceso no solo a una nueva audiencia, sino también a cubanoamericanos de primera generación como nosotros. Muchos de nuestros amigos no hablan español necesariamente, así que ahora finalmente pueden leer esta obra y conectarse con ella”.
Para los artistas, el texto de Cabrera no es un guion a ilustrar sino un catalizador. “No nos propusimos necesariamente recrear el libro de Lydia Cabrera, nos propusimos crear un mundo inspirado en su espíritu”, dijo Elliot. “El Monte no es una ilustración; es una respuesta nacida de la herencia y la imaginación”.
Erick Jiménez añadió que el exilio de Cabrera otorga a la exposición una resonancia particular en Miami. “Es un círculo interesante que Lydia fuera forzada al exilio y viviera sus últimos años aquí, y ahora su obra vuelva a cobrar vida en esta ciudad”, reflexionó. “Nuestra propia familia también huyó de Cuba, buscando asilo en Costa Rica antes de llegar a Miami. Para nosotros, y para tantos en esta comunidad, esa historia de desplazamiento y refugio resulta profundamente familiar.”
Los visitantes de la exposición se encontrarán con un entorno inmersivo: un bosque nocturno donde flora y espíritus cobran vida. En su centro se alza una imponente ceiba, árbol sagrado en la cosmología afrocubana y considerado conector entre el cielo, la tierra y el inframundo. Dentro del árbol, un espacio representa el vientre compartido de los gemelos, albergando la Capilla de Ibejí, dedicada a los gemelos divinos del lucumí que simbolizan la dualidad, el equilibrio y la hermandad sagrada.
“Nuestra idea era que entraras a El Monte de noche”, dijo Erick Jiménez. “El espacio está diseñado intencionalmente para que los visitantes no solo miren obras en una pared, sino que recorran un bosque, encontrándose con figuras en el camino. Dentro de la ceiba, el espacio cambia, se convierte en una capilla, más vinculada a referencias católicas. Esa dualidad está en el corazón de la muestra, reflejando tanto la historia de la isla como nuestra propia historia como gemelos, cubanoamericanos bilingües y de herencia mixta”.
Para Elliot, la imaginería de Ibejí es profundamente personal. “Vemos a los Ibejí no solo como gemelos divinos en el lucumí, sino como un reflejo de nosotros mismos”, explicó. “Su historia de pérdida, de cuidado, de vínculo sagrado se convierte en una manera de contar la nuestra”.
La exposición también reflexiona sobre la maternidad, la presencia y la ausencia, y las dualidades que han marcado la vida de los artistas. Estas narrativas personales se entretejen con referencias a la historia del arte occidental, la iconografía católica y la mitología yoruba, creando lo que ellos llaman un “sincretismo visual” que invita a conexiones entre culturas.
Conocidos por su aproximación pictórica a la fotografía, los hermanos rechazan la manipulación digital en favor de técnicas experimentales. “Todas nuestras obras son fotografías”, explicó Elliot. “No hay Photoshop, todo sucede en el set. Construimos los vestuarios, los decorados, la iluminación, e incluso imprimimos en lienzo, trabajando la superficie mientras la tinta aún está húmeda para darle un efecto pictórico. Queremos empujar la fotografía más allá de la documentación, expandir lo que puede ser dentro de un museo”.
Entre sus motivos recurrentes están las figuras en sombra, cuerpos anónimos con solo los ojos visibles. “Las religiones que nos rodearon al crecer -lucumí, santería, palo-siempre se practicaban en la clandestinidad”, dijo Elliot. “Así que usamos el ocultamiento para referirnos a ese secreto. Al mismo tiempo, el anonimato permite que los espectadores se vean a sí mismos en la obra. Incluso si no conocen la santería, pueden conectarse con temas de resiliencia, ocultamiento y transformación”.
La organizadora de la exposición, Lacayo, explicó que esta estrategia enriquece la muestra. “Están creando un espacio que refleja cómo existe la espiritualidad: en fragmentos, en misterio, en lo que se ve y lo que permanece oculto. Esa ambigüedad forma parte de la historia”.
Para los hermanos Jiménez, Miami no es solo un telón de fondo sino una parte esencial de la narrativa. “Si me hubieras dicho hace cinco años que nuestra primera exposición individual en un museo sería en Miami, probablemente no lo habría creído”, dijo Elliot. “Nos fuimos a Nueva York hace una década porque la fotografía no tenía mucha visibilidad aquí. Las cosas han cambiado, y regresar con esta exposición se siente surreal, como un momento de círculo completo”.
Erick añadió: “Se siente distinto mostrar esta obra aquí que en cualquier otro lugar. Miami es donde nacimos, y también donde el lucumí y otras tradiciones afrocubanas están tan presentes en la vida cotidiana. Eso significa que las audiencias aquí pueden conectarse con ella de una manera muy personal. Para nosotros, eso la hace la más especial de todas”.
Lacayo subrayó la importancia del papel del museo. “Siempre que hacemos la primera exposición individual en un museo de un artista, estamos invirtiendo en ese artista”, afirmó. “Porque ellos nacieron aquí, y porque su historia refleja la de tantos otros en Miami -estadounidenses de primera generación viviendo entre culturas- nos pareció esencial estrenar esta exposición en PAMM. No podría haber sido en otro lugar”.
En última instancia, El Monte es un diálogo intergeneracional—entre el trabajo antropológico de Cabrera y la práctica artística de los hermanos Jiménez. Ese diálogo no es solo conceptual sino literal: la exposición incorpora grabaciones de campo que Cabrera realizó durante sus investigaciones en Cuba.
“A través de esas grabaciones Cabrera no solo es mencionada, está presente”, dijo Lacayo. “Su voz y los cantos que documentó se convierten en parte del paisaje sonoro”. Cabrera obtuvo un acceso extraordinario en una época en la que las mujeres rara vez podían entrar en esos espacios sagrados. Al grabar a babalaos (sacerdotes masculinos cuyos rituales estaban tradicionalmente cerrados a los forasteros) preservó cantos, rezos e historias orales que de otro modo podrían haber desaparecido.
En las galerías del PAMM, esas grabaciones se entrelazan con las imágenes de los hermanos Jiménez, uniendo pasado y presente. Ella regresa a la ciudad donde vivió sus últimos años no solo como una presencia intelectual sino como una voz viva.
Como dicen Elliot y Erick: “El lucumí ha existido durante siglos en la clandestinidad. Esta muestra trata de hacer visible lo invisible—de honrar una tradición transmitida oralmente y darle una nueva forma”.
Y en ese espacio de imágenes y sonido, la voz de Lydia Cabrera no resuena desde el pasado sino que respira en el presente, manteniendo viva la memoria afrocubana en Miami, la ciudad que una vez llamó hogar.
“Elliot & Erick Jiménez: El Monte”, Pérez Art Museum Miami (PAMM), 1103 Biscayne Blvd., Miami 33132. De 11 a.m. a 6 p.m., lunes, viernes, sábado y domingo; de 11 a.m. a 9 p.m., jueves. Cerrado martes y miércoles. Del 28 de agosto de 2025 al 22 de marzo de 2026. Más: (305) 375-3000 o www.pamm.org/en/visit
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