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Muchos yihadistas europeos emprenden la vuelta a casa


El presunto yihadista alemán Kreshnik B. (der.) junto a su abogado Mutlu Guenal (izq.).
El presunto yihadista alemán Kreshnik B. (der.) junto a su abogado Mutlu Guenal (izq.). AFP/Getty Images

Meses después de que Kreshnik B. se colara por la frontera de Turquía hacia Siria en el 2013, y se convenciera de que era su deber ayudar al pueblo a derrocar al presidente Bashar Assad, terminó desesperado por volver a casa. En una larga confesión leída ante una corte de Francfort, el hombre de 20 años, quien vestía una camisa negra y sudadera con capucha, dijo que se había dado cuenta de que “no lograría absolutamente nada” en Siria.

A su regreso a Alemania, fue detenido de inmediato bajo sospecha de haber pertenecido a Estado Islámico. Accedió a confesar y suministrar detalles sobre sus experiencias en Siria a cambio de una condena más indulgente, que será dictada cuando su juicio concluya el mes próximo.

“Quiero usar el tiempo que esté detenido ya sea para terminar mi diploma vocacional o seguir con mis estudios de otra manera”, declaró el joven hombre a la corte. Solo se le identifica por su nombre de pila y su última inicial porque está siendo procesado como menor de edad, tras ser considerado inmaduro para su edad. “Después del tiempo que pase detenido, como dicen, quiero llevar una vida totalmente normal”, aseguró.

Se cree que alrededor de 3,000 europeos occidentales como Kreshnik B, hijo de inmigrantes de Kosovo, han seguido el llamado a Siria para ayudar a derrotar a Assad en batalla. Pero a diferencia de muchos, él sí regresó.

A lo largo de Europa, varios gobiernos luchan por encontrar formas de prevenir la salida de presuntos radicales para unirse al conflicto. Sin embargo, incluso al tiempo que buscan detener el flujo de salidas, muchos terminan luchando con cómo lidiar con aquellos combatientes que quieren volver a casa.

Nueva y severa legislación en varios países ha acrecentado la capacidad de las autoridades para ir a la caza de presuntos extremistas, o en el caso del Reino Unido, impedir que nacionales regresen a sus hogares hasta por dos años.

Las autoridades del Reino Unido, Alemania y Bélgica tienen permitido detener a individuos sospechosos de estar involucrados en una organización de militancia en el extranjero. Francia aprobó una legislación similar en septiembre, en tanto Austria hizo posible la detención de personas sospechosas de apoyar al Estado Islámico y otros grupos en Siria.

Las medidas han sido impulsadas por crecientes temores sobre la devastación que los militantes que regresan pudieran sembrar en su tierra natal; temores atizados casi por una letanía diaria de informes sobre ataques frustrados, nuevos arrestos y propaganda yihadista.

El ejemplo más reciente fue el video del grupo Estado Islámico anunciando la decapitación de Peter Kassig, trabajador de ayuda estadounidense y ex comando del ejército, que incluía una filmación de varios combatientes europeos trabajando al lado de los militantes.

Johanna Mikl-Leitner, la ministra del Interior de Austria, se refirió este mes a las 64 personas que han regresado a su país de Siria como “bombas de tiempo activas”. El primer ministro británico, David Cameron, en un discurso al Parlamento australiano, dijo: “tenemos que lidiar con la amenaza de combatientes extranjeros que planean ataques en contra de nuestra gente’’.

Sin embargo, expertos en seguridad que han trabajado en contraterrorismo y trabajadores sociales, así como psiquiatras y otros profesionales que trabajan con extremistas, advierten que un enfoque generalizado para los combatientes que regresan de Siria genera el riesgo de mayor alienación de las poblaciones mismas en mayor riesgo de simpatizar con la causa yihadista y perpetrar los ataques que los gobiernos esperan prevenir.

El psicólogo Ahmad Mansour asesora a familias de personas que están en riesgo de radicalización o que se han marchado en pos de la causa yihadista en Siria u otras partes, trabajando a través del programa Hayat en Berlín. Mansour, nacido palestino, se refirió al enfoque de políticos europeos en la amenaza presentada por gente que regresa en términos de “promoción del miedo”. Destacó que los pocos combatientes a quienes había asesorado solían tener traumas severos o habían rechazado los ideales de los grupos extremistas que dejaron atrás.

El clima de alarma en torno a personas que regresan significa que sus familias, quienes con frecuencia son los primeros en enterarse del retorno de un combatiente, dudan de informar a la policía por temor a las repercusiones. En consecuencia, la policía es incapaz de supervisar a esas personas que vuelven. Estas mismas personas pudieran enfrentar obstáculos para sumarse nuevamente a la sociedad en general, incrementando el riesgo de alienación que pudiera conducir a ulterior actividad radical.

“El mayor error que cometen líderes políticos es pensar que pueden meramente deshacerse de estos jóvenes y que eso será bueno para nosotros”, destacó Mansour.

Kreshnik B. se decepcionó a los pocos meses de haber llegado a Siria en julio del 2013, dijo en su declaración a la corte. Llegó radiante de energía, y para el otoño ya estaba con Estado Islámico, el grupo de militancia también conocido como ISIS o EIIL, en Hama, declaró a la corte.

El Estado Islámico solamente permitía europeos con previa experiencia militar en las líneas del frente, en tanto Kreshnik B. y reclutas como él quedaron cubriendo la retaguardia. “El tiempo pasaba muy lentamente”, dijo. “Realmente nada ocurría: era aburrido”.

Kreshnik B. dijo que le había pintado una imagen “más heroica” a su hermana, Aferdita, porque “Yo no estaba particularmente orgulloso de que siempre tenía que permanecer muy lejos de la batalla”.

Ella no se sentía impresionada, y lo exhortó repetidamente a que volviera y llegó a gritarle en una ocasión: “Ninguna de estas personas te ama como tu madre y tu padre”, a base de evidencia presentada a la corte.

Para finales del año, Estado Islámico estaba combatiendo a otros grupos que intentan derrocar a Assad, sumándose a la frustración de Kreshnik B. Él quería marcharse.

Saber que su familia apoyaría su regreso fue crucial para su decisión, dijo. La familia también le proporcionó la excusa que él precisaba para convencer a sus comandantes de que lo dejaran ir, prometiendo que regresaría.

“Pero eso no era cierto”, explicó en su confesión escrita. “Yo no quería reconocer ante ellos que estaban equivocados en muchas cosas, así que actué como si quisiera regresar a Siria”.

Una de las complicaciones que enfrentan las autoridades es averiguar quién quiere volver realmente a casa para reanudar su vida occidental y quién ha regresado para reunir fondos o reunir nuevos reclutas. o peor aún.

Oficiales de seguridad alemanes informan que cuando menos algunos de los 130 individuos que regresaron aquí han venido tan solo a descansar, y que la mayoría de quienes regresan están impacientes por volver al campo de batalla.

En el Reino Unido, William Hague, el ex canciller, se unió hace poco a llamados enfocados a darle mayor consideración a la rehabilitación de los combatientes que vuelven. Aquéllos con “buenas intenciones” deberían recibir apoyo a cambio de trabajar con las autoridades para impedir que otros recurran al islamismo radical, declaró al canal de televisión BBC One.

Los que regresan desencantados deberían ser buscados por considerárseles un recurso y no una amenaza, dijo Richard Barrett, ex oficial de los servicios de inteligencia británicos que trabaja actualmente para el Grupo Soufan de consultores de seguridad en Nueva York.

Dijo creer que hay más combatientes desilusionados de lo que se conoce ampliamente, ya que muchos se muestran reacios a decir la verdad en el clima actual.

Barrett destaca lecciones aprendidas de veteranos de la Guerra de Vietnam y el conflicto en Afganistán a finales de los 80, y dice que se están dilapidando oportunidades al no aprovechar a exasperados combatientes que vuelven para intentar disuadir a otros de que asuman la causa yihadista.

“No podemos decir que todos los que regresan son iguales, no podemos afirmar que todos los presentes constituyen una amenaza similar”, dijo Barrett. “Algunos habrán cometido un error que lamentaron y quieren superarlo. Si alguien vuelve desilusionado, nosotros deberíamos usarlo para obtener su ayuda a fin de intentar impedir que otros vayan”.

Sin embargo, no pudo citar un solo nombre de alguien que haya regresado de Siria y lo haya reconocido, en tanto oficiales de los servicios de inteligencia alemanes dicen que no han encontrado a nadie dispuesto a cooperar, aparte de alguien bajo arresto como Kreshnik B., quien enfrenta una sentencia que va de tres años y tres meses a cuatro años y tres meses.

Incluso en su declaración en busca de clemencia, Kreshnik B. dijo no condenó la brutalidad de Estado Islámico, sino meramente se quejó de que la lucha no era lo que él había previsto.

Esta historia fue publicada originalmente el 29 de noviembre de 2014, 8:00 p. m. with the headline "Muchos yihadistas europeos emprenden la vuelta a casa."

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