Milán, enigmática belleza
Algo ocurre en la pasarela de Milán. Si antes las firmas más decanas se empeñaban en sacar pecho y demostrar su supremacía a tenor de una factura impecable que miraba más al pasado que al presente, hoy dan un paso hacia un futuro, tan atrevido como extravagante.
La pasarela de Milán ha mostrado su edición más vanguardista capitaneada por Prada y Gucci, con algunos cambios de timón en Versace y un Giorgio Armani aferrado, con uñas y dientes, a su sello chic y femenino.
MELANCÓLICA PRADA
Más melancólica que nunca, Miuccia Prada vuelve a revisitar el armario femenino de la burguesía de principios de siglo pasado, para convertir el vestido y el traje de chaqueta-falda, en la armadura de una mujer de corte retrofuturista y ambigua.
Las modelos de la firma nunca sonríen, siempre parecen ninfas que acaban de ser arrancadas de un paraíso remoto.
Con esta actitud y vestidas por prendas de juegos geométricos y líneas en blanco, negro, rojo, amarillo y beige, las prendas de Prada han pintado de ambigua sensualidad la pasarela.
El vestido, de manga corta, vertebra esta propuesta, con falda tableada –en una infinita variedad de medidas–, y transparencias de variada sugerencia.
Cabe destacar los bolsos de atrevido color y forma, como el “inside bag”, un bolso doble, que la firma combina en atrevidas propuestas.
GUCCI REJUVENECE CON AMBIGÜEDAD
Alessandro Michele mira al legado de la centenaria casa italiana Gucci bajo una lupa de rabiosa y extravagante modernidad.
Los míticos trajes sastre de la firma rejuvenecen con brillantes telas de lurex, y las camisas con lazadas que tanto furor causaron en la anterior colección, reaparecen con coloridas lentejuelas y transparencias que llegan a zonas insospechadas.
La Primavera Verano de 2016 que imagina Michele para la firma viste con combinaciones imposibles, como si los estrafalarios personajes del cineasta Wes Anderson se hubieran dado al lujo: faldas de piel tableadas en colores dorado, rojo y azul eléctrico, acompañadas por camisas en verde aguamarina, gorro de punto de cruz y pendientes hasta los pies. Ahí queda eso.
Detalles de antaño, como cenefas de flores, puntillas y motivos de crochet, aparecen con efecto trampantojo junto a telas de estampado imposible, que combina los tréboles de cuatro hojas con los loros, abejas, flores, serpientes o piñas.
Un surrealista jardín de las delicias que quiere rejuvenecer a la casa italiana.
LA ‘MAMMA’ ITALIANA SE HACE SELFIS CON DOLCE & GABANA
Con su capacidad para exprimir la quintaesencia del imaginario italiano y plasmarlo en piezas de mimada manufactura, los italianos Dolce & Gabanna han combinado este marchamo con frases de amor hacia su país y una buena remesa de selfis.
Vestidos inspirados en la mamma italiana y pensados para seducir a la compradora internacional, son el eje sobre el que gravita el mundo de los diseñadores italianos. Proponen dos versiones: vestido ajustado, con largo por debajo de la rodilla y escotado; o silueta evasé, cuello a la caja y aires “minifalderos”.
Los primeros, armados en tul de seda y encaje, cobran protagonismo con bordados, abalorios y apliques metálicos, mientras que los segundos atrapan todas las miradas con tonos chillones, frases de amor a la cultura de Italia bordadas a mano y divertidos dibujos.
Entre tanta costura con sabor añejo, las modelos hicieron gala de su modernidad haciéndose selfis que proyectaban varias pantallas en la pasarela. Renovarse o morir.
VERSACE SE VA DE SAFARI
El habitual derroche de sensualidad, metros de tela, lentejuelas y escotes de vértigo de Versace se vieron sustituidos por un sobrio safari africano.
El caqui impuso su dominio en una colección que combinó el print animal de fantasía en tonos amarillo canario, naranja teja y berenjena, acompañado por un magistral ejercicio de transparencias, calculadas al milímetro.
El vestido de noche, icono de la casa, desfiló más corto que de costumbre, en telas de distintas tramas que imitan la técnica del patchwork, que acompañaron a trajes de chaqueta que se adueñó de toda la paleta cromática del caqui, el verde y el marrón.
Shorts, faldas con abertura hasta casi el nacimiento de la pierna y escotes asimétricos, aunque recatados, aportaron el toque picante a la colección porque, aunque Versace dé un giro de timón, siempre es Versace.
GIORGIO ARMANI, EL ETERNO CLÁSICO
Si el resto de las firmas interpretan la belleza desde lentes cada vez más atípicas, Armani, el maestro de la elegancia italiana, se mantiene fiel a su estilo clásico y sus líneas sosegadas, siempre al servicio de la feminidad y su particular concepto de lo chic.
Las líneas marineras, el azul y el blanco de las olas, salpicado por el rojo en distintas tonalidades, han teñido prendas con una alta dosis de feminidad, pensadas para vestir a la mujer a todas las horas del día.
Blusas, vestidos de tirantes, pantalones con pata de elefante y abrigos tres cuartos que resguardan la piel del verano más europeo, han desfilado acompañados por flecos, accesorios y pañuelos, que completan una silueta con reminiscencias años veinte.
Esta historia fue publicada originalmente el 15 de octubre de 2015, 0:53 p. m. with the headline "Milán, enigmática belleza."