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Wish Book: Una familia de Homestead enfrenta dificultades ante la enfermedad del padre

Pedro Linares con sus hijos, Pedro Jr., Maritza y Yarisel, en su casa de Homestead, que necesita reparaciones urgentes.
Pedro Linares con sus hijos, Pedro Jr., Maritza y Yarisel, en su casa de Homestead, que necesita reparaciones urgentes. pfarrell@miamiherald.com

Por muy humilde que sea, no hay lugar como la casa.

Los Linares pueden confirmar este antiguo dicho. Aunque la familia de seis ha visto como su modesta vivienda en Homestead se ha venido abajo en los últimos años, ella es lo que los mantuvo juntos mientras enfrentaban la debilitante enfermedad de su padre.

A Pedro, de 49 años, oriundo de Michoacán, México, se le diagnosticó hace tres años trombocitopenia, un desorden de la sangre en el que el cuerpo no produce la cantidad adecuada de plaquetas, las células que ayudan a la sangre a coagular. Si Pedro se corta con una hoja de papel, puede tomar horas para contener el sangramiento. A veces sólo con chocar con una silla se producen en la superficie de su piel pequeñas islas púrpura de sangre subcutánea. El sabe que su condición es mala los días en que ve sangre en la orina. Así como en los que no puede hacer acopio de fuerzas para salir de la cama. No está claro si su enfermedad es el resultado de una leucemia o de un desorden de autoinmunidad.

Pedro salió de México en 1985 para trabajar en distintos empleos en la construcción en varios estados, hasta que finalmente se estableció en el sur de la Florida. Volvió a Michoacán en 1996, y regresó con una novia, su esposa Jorgina, a quien conocía desde hacía años, pero no fue hasta entonces que estuvo listo para hacer una vida en EEUU. Para el 2001, Pedro había ahorrado lo suficiente como para comprar una casa.

La casa se había construido en 1982, y tenía los baños y la cocina originales, pero poseía una buena estructura y la pareja sólo tenía entonces a sus dos hijos mayores, Mariza, de 18 años; y Pedro Jr., de 15. Ellos pensaron que la vivienda envejecería con su familia. La decisión fue sabia, pues la pareja tuvo dos hijos más, Yarizet, de 9 años, y Lesli, de 4, y la casa se llenó con los sonidos de niños pequeños que reían y los olores de la auténtica comida mexicana. Pedro se mantuvo trabajando en sus empleos en la construcción y Jorgina atendía a los niños y a la casa.

Pero cuando a Pedro se le diagnosticó por primera vez hace tres años la enfermedad, pronto se hizo evidente que no iba a ser capaz de trabajar más en la construcción. Su condición se agravó al exponerse al sol, y sus tratamientos, una especie de quimioterapia, lo dejaron debilitado. “Tenía que manejar por mí mismo a casa después de la terapia y una vez casi me paso en el auto”, recuerda. Jorgina pronto se encontró como la principal proveedora de la familia. Ella obtuvo empleos en los campos de Homestead – sembrando, fertilizando, desyerbando. Se levantaba antes del amanecer y estaba todo el día bajo el sol del sur de la Florida para ganar el dinero suficiente para cubrir los pagos de la casa.

Entonces, la bañadera del segundo baño se levantó. El inodoro dejó de descargar, el lavabo comenzó a inundarse. Todos los recursos de la familia se iban en mantener un techo sobre sus cabezas, así que no había para llamar a un plomero. La bañadera se cubrió de una capa de óxido, la taza del inodoro se vio cubierta con líneas negras y anaranjadas. Del baño emanaba un olor que obligaba a mantener la puerta cerrada. Pedro se sintió incapaz de arreglar el problema.

Entonces se rompieron las ventanas. Las puertas corredizas de vidrio del patio trasero se salieron de sus guías. Pedro Jr. tuvo varios estirones, y de repente el colchón de su cama tamaño queen, que como la mayoría de los muebles de la famila fue un donativo de una organización caritativa local, no podía soportar más el peso del crecido adolescente.

“Podía sentir los muelles del colchón en la espalda”, dice Pedro Jr.

Zoila Silva, una trabajadora de apoyo familiar de la Asociación Cristiana Redlands de Inmigrantes nominó a la familia porque vio cuán necesitados estaban. La organización suministra cuidado a los niños de trabajadores inmigrantes en el sur de la Florida y todos los niños Linares han estado en su programa. Lesli recibe actualmente el cuidado de ellos, mientras Jorgina trabaja en el campo. “La familia tiene tantas necesidades debido a la enfermedad de Pedro. Es tan difícil para Jorgina, ella tiene tantas responsabilidades”, dijo Silva.

La Navidad pasada, después de reunir fuerzas para cenar en casa de su hermana, Pedro y Jorgina sabían que tenían que ir directamente al salón de emergencia. El había estado toda la tarde tirado en el sofá, exhausto, pero con la determinación de dar a los niños una noche festiva. “Simplemente, me mantenía pensando, ‘Sólo necesito pasar la cena y podemos regresar a casa y poner a los niños en la cama”, dijo Pedro. Ese incidente fue el más importante en el brote reciente de la enfermedad, pero lo más importante fue que era la primera vez que los niños se enteraron de la enfermedad de su padre.

“Ellos nunca hablaron con nosotros sobre eso”, dijo Mariza, de 18 años, estudiante del Miami Dade College. “Estábamos conmocionados, no sabíamos qué pasaba. Sabíamos que papá estaba mucho en casa, pero eres un niño, así que no piensas en preguntar por qué”. Pedro y Jorgina no habían mencionado nunca la enfermedad.

“Mi papá es realmente fuerte”, dice Pedro Jr. “El no mostraría su debilidad. Ellos no nos hablan sobre problemas”.

Ahora los niños mayores tratan de impedir que Yarizet y Lesli se preocupen. “Es por eso que voy al college”, asegura Mariza, “para ayudar a mi familia y que ellos no tengan que preocuparse. Las vidas de mis padres han sido difíciles, así que tengo que hacer mi mejor esfuerzo para ayudar”.

Para Mariza eso incluye levantarse a las 5 a.m. para tomar el autobús desde Homestead hasta el campus en Kendall del Miami Dade College para llegar a sus clases a las 8 a.m. Esto significa hacer sus tareas en bibliotecas públicas y en el laboratorio de computadoras en la escuela porque ella no tiene laptop ni conexión de internet en casa.

La familia ha hecho su mejor esfuerzo para hacer frente a las dificultades relacionadas con el mantenimiento de la casa. Taparon las ventanas rotas con cartón y cinta de empacar. Las puertas corredizas rotas se cubrieron con contraventanas para huracanes. El segundo baño básicamente no se usa.

La lista de deseos del Wish Book de la familia Linares incluye una computadora para que los niños hagan la tarea de la escuela más fondos para completar las reparaciones de la casa y ayudar a cubrir las cuentas médicas de Pedro.

Pero si le preguntas a Pedro Jr. cuál es su deseo de Navidad, esto es muy sencillo: “Sólo quiero que mi papá supere su enfermedad. No quiero verlo otra vez en el hospital”.

Cómo ayudar: El Wish Book trata de ayudar a cientos de familias necesitadas este año. Para donar, puede pagar con seguridad en http://bit.ly/1NgNUZx. Para donar a través de un teléfono móvil, envíe el texto WISH al 41444. Para conocer más información, llame al 305-376-2906 o envíe un correo electrónico a wishbook @MiamiHerald.com. (Los artículos más solicitados son computadoras portátiles y tabletas para la escuela, muebles y furgonetas de acceso especial). Lea más en MiamiHerald.com/wishbook

Esta historia fue publicada originalmente el 27 de diciembre de 2015, 7:00 a. m. with the headline "Wish Book: Una familia de Homestead enfrenta dificultades ante la enfermedad del padre."

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