Violaciones en Gran Bretaña dejan al descubierto problemas raciales
Vista general de Rotherham, Yorkshire, Reino Unido, este miércoles. Autoridades de los servicios de protección al menor afrontan presiones a raíz del informe que destapa unos 1,400 casos de abusos sexuales sufridos por menores.
"
alt="REINO UNIDO ABUSOS"
/>
Shabir Ahmed, un chofer y repartidor en dos sitios de comida para llevar no tenía que andar buscando a jovencitas. Adolescentes rebeldes y que se habían fugado, se presentaban en los restaurantes, a menudo, hambrientas y con frío. Les pasaba bebidas y pollo tikka masala gratis. “Llámame Papi”, les decía.
Sin embargo, pronto, Ahmed, con cuatro hijos, les exigía restitución. En un cuarto arriba de los restaurantes, según el testimonio y la evidencia hallada en los procedimientos legales posteriores en su contra, ponía un DVD pornográfico y les pasaba tragos de vodka. Entonces, en un colchón en el piso, con sábanas azules arrugadas, y los olores de la cocina que flotaban desde abajo, las violaba, y luego las obligaba a tener sexo también con compañeros de trabajo y amigos.
Las muchachas le tenían demasiado miedo como para hablar. Y cuando lo hacían, nadie les creía. En una ocasión, una chica de 15 años se emborrachó tanto y estaba tan molesta que hizo añicos una vitrina. Ahmed y sus colegas no dudaron en llamar a la policía. Después de que la liberaron, la obligaron a tener sexo cuatro a cinco veces por semana, en ocasiones, con media docena de hombres a la vez, en departamentos y taxis por todo Rochdale, una ciudad en el noroeste de Inglaterra, cerca de Manchester.
Se alertó a la policía y otras entidades sobre la posibilidad de que algo muy malo estuviera pasando, en más de 100 ocasiones en seis años, antes de que aprehendieran y acusaran a Ahmed, hoy con 61 años, de ser el líder de una banda de explotadores sexuales en la que estaban implicados ocho hombres de ascendencia paquistaní y un afgano. En mayo del 2012, le dictaron sentencia de 19 años de cárcel por violar e incitar a la violación en un caso que implicaba a por los menos 47 chicas, todas blancas.
Ahmed no mostró remordimiento. Llamó al juez un “bastardo racista”, a las chicas, prostitutas, y culpó a los británicos blancos por “entrenar” a sus hijas a beber y a tener actividad sexual a una edad temprana.
Las revelaciones recientes de que al menos 1,400 adolescentes y preadolescentes habían sido explotadas sexualmente en el transcurso de 16 años por las llamadas pandillas de acoso sexual a menores en Rotherham, otra ciudad del norte inglés, impactó a la nación debido a la sola magnitud del abuso. Y resaltó, en forma incómoda, los problemas de raza, religión y origen étnico en un país cada vez más multicultural: casi todos los sospechosos de violación son paquistaníes y prácticamente todas las víctimas son blancas.
Sin embargo, el problema y la lenta respuesta de la autoridad competente no se limitan, de ninguna forma, a Rotherham, donde se dice que desaparecieron los expedientes con las evidencias y no se ha levantado ningún cargo desde que, hace dos meses, se dio a conocer un informe independiente en el que se documenta el abuso generalizado. (Solo se había procesado judicialmente un caso en Rotherham, en el que están involucradas tres chicas adolescentes.) En la cercana Sheffield, una funcionaria local acusó a la policía de hacer caso omiso de información que le había pasado en la última década, incluidos direcciones en donde ocurría el abuso y nombres de los sospechosos de perpetrarlo.
La policía y los fiscales dicen que ahora están siguiendo casos en forma más agresiva por todo el país, incluido Manchester, donde se está investigando a cerca de 180 sospechosos. Simon Bailey de la Asociación de Jefes de Policía habló el mes pasado de los “muchos más Rotherhams por venir”.
Ahmed es un raro ejemplo del caso de alguien a quien se acusó, enjuició y condenó por violación, lo cual arroja luz sobre cómo funcionan las pandillas de acosadores sexuales y han contribuido a un patrón más amplio de abuso sexual de niños, en el que están implicadas celebridades, políticos, maestros de escuelas privadas y clérigos británicos.
El caso de Ahmed y los de un puñado de otros procesados desde el 2010, desde Rochdale y Keighley en el norte hasta Oxford en el sur, siguieron el mismo patrón: se encontró que, en su mayoría, los asiáticos acosaban sexualmente a chicas británicas blancas entre 12 y 18 años, haciendo que usaran alcohol y drogas, y luego las obligaban a tener sexo, ya fuera para obtener gratificación personal o para traficarlas y prostituirlas.
?
Esta historia fue publicada originalmente el 9 de noviembre de 2014, 5:00 a. m. with the headline "Violaciones en Gran Bretaña dejan al descubierto problemas raciales."