Exhibición sobre Cristo reúne arte de los últimos cinco siglos y de diversos continentes
La exhibición La luz del mundo en la Galería Saladrigas del Belen Jesuit Preparatory School, de Miami, reúne obras de 33 artistas que han retratado escenas, visiones e interpretaciones de la vida de Jesús, creando un diálogo único entre íconos rusos de diversos siglos, una pintura renacentista de la Escuela del Veronés, obras de la Escuela de Cuzco del siglo XVII, arte clásico de inicios del siglo XX, obras del Caribe modernista, y trabajos de artistas contemporáneos de Estados Unidos y de Latinoamérica, incluyendo íconos creados como plegarias en el siglo XXI y piezas en medios diversos de artistas locales.
Las curadoras Carol Damian y Adriana Herrera aseguran que la milenaria tradición del arte sagrado no se ha extinguido. “Nuestra investigación nos permitió acercar el arte colonial latinoamericano al arte iconográfico ruso, posiblemente por primera vez, y también reunir a numerosos artistas que hoy se han vuelto hacia la figura de Jesús representando momentos narrados en los evangelios con lenguajes contemporáneos, y situándolo ante los desafíos del tiempo presente”.
De un modo paralelo al que hace dos mil años llevó a Jesús a defender a la gente sencilla y a las mujeres y forasteros, y a desafiar a los poderes de su época, varias obras incluidas guardan una relación con la situación política del momento en que fueron creadas. Los estudios para el Sagrado Corazón del colombiano Ricardo Acevedo Bernal (1867-1930) fueron pintados en un tiempo en que su país buscaba en esa devoción una protección para salvaguardar la paz después de la Guerra de los Mil Días. Durante décadas Darío Ortiz ha representado a Jesús en escenarios contemporáneos y vestido con ropas modernas. En su versión de la última cena, Cristo reparte el pan a doce apóstoles, varios de origen latino, y en el trasfondo se observan las ruinas de Gaza. Y en su pintura La cena de Emaús Jesús se sienta a la mesa no con pescadores galileos, sino con campesinos mexicanos.
Paralelamente, la fotografía de Erik Ravelo, Señor dame la luz, 2009, una obra en la cual el artista retrata la instalación que hizo atando una escultura encontrada de Jesús crucificado a un poste de luz eléctrica, cobra aún mayor vigencia hoy cuando los cortes de electricidad en su país, Cuba, son un padecimiento permanente, y un signo de la oscuridad en que el poder dictatorial lo ha sumido. En la fotografía documental del también cubano Gonzalo González, una religiosa da la comunión a un niño a través de una reja.
“A lo largo de casi dos mil años —destaca un comunicado de la Galería Saladrigas, dirigida por Ignacio Font— los artistas han interpretado la figura de Jesucristo, dando forma a algunas de las obras maestras más profundas y visualmente impactantes de la historia”. La exhibición incluye el modo en que destacados artistas contemporáneos han revisitado esa tradición, realizando apropiaciones notables. El brasileño Vik Muniz usó recortes de revistas para realizar su obra The Crucifixion, after Thomas Eakins, 2011. A su vez, el venelozano Héctor Fuenmayor recrea en óleos amarillos la famosa ilustración de Durero (1471-1528) de la escena sobre la contemplación y la acción: Jesús en casa de las hermanas Martha y María. Finalmente, el artista local cubano Pavel Acosta, reconocido por su modo de recrear pinturas pelando las superficies de paneles de “sheetrock” (o de yeso), presenta en esta técnica su obra Después de la Crucifixión de Bartolomé Esteban Murillo (1675).
El manto de Turín, la imagen sagrada más polémica y la más venerada, pues no existen medios conocidos que puedan reproducir el modo de radiación que para los católicos permitió fijar el rastro del cuerpo atormentado de Cristo en la sábana que lo cubrió, inspiró a varios artistas participantes. Vero Murphy y Pamela Palmieri Bettner recrearon su rostro, la primera con mirra sobre vidrio y proyecciones, mientras la segunda usó técnicas medievales de temple al huevo sobre madera y yeso para su ícono. Willy Castellanos creó una instalación empleando la fotografía original que hizo visible el cuerpo que había recubierto el manto, y le sobrepuso otras dos imágenes situando a Cristo en el lugar del Hombre del Vitrubio de Da Vinci. Natalie Plasencia creó una escultura en látex y la hizo flotante “para representar al resucitado cuyo amor fue más fuerte que la muerte”.
La exhibición incluye retratos de Cristo en textiles de una gran pionera de este arte en Colombia, Stella Bernal de Parra, Mi cristiano, 1972; una pieza reciente con técnicas ancestrales del artista maya guatemalteco Jesús Tax; y el Descenso de la Cruz, 2014, del cubano Raimundo Travieso. El espectro de obras de La luz del mundo es tan amplio que abarca una pintura con elementos muy fuertes del modernista cubano Antonio Gattorno: This is my blood, 1904–1980; un Cristo sufriente en bronce puesto directamente sobre el suelo y sobre el cual penden tres clavos dorados de la escultora Plasencia; y una nevera encontrada y maravillosamente intervenida por el cubano Pablo Cano.
El 23 de abril a las 7 pm habrá una charla con la presencia de las curadoras Damian y Herrera y la significativa exhibición podrá visitarse hasta el 6 de mayo, cuando será el evento de clausura.
Galería Saladrigas del Belen Jesuit Preparatory School, 500 SW 127th Ave., Miami, Fl 33184.
Esta historia fue publicada originalmente el 9 de abril de 2026 a las 11:21 p. m..