Dos discos de Mozart para atesorar (Segunda parte)
La segunda valiosa entrega la brinda Christian Gerhaher, quizás el máximo Liederista alemán de su generación (cetro que disputa con Matthias Goerne) con un programa donde explora cinco roles para barítono de las óperas de DaPonte más La flauta mágica, es decir, papeles divididos en personajes de clase alta y clase baja, la aristocracia y la servidumbre. Así desfilan Don Giovanni (y Leporello), El Conde Almaviva (y Figaro), Guglielmo y el buen Papageno. El programa se completa con la Sinfonía 35 Linz con los movimientos curiosamente diseminados a través del recital a cargo de la Orquesta Barroca de Friburgo bajo Gottfried von der Goltz que aporta un vigoroso, transparente, fresco enfoque historicista. La idea de incluir la sinfonía tiene sus bemoles y en mas de una instancia estorba, resulta mas coherente en el ámbito de conciertos para descanso del cantante pero no deja de ser un relleno cuando se trata de un disco dedicado a un intérprete. Es una opción discutible defendida en el texto adjunto por el cantante que así arma un pasticcio personal y en su ley.
Opiniones y diferencias aparte, como era de esperar las versiones de Gerhaher son formidables, de un detalle inmaculado, de una exquisitez proverbial donde no falta la expresión pulida y soberana. Gerhaher continúa la ilustre lista de grandes Liederistas que brindaron a Mozart un toque único y aristocrático, vaya el recuerdo para Dietrich Fischer Dieskau, Hermann Prey, José van Dam, Thomas Allen, Thomas Hampson y Thomas Quasthoff, sus mas directos antecesores y con los que inmediatamente se lo asocia gracias al decir único que proporciona la vasta experiencia en el repertorio camarístico.
La sedosidad del timbre y diferenciación de cada personaje muestran la versatilidad del cantante, rasgo apreciable en el aria del catálogo (Madamina, il catalogo è questo) y en el Fin ch’han dal vino de Don Giovanni, asi como su enviadable legato en la serenata del don acompañado por Avi Avital en mandolina. Si con el Don y el Conde obtiene rotundos triunfos (le van mejor estos que los sirvientes), con las tres arias de Papageno – acompañado en glockenspiel por Kristian Bedzuidenhout -se lleva las palmas, traza un hombre-natural para nada caricaturesco y en una vena filosófica tan pensativa como su colega Simon Keenlyside. El recital concluye con un magistral Rivolgete a lui lo sguardo con un Guglielmo de Cosí fan tutte arrogante y decidido.
Grabado en vivo al igual que el de Röschmann, también cuenta con un sesudo ensayo de Dieter Borchmeyer, titulado “La transformación de Eros en las últimas óperas de Mozart”.
En ambos casos, dos recitales para atesorar que avivan la llama eterna del divino Amadeus.
Mozart, Gerhaher, Goltz. Sony 88875087162.
Esta historia fue publicada originalmente el 5 de agosto de 2016 a las 4:23 p. m. con el titular "Dos discos de Mozart para atesorar (Segunda parte)."