Difícil para obispos seguir el ejemplo del papa Francisco
El obispo Blaise Cupich será instalado el martes 28 en la poderosa cabecera de Chicago. El papa Francisco nunca lo ha conocido, pero lo arrancó de la oscura Diócesis de Spokane, Washington, pasando de largo arzobispos considerados estrellas en ascenso bajo los dos papas anteriores.
Hace unos días más de 200 obispos reunidos se pusieron de pie y prodigaron una prolongada ovación al cardenal Francis George, alguna vez presidente de la Conferencia de Obispos, quien renunció al puesto de arzobispo de Chicago.
Cuando llegó a los 75, el cardenal Francis George hizo lo que la Iglesia Católica espera de sus obispos. Presentó la renuncia de modo que el Papa pudiera decidir cuánto más el cardenal prestaría servicios.
Dos años después, la decisión fue tomada por el papa Francisco. La decisión papal será observada de cerca por considerársele su primer nombramiento de importancia en EEUU y la indicación más clara hasta ahora de cuál dirección dará a los líderes de la Iglesia estadounidense.
El cambio está sacudiendo la jerarquía de la Iglesia Católica.La gran mayoría de los obispos fueron nombrados por los dos predecesores de Francisco, más conservadores, en tanto hay quien dice que ellos no entienden aún qué tipo de cambio concibe el papa Francisco y si es algo más que un cambio de tono. El cambio se refleja no solo en el indicativo nombramiento de Chicago, sino también en el llamado de Francisco a que la Iglesia abra una discusión con respecto a cuestiones difíciles que se habían considerado resueltas largo tiempo atrás, como la comunión para los divorciados y quienes contraen matrimonio de nuevo, relaciones entre personas del mismo sexo, parejas que viven juntas sin estar casadas e incluso polígamos en África.
Algunos prelados, como Cupich, están entusiasmados ante el fresco mensaje del pontífice católico y la perspectiva del cambio, en tanto otros, como George, están más recelosos. Unos pocos se han resistido de plano, incluido el cardenal Raymond Burke, estadounidense en Roma que ha desafiado en público a Francisco y fue separado el sábado de su puesto como el jefe de la máxima corte del Vaticano.
“El Papa está diciendo algunas cosas muy desafiantes para la gente”, dijo Cupich en una entrevista esta semana. “Él no está diciendo, ‘esta es la ley y ustedes la siguen y llegan al cielo’. Él está diciendo que tenemos que hacer algo en relación a nuestro mundo actual, que sufre, hay gente que está siendo excluida, olvidada. Tenemos una responsabilidad, y él está amonestando a la gente”.
Cupich es visto como un administrador capaz con un enfoque pastoral, quien ha escrito y hablado sobre la justicia social para los pobres y desposeídos en tonos que hacen eco de los de Francisco. Declaró que él no tenía idea de cómo había sido seleccionado, diciendo: “Quizá algún día, frente a una buena copa de Chianti, le pregunte”.
Los obispos se reunieron en Baltimore solo unas cuantas semanas después de que terminara en Roma una argumentativa reunión en el Vaticano sobre matrimonio y familia. Esa reunión —la primera de dos sínodos que se celebran con un año de diferencia— ha sacado a la superficie nuevamente una división en la Iglesia entre conservadores y liberales teológicos, la cual se había mantenido más o menos latente durante la luna de miel de 20 meses con Francisco. Sin embargo, ahora el pontificado de Francisco ha entrado a una fase más delicada, y algunos obispos se preguntan si él tiene una visión coherente de a dónde quiere llevar la Iglesia y un plan para cómo llegar ahí.
“Él dice cosas maravillosas”, dijo George sobre Francisco en una entrevista esta semana, “pero no las pone juntas todo el tiempo, así que a veces quedas intrigado con respecto a cuál es su intención. Lo que él dice es bastante claro, pero, ¿qué quiere que hagamos nosotros?”.
George, quien tiene 77 años y recibe tratamiento por cáncer, sigue siendo un cardenal con voto hasta los 80 años y dice que le gustaría viajar a Roma para ver a Francisco: “Me gustaría sentarme con él y decirle, Santo Padre, primero que nada, gracias por dejar que me retire. Y también, ¿podría hacerle algunas preguntas sobre sus intenciones?”.
Se supone que católicos en todo el mundo deben pasar el próximo año previo a la reunión del sínodo en Roma, en octubre del 2015, discutiendo temas relacionados con matrimonio y familia, en tanto obispos esperan las instrucciones del Vaticano con respecto a la manera de conducir el diálogo.
Sus reuniones públicas aquí han sido consumidas en su mayoría con las prioridades que ellos han tenido durante años: oposición al aborto y al matrimonio homosexual y la inquietud de que el gobierno está infringiendo la libertad de la Iglesia a través de cláusulas como la orden sobre control de la natalidad en la ley de cuidado de la salud del presidente Barack Obama.
Por la tarde del martes, después de que algunos comentaristas católicos amonestaron a los obispos por no decir nada durante la conferencia sobre el tema candente de la inmigración, la palabra pasó brevemente al obispo Eusebio Elizondo, un obispo auxiliar de Seattle. Él dirigió la atención a una carta que la conferencia de obispos envió en septiembre exhortando a Jeh Johnson, el secretario de Seguridad Interna, a que emprendiera una acción ejecutiva para proteger de la deportación a algunos inmigrantes indocumentados.
En sus reuniones regionales, a los obispos les pidieron que identificaran las siete prioridades que la Conferencia de Obispos debería emprender, en vista del pontificado de Francisco, para los años del 2017 al 2020, dijo el obispo de Salt Lake City, John Wester, en entrevista.
Destacó que entre las prioridades que sugirió estaba la dura situación de los inmigrantes indocumentados, así como los pobres. Estas son inquietudes y temas que Francisco ha hecho sonar repetidamente.
Sin embargo, dijo Wester, “Yo no creo que las viejas prioridades vayan a detenerse, particularmente si aún son relevantes”.
Cuatro prelados que acababan de regresar del sínodo en Roma se dirigieron a los obispos y restaron importancia a los informes de prensa por doquier sobre una división. Destacaron que en el documento final del sínodo hubo consenso en todas menos tres de 62 aprobaciones: tanto las de relaciones homosexuales como divorcio y nuevo casamiento.
El cardenal de Nueva York, Timothy Dolan, entregó a sus colegas obispos un informe cargado de sarcasmo, diciendo: “Qué mal que nos perdimos ese sínodo real, hermanos, porque en el que nosotros estuvimos difícilmente [el debate] fue tan picante”.
El miércoles a puertas cerradas, los obispos elegirán a cuatro entre ellos para que asistan al sínodo en el 2015, además de Dolan y el cardenal Donald Wuerl de Washington, a quienes asistan de manera automática como nombrados a la oficina del Vaticano sobre sínodos. Los que sean elegidos delegados darán una reveladora indicación de si los obispos estadounidenses apoyan un cambio considerable, o el statu quo.
El reverendo Thomas Reese, sacerdote jesuita y prominente analista del National Catholic Reporter, diario liberal e independiente, dijo en una entrevista entre las sesiones que este grupo de obispos fue moldeado por los papas que los nombraron a ellos, Juan Pablo II y Benedicto XVI.
“No hay un solo obispo que esté de pie y siendo el verdadero líder de una facción de Francisco”, dijo Reese. “Ellos crecieron en familias conservadoras, fueron a seminarios conservadores y les han dicho que no hablen con teólogos que son creativos porque han sido catalogados herejes. Ahora Francisco está diciendo, ‘vayamos en otra dirección y sostengamos una discusión’. En los últimos dos pontificados, no había espacio para la discusión. Y esto hace que ellos se sientan nerviosos y confundidos”.
Esta historia fue publicada originalmente el 16 de noviembre de 2014, 5:00 a. m. with the headline "Difícil para obispos seguir el ejemplo del papa Francisco."