Opositores de Kiev permanecen olvidados
Galina Skripnikova se aferra a la fotografía de su hijo.
La presiona contra su pecho. Los dedos le tiritan de frío. La mujer
permanece impertérrita cerca de la puerta de Liadski bajo la atenta
mirada del Arcangel San Miguel, patrono de la ciudad de Kiev, quien la observa desde su privilegiada atalaya de Maidan. Algunos curiosos se detienen e intercambian varias palabras con esta mujer de 60 años. Sus ojos azules albergan una profunda tristeza. “Estoy buscando a Maxim. ¿Lo ha visto? ¿Me puede ayudar?”, susurra a todo aquel que pasa delante de ella.
El pasado 25 de febrero Maxim, de 39 años e ingeniero agrónomo, desapareció de la faz de la tierra. Era voluntario en una de las cocinas que se establecieron en la plaza para alimentar a los
manifestantes. Desde entonces, Skripnikova no ha cejado en su empeño por encontrar a su único hijo. “He acudido a todos los estamentos policiales, a la prensa, a los activistas, al Ministerio del
Interior, a los hospitales... Pero nadie me quiere ayudar”, denuncia
la mujer.
“Un testigo afirma que vio a Maxim en los calabozos de una cárcel
cercana a Maidan, pero cuando fui a la comisaría a pedir los registros de los detenidos me echaron de allí”, relata Skripnikova sin poder reprimir las lágrimas. “Estoy desesperada. Nadie quiere
ayudarme. Maxim es la única familia que me queda en el mundo...”, los sollozos de la mujer acaban ahogando sus lamentos.
“Hay 27 personas que continúan desaparecidas”, denuncia Nazarii
Boiarskyi, coordinador de la organización proeuropeísta EuroMaidan SOS. “No sabemos absolutamente nada de lo que ha ocurrido con ellos.
Tras la caída del gobierno de Viktor Yanukóvich, la policía y los
servicios de inteligencia se apresuraron a destruir todo el material
sensible que les pudiera incriminar en futuras investigaciones, por
lo que es muy complicado unir las piezas del rompecabezas para dar con el paradero de los desaparecidos”, comenta el activista.
Boiarskyi y sus compañeros de EuroMaidan SOS han recopilado informes y testimonios que afirman que varios cadáveres que estaban en la morgue de la ciudad fueron incinerados. “Según ha quedado documentado en el registro de la morgue de Kiev esos cuerpos pertenecían a indigentes que habían muerto de congelación y, al no haber reclamación por parte de los familiares, procedieron a su incineración”, apunta pero sin poder asegurar que los cuerpos perteneciesen a los manifestantes.
“No nos hemos olvidado de ellos. Cada cierto tiempo compartimos sus fotos en las redes sociales, pero nuestra búsqueda, sin la ayuda del gobierno, es insuficiente”, comenta.
Frente a la Plaza de la Independencia hay un tablón con las fotografías de todas y cada una de las personas que continúan en
paradero desconocido. Cada cierto tiempo, alguien deja caer un clavel rojo en el suelo recordando a los 27 que aún faltan. Pero ese es el único acto que se hace en su memoria. El gobierno guarda silencio y la justicia continúa recopilando información para realizar un macrojuicio.
”No tenemos constancia de asesinatos sumarísimos o de fosas comunes, así que no podemos afirmar que hayan sido ajusticiados”, reflexiona Nazarii Boiarskyi. De lo que sí tienen constancia es de arrestos ilegales y torturas a varios detenidos. “Les desvestían. Les obligaban a tumbarse sobre la nieve y les golpeaban con palos. Pero, salvo un caso que tenemos documentado de un hombre que fue abandonado en el bosque y murió de frío, no se produjeron casos de víctimas mortales durante estas torturas”, aclara el activista.
A pesar de ser afín al nuevo gobierno y uno de los principales promotores de las revueltas de noviembre y febrero, Boiarskyi no duda en denunciar la falta de ayuda a los familiares de los muertos y desaparecidos. “El gobierno no ha dado ningún tipo de ayuda a los familiares; es como si, simplemente, no existiesen para ellos”. Y no sólo se refiere a ayuda económica. “Sólo hay una persona bajo arresto domiciliario por los hechos ocurridos en Maidan. No ha habido arrestos. Ni acusaciones. Las familias sienten que les han abandonado”, denuncia el activista.
Igor Syrenko, de 58 años y profesor de química en la universidad de Kiev, mira con detenimiento cada una de las fotografías de los caídos en Maidan (hasta 123 según recogen los activistas). Syrenko, que se acercó en noviembre hasta la plaza para apoyar a los estudiantes que había allí reunidos, sufrió en carne propia la furia de los antidisturbios. “Me dieron una paliza, luego me detuvieron durante horas hasta que me dejaron ir al hospital. Tenía todo el cuerpo magullado”, denuncia.
“30 de noviembre” es el nombre de la organización de afectados por lo ocurrido en Maidan y que él mismo preside. Cuentan ya con más de 500 denuncias de personas que fueron agredidas por los antidisturbios o cuyos familiares fueron asesinados durante los disturbios de febrero.
“Luchamos para que haya justicia y se juzgue a todos los responsables. El gobierno lo único que hace es dar largas a los
familiares y a las víctimas. No les interesa que se remueva lo
ocurrido aquí. Pero tengo fe en que algún día sabremos lo que
realmente ocurrió en Maidan”, comenta a dpa Syrenko.
“El gobierno lo único que ha hecho es ponerles una cruz. Nada más”, se lamenta Yelena Singayevskaya mientras sube por una de las calles aledañas a Maidan. La mujer se detiene ante un improvisado altar donde cientos de ciudadanos anónimos y familiares de los caídos colocan, cada día, docenas de ramos de flores. No puede reprimir las lágrimas y rompe a llorar.
“No interesa encontrar y juzgar a los responsables de estas muertes. El nuevo gobierno no hace absolutamente nada. Se han beneficiado del sacrificio de personas inocentes que lucharon por un cambio en Ucrania. Ahora están en el poder y se han olvidado de lo que aquí ocurrió”, se lamenta criticando la ausencia de ayudas económicas a las familias, que sobreviven gracias a la ayuda de voluntarios.
Esta historia fue publicada originalmente el 26 de diciembre de 2014, 9:10 p. m. with the headline "Opositores de Kiev permanecen olvidados."