Cocina

Un rincón campestre brasileño en el corazón de Ft. Lauderdale

No muy lejos del downtown de Fort Lauderdale, a un paso de la transitada Broward Blvd., hay un lugar en donde los pollos picotean en el patio, los niños juegan en columpios de neumáticos y los adultos se reúnen alrededor de mesas de picnic para un festín de comida preparada en forma tradicional, en estufas de madera al aire libre.

Si usted es brasileño y siente nostalgia por la comida casera de su abuela, ha llegado al lugar perfecto.

Los sábados por la noche, Regina Kátia Martins Rodrigues abre las cercas de su fazendinha (pequeña granja) en Sailboat Bend y transporta a sus invitados a una época pasada más simple de su natal estado de Minas Gerais. Todos son bienvenidos, aunque ella asegura que el 90 por ciento de sus clientes son brasileños.

Cubetas de moqueca de peixe (guiso de pescado), pollo y quimbombó, tasajo, arroz, polenta, costillas, feijao tropeiro con frijoles rojos, negros o rosados, y salchicha, se cocinan sobre estufas al aire libre, flanqueadas por una hamacas brasileña, ollas y pequeños rodillos de amasar colgados de los cuernos de un buey.

Rodrigues siempre comienza con sopa. Mientras los ayudantes sirven su pão de queijo (pan de queso), su esposo, Elizeu Silva, exprime sin detenerse un vaso tras otro de jugo de caña de azúcar en un molinillo de hierro con caña que le trae semanalmente un agricultor de Homestead.

El límite de Rodrigues es de 120 personas y no cocina todos los sábados, por lo que se debe llamar para confirmar y se requiere hacer reservaciones. Durante el mes de la Copa Mundial, ella y su esposo han colocado un televisor de plasma en el patio, pero solo para los juegos del equipo brasileño.

La pareja, que se conoció en un seminario en Brasil, llegó a Estados Unidos en 1992 con la idea de quedarse un año. Pero encontraron un hogar en Las Olas Worship Center al otro lado de la calle de su actual residencia. Cuando se retiró el pastor anterior, Silva, quien también tiene un negocio de servicio de árboles, tomó su lugar.

Rodrigues comenzó a cocinar para los miembros de la iglesia en ocasiones especiales, como en el Día de las Madres. Sus comidas se hicieron tan populares que en la primavera pasada comenzó a invitar al público, y así recaudar fondos para renovar la iglesia.

“No va a encontrar en ningún sitio un lugar así, con esta calidad de comida, a este precio; esto solo lo podría encontrar en Brasil”, dice Lou Freire, nacido en Rio de Janeiro y que vive en el sur de la Florida desde hace más de 30 años. Él y su esposa Mónica vienen al patio de Regina desde que comenzó a ofrecer sus cenas.

“Es como comer en el patio de la casa de tu abuela”, dice Roseline, que viajó desde Naples recientemente con seis amigos y familiares. “Uno se siente como de regreso en su casa”.

Definitivamente, Fazendinha da Regina es un negocio familiar. Silva construyó las dos estufas de madera y un pabellón para cocinar con ollas y calabazas colgando del techo, y estribos y otros detalles campesinos colgando de las vigas. Alrededor del lugar se han colocado fardos de heno que hacen las veces de asientos.

Sus hijos, Caio, de 26 años, y Matthew, de 21, ayudan con los invitados y pasean a los niños en un vagón de tren de colores enganchado a un tractor de cortar grama.

En la mesa se sirven tomates, judías verdes y acelgas del jardín, así como unos diez huevos que las gallinas ponen diariamente.

Es una tradición arraigada. Rodrigues y su familia vivieron en una granja en la villa de Coronel Fabriciano en Minas Gerais hasta que ella tuvo seis años. La familia compuesta por seis niñas y un niño creció comiendo los frutos de su jardín. Aunque su padre era un hombre importante en la villa, ella era un espíritu libre y pasaba tiempo con los cocineros y otras personas humildes, sentada alrededor del fuego de leña, compartiendo el café y aprendiendo sus costumbres.

Rodrigues perfeccionó sus destrezas culinarias trabajando en la cocina de la Westminster Academy en Fort Lauderdale. “Aprendí a cocinar para 900 alumnos; aprendí a cocinar en grande”, dice. “Me dije, ‘Un día voy a cocinar para muchas personas’. Ahora me siento abrumada pero feliz de que las personas vengan”.

Mientras la música brasileña va envolviendo a la multitud y las luces parpadean en el pabellón, Rodrigues y sus ayudantes comienzan a preparar los postres. Esta noche son nueve, incluyendo bolo de coco pega marido (pastel de coco para atrapar marido), flan, bizcocho de maíz con guayaba, caramelos de caña de azúcar, doce de leite, y Romeo y Julieta (guayaba y queso).

Rodrigues comienza a preparar el café, colocando una barra de azúcar en agua que se calienta en la estufa y utiliza un filtro de tela para la colada final.

“En Brasil se dice que mientras más viejo el filtro, mejor el café”, dice riendo Denise Mata, residente de Sunrise y que creció en Rio de Janeiro. “Esta es la forma antigua de prepararlo. Es sencillamente delicioso”.

“Esta es la cuarta o quinta vez que venimos”, comenta. “Prefiero venir aquí en lugar de ir a un restaurante de lujo”.• 

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