Daína Chaviano y el regreso de “El hombre, la hembra y el hambre”
Reconstruir una sólida carrera literaria en el exilio, enfrentándose a otra realidad y en condiciones muy diferentes, es un reto para cualquier escritor y, salir airoso de él, una proeza.
Daína Chaviano, ampliamente conocida por exitosos libros de ciencia ficción y fantasía que la convirtieron en una de las autoras más leídas de Cuba, llegó a Estados Unidos en 1991. Siete años más tarde, recibió el importante Premio Azorín, en España, por su primera novela escrita fuera de su país de origen: El hombre, la hembra y el hambre. La obra tuvo un gran impacto (entre otras cosas, por introducir en la ficción el tema de las “jineteras”, que después abordarían otros autores) y abrió las puertas a libros posteriores suyos que han sido traducidos a una treintena de idiomas.
Sin embargo, a diferencia de otras creaciones de Chaviano, El hombre, la hembra y el hambre no había tenido nuevas ediciones. Era una obra elogiada por el público y los académicos, pero casi inaccesible para nuevas generaciones de lectores. La buena noticia es que Ediciones Furtivas la ha vuelto a publicar y la presentará en Miami el sábado 25 de abril, en la sede del Koubek Center, con la presencia de su autora y del también prestigioso autor y periodista Armando Correa, y la colaboración de la Feria del Libro de Miami y de la Fundación Cuatrogatos.
Conversamos con Daína Chaviano a propósito de la reaparición de uno de los libros más aclamados y reclamados de la literatura cubana contemporánea.
¿Qué significa para ti que El hombre, la hembra y el hambre vuelva a circular más de veinticinco años después de su primera publicación?
El hecho de que tantas personas sigan recordando esa novela o preguntándome por ella después de tantos años no deja de sorprenderme, especialmente porque la literatura se ha vuelto cada vez más efímera, como casi todo en el arte. En esas circunstancias, debería haber sido olvidada. Resulta desconcertante, pero al mismo tiempo halagador.
¿Cómo surgió la iniciativa de esta reedición con Ediciones Furtivas? ¿Se trata de una simple recuperación del texto original o ha habido revisiones, ajustes o nuevas decisiones editoriales?
La iniciativa provino de Karime Bourzac, directora de la editorial. La novela estaba agotada desde hacía tiempo, aunque no fue eso lo que me llevó a aceptar su propuesta, sino el cuidadoso catálogo y la belleza de sus ediciones. Me pareció que valía la pena que el libro volviera a circular en una edición de lujo, con una hermosa obra del artista Ernesto García Peña en la cubierta.
En cuanto a la segunda pregunta, no hice cambios en el texto original, salvo algunos ajustes ortográficos o gramaticales conforme a las normas actuales del idioma.
¿Crees que esta novela dialogará de manera distinta con los lectores de hoy que con los de comienzos de los años 2000?
No estoy segura. Las circunstancias actuales de Cuba no difieren mucho de las descritas en la novela. Sin embargo, a juzgar por lo que me han comentado los lectores, creo que su permanencia no se debe tanto al retrato de una época como al análisis —o la visión— de una realidad que parte de la psicología de sus personajes.
Se trata de personajes muy particulares, que actúan impulsados por motivaciones que podrían parecer comunes, pero no lo son. Muchos lectores me preguntan por ellos como si se tratara de personas reales. Incluso sus comportamientos más sorprendentes, que parten de vivencias paranormales o místicas, les resultan lógicos, pero quieren saber más sobre ellos o el modo en que fueron concebidos. Veremos cómo se acercan ahora a la novela, tanto quienes regresan a ella como quienes la leen por primera vez.
La novela está profundamente marcada por un momento histórico específico de Cuba: el llamado “Período Especial” a inicios de los años 1990. ¿Escribiste el libro desde la urgencia de testimoniar o desde una construcción más distanciada y literaria?
Cuando empecé a escribir esa novela, llevaba unos cinco o seis años fuera de la isla, así que aún tenía en carne viva las heridas y carencias de todo cubano. Como ocurre con cualquier experiencia traumática, sentí que debía exorcizar aquello. Pero me propuse hacerlo desde una perspectiva histórica, no personal.
No deseaba simplemente relatar anécdotas inspiradas en la realidad, sino ofrecer una mirada diferente. En otras palabras, no quería mostrar lo que resultaba obvio, sino lo que se ocultaba bajo la máscara de lo cotidiano. Por eso acudí a elementos aparentemente alejados del tópico cubano, como el misticismo y lo paranormal.
Me pareció que aportarían un enfoque distinto, permitiéndome acercarme mejor al espíritu de una ciudad como La Habana, que era lo que realmente me interesaba explorar para entender el alma de sus habitantes. Recuerda que esta novela pertenece al ciclo que titulé La Habana Oculta.
¿Qué recuerdos tienes del proceso de escritura de esta obra?
Fue una época que viví de manera vertiginosa. Me sumergí de lleno en la investigación histórica de La Habana de los siglos XVIII y XIX. Estudié grabados en los que aparecían pasajes y acontecimientos de la época, realizados por testigos visuales, desde la toma de La Habana por los ingleses hasta la vida de los esclavos en la colonia. Releí a Martí. Aprendí mucho sobre las calles de la antigua capital intramuros y descubrí el origen de sus nombres. Tuve acceso a una tesis universitaria, que me enviaron desde Cuba, sobre el espiritismo en la zona oriental de la isla… Todo eso me sirvió para documentarme.
El título ya plantea una tríada muy potente: hombre, hembra, hambre. ¿Cómo se articulan estos tres elementos dentro del relato?
El título nació de un juego de palabras. Hembra y hambre son prácticamente el mismo vocablo, salvo por el orden de sus vocales, que se invierte. La novela pudo haberse titulado La hembra y el hambre, pero eso habría dejado fuera un elemento crucial: la psicología masculina y su relación con la mujer y con las carencias que lo rodean. Por eso, hombre fue la palabra más adecuada para completar el juego.
Los tres elementos del título son igualmente protagónicos. Interactúan entre sí, formando una especie de Santísima Trinidad que permea la trama, como ocurre con el propio concepto de hambre: hambre de amor, hambre espiritual y hambre física.
En la novela conviven el deterioro material y una dimensión simbólica o incluso alucinada. ¿Cómo trabajaste esa mezcla?
Me resulta difícil crear personajes sin un componente psicológico que incluya sus creencias espirituales, porque estas constituyen el punto de partida y el marco de su evolución. Creo que la espiritualidad forma parte del ser humano, incluso del ateo, porque la ética se inscribe en ella, y todo individuo ejerce algún tipo de ética, ya sea para bien o para mal.
Cuando construyo un personaje, el elemento espiritual pesa más que su descripción física, porque determina su comportamiento y sus decisiones, marca las pautas de sus limitaciones o miedos… Incluso si no menciono explícitamente las creencias de un personaje, las desarrollo en su biografía, porque me sirven de guía para dar coherencia a sus acciones.
El cuerpo humano ocupa un lugar central en el libro. ¿Qué función narrativa cumple?
El cuerpo es un símbolo que funciona como eje vinculado al hambre. Al darle visibilidad a ese objeto de deseo —que es también receptor y consumidor de alimento— se establece un diálogo con el lector, en un nivel más concreto, sobre el significado de las carencias materiales, eróticas o emocionales.
La novela fue ganadora del Premio Azorín. ¿Qué impacto tuvo ese reconocimiento en tu trayectoria?
El premio posibilitó mi proyección como escritora fuera de Cuba. Cuando salí de la isla, ya había publicado cinco títulos y vendido miles de ejemplares. Sin embargo, llegar a Estados Unidos implicó empezar desde cero en un mundo competitivo, donde convivían escritores de muy diversas latitudes. El Premio Azorín me abrió las puertas del mercado internacional ante un público amplio y completamente nuevo, mucho más difícil y exigente que el nacional.
Eso ha hecho que mi producción posterior haya sido más lenta. Por contradictorio que pueda parecer, cada día me siento menos segura sobre lo que escribo, aunque dicen que ese es un fenómeno común entre los escritores.
¿Qué significado tuvo este premio para los escritores cubanos en el exilio y especialmente para los de Miami?
En aquella época se publicaron varios artículos al respecto. Hubo consenso en que ese premio otorgó una visibilidad súbita a la literatura cubana en el exilio e incluso contribuyó a romper ciertos prejuicios contra los escritores cubanos que vivían en Miami.
No sé si esto último es cierto, pero al menos sirvió para mostrar que los escritores cubanos no habían renunciado a seguir creando y desarrollando proyectos, aunque vivieran marginados y alejados de su patria.
¿Qué lugar ocupa hoy esta novela dentro de tu obra?
Esa novela marcó un punto de inflexión en mi carrera, porque logré probarme a mí misma que, además de publicar ciencia ficción y fantasía —géneros que me permitieron burlar la censura en Cuba— con bastante buena acogida entre los lectores, también era capaz de abordar otros registros con resultados igualmente respetables.
Con esa novela atravesé una frontera que no resulta muy común saltar y salí definitivamente al mundo para escribir con total libertad.
Presentación de “El hombre, la hembra y el hambre”. Koubek Center, 2705 SW 3rd St., Miami, FL 33135. Sábado 25 de abril a las 5:00 p.m. Entrada libre y parqueo gratuito.