Salud

Cómo aliviar los temores en las hijas de madres con cáncer de seno

Gracy Ordoñez, sobreviviente de cáncer de seno, junto a sus hijas Emma, de 11 años (izq) y Abby, de 7.
Gracy Ordoñez, sobreviviente de cáncer de seno, junto a sus hijas Emma, de 11 años (izq) y Abby, de 7. FOR THE MIAMI HERALD

En el 2013, después que su madre falleciera víctima de cáncer de ovario a los 56 años, la actriz y activista de derechos humanos Angelina Jolie anunció públicamente que se sometería a una doble mastectomía preventiva. Una prueba genética le había confirmado que era portadora del gen que aumenta el riesgo de desarrollar cáncer de seno.

Aunque no todas las personas que tienen la predisposición genética hacia el cáncer optan por hacer lo que hizo Jolie, que además se extirpó los ovarios y trompas de Falopio, la persona que hereda ese gen debe estar consciente de lo que significa que su madre o las mujeres en la familia hayan tenido o tengan cáncer de seno y debe buscar su diagnóstico. En el caso de Jolie, su madre, su tía y su abuela murieron de cáncer.

La edición de agosto de Journal of Clinical Oncology publicó el resultado de un estudio realizado recientemente con niñas de 11 a 19 años cuyos familiares habían tenido o tienen cáncer de seno. El estudio encontró que aunque emocionalmente las niñas estaban conscientes, el nivel de angustia por causa del cáncer era mayor si se comparaba con otras niñas que no estaban pasando por esa experiencia.

La Dr. Angela Bradbury, profesora asistente de medicina en la Universidad de Pensilvania y autora del estudio, destacó que las familias de las niñas que se encuentran en esta situación pueden, de manera preventiva, ayudar a aliviar esa ansiedad.

“Las que más se angustian son aquellas cuyas madres están teniendo más problemas. Una de las mejores cosas que una madre puede hacer es atenderse y asegurarse de que esta canalizando sus propias ansiedades. A la larga eso ayudará más a la hija”.

La doctora en psicología, Sara Rivero-Cornil, del Nicholas Children’s Hospital, se encarga de atender a las familias con enlaces genéticos de cáncer por lo que afirma que es muy beneficioso entender el riesgo de la enfermedad desde temprano.

“Las niñas que tienen un historial familiar tienden a cuidarse mejor”, comenta. “Tener un poquito de temor no es malo, lo malo es cuando la ansiedad es tanta que impacta el funcionamiento cotidiano”.

Rivero-Comil sugiere que el tema se discuta abiertamente.

“Hay que darle importancia y validez a ese miedo”, dice ella. “Hay que invitarlas a las consultas del médico y dejar que ellas mimas enfrenten sus dudas y hagan preguntas. Las podemos ayudar más si sabemos lo que están pensando y lo que quieren saber”.

Emma Ordóñez de 11 años que vive en Davie sabe lo que se siente. Ha vivido el tratamiento de cáncer de su mamá, Gracy, que fue diagnosticada con cáncer el año pasado y se sometió a una mastectomía doble con extirpación de los ganglios linfáticos.

Después le dieron cinco meses de quimioterapia y 33 rondas de radiación.

Emma recuerda muy bien lo que sintió el día que su mamá le dijo que necesitaba operarse. “La primera vez que me dijo la palabra cirugía, me quedé en shock, me puse muy nerviosa y me dió miedo”, comenta Emma. “No sabía lo que estaba pasando”.

Ordóñez, que ahora tiene 41 años, dice que se sentó con Emma y trató de responder honesta y abiertamente a todas las preguntas que le hizo su hija.

“Fue lo más difícil que he tenido que hacer en mi vida”, dice Ordóñez. “Me preguntó si era cáncer y si perdería el pelo”.

Emma dice que ahora que ya su mamá terminó el tratamiento se siente mejor y que ya no le preocupa tanto. Su hermanita de 7 años, Abigail, es demasiado joven para entender completamente la enfermedad de su mamá ni el riesgo de que ella en algún momento lo pueda desarrollar.

“Lo único que sabe la niña es que su mamá estuvo enferma y que tuvo que ir al médico para operarse” dice Ordonez. “Dibuja muchos lazos rosados pero realmente no entiende lo serio que es”.

En ocasiones, son las niñas las diagnosticadas con cáncer. Esos casos son los más alarmantes para los familiares, que entonces se preocupan por el tratamiento y por los efectos a largo plazo de los productos químicos y la radiación.

El Dr. Ziad Khatib, director de neuro-oncología del Nicholas Children’s Hospital, comentó al respecto: “Los sobrevivientes de cáncer infantil tiene una probabilidad de un 2 a un 5 por ciento de desarrollar en algún momento de su vida otro tipo de cáncer secundario. Los cánceres secundarios se desarrollan en una parte diferente del cuerpo y son un riesgo para todas aquellas personas que hayan sido tratadas con quimioterapia o radiación”.

Khatib destaca que antes, a las personas con Linfoma de Hodgkin se “les daban dosis muy altas del quimioterapia y radiación, por lo que al menos un 20 por ciento de ellas terminan desarrollando otro tipo de cáncer 10 o 20 años más tarde”.

También comentó que ahora los médicos han ido bajando o eliminando los químicos altamente tóxicos en las quimioterapias como por ejemplo, la mostaza de nitrógeno. En algunos casos cuando la respuesta a la quimo es positiva se trata de eliminar la radiación.

“El nuevo tratamiento para la enfermedad de Hodgkin es mucho menos tóxico que el de hace 20 años, así que se espera que disminuya la tasa de desarrollo de cánceres secundarios”, dice.

La radiación tradicional produce un “efecto de dispersión”, comenta Khatib, al radiar órganos que no se pretendían impactar; eso aumenta el riesgo de desarrollar de estos cánceres. Hay métodos más novedosos como los que se usan en la terapia de protones para cánceres más pequeños, donde el haz de radiación es más preciso y se evita el efecto de dispersión.

Gloryann López, que ahora tiene 30 años y vive en Sweetwater, fue paciente del Dr Khatib. A los 15 años se le nubló la visión y la diagnosticaron con cáncer en el cerebro. Le hicieron una cirugía y se lo extirparon pero a los ocho meses volvió a salirle en el mismo lugar.

A López le dieron 30 sesiones de radiación y seis meses de quimioterapia. La presión del tumor la dejó paralizada del lado derecho con incapacidad de hablar con claridad, escribir o caminar.

A los 29 se sintió algo en el seno y después de 6 meses de quimioterapia se hizo la mastectomía.

En estos momentos López está en una silla de ruedas rogando porque el cáncer no le regrese una cuarta vez. “Todos mis amigas se han casado, tienen hijos y yo a veces no puedo ni salir de mi casa. Es muy triste y muy frustrante”.

Los casos como el de López son raros, destaca Khatib, que dice que es muy importante no dejarse vencer por el miedo porque el 95 por ciento de los casos infantiles tratados con quimioterapia y radiación no desarrollan cánceres secundarios y que es muy importante revisarse periódicamente. Se pueden tomar precauciones que pueden ayudar a disminuir los riesgos

“Aún no hay pruebas pero se sabe que en los casos de cáncer de seno, por ejemplo, ayuda mucho el ejercicio, la dieta baja en grasas y evitar el tabaco y el alcohol, así como autoexaminarse mensualmente”. Ahora hasta la obesidad es considerada como un factor de alto riesgo tan malo o peor que el cigarro.

Esta historia fue publicada originalmente el 23 de septiembre de 2016, 11:19 a. m. with the headline "Cómo aliviar los temores en las hijas de madres con cáncer de seno."

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