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La historia de un caballero tacaño...

‘Me cité con una mujer en el Dolphin Mall y olvidé dónde dejé mi auto. Ella se ofreció a ayudarme a encontrarlo. Cuando ella vio mi auto, nunca más la volví a ver’.
‘Me cité con una mujer en el Dolphin Mall y olvidé dónde dejé mi auto. Ella se ofreció a ayudarme a encontrarlo. Cuando ella vio mi auto, nunca más la volví a ver’. el Nuevo Herald

Estaba en la tintorería con Merceditas, la modista que me arregla la ropa, cuando de pronto, un hombre que también quería una reparación en una camisa decidió esperar su turno sentado. De pronto se animó a hablar de su vida amorosa con las empleadas. Estas ni abrieron la boca.

“Soy soltero, nunca me he casado ni me he divorciado ni me he separado, ni nadie me ha dejado pelado. Tampoco tuve hijos ni tengo que pagar alimony (manutención) ni nada. En resumen, soy un gran partido para cualquier mujer”.

Con semejante Resume, aseguró estar buscando compañera sin éxito. “Pero tengo casi 60 años y he sufrido tantas decepciones con las mujeres que prefiero tener un perro. Un perro es obediente como no lo es ninguna mujer y cuesta barato alimentarlo. No se enoja, siempre está de buen humor cuando me ve. No me tengo que arreglar para sacarlo a pasear, y no me cuesta un centavo salir con él. Y, por supuesto, no lo tengo que llevar a un almuerzo ni a una cena. No le aguanto nada a nadie y un perro es más educado que la mayoría de las mujeres”.

Me quedé boquiabierta al oír aquello. Mercedes la modista me hizo una seña para que no le hiciera caso a sus palabras. Entonces me interesé aún más en su palabrería sin sentido.

“La mayoría de mujeres quiere salir a comer y divertirse a costillas los hombres. ¡Yo no llevo a nadie a ningún restaurante caro! Voy a restaurantes pequeños, fondas, no cosas que sean lujosas o que estén de moda. Así que conmigo se quedan con las ganas de comer”.

Las pobres empleadas no sabían qué hacer, si reír o llorar, mientras aquel seguía en su monólogo: “Las mujeres son interesadas, quieren que un hombre les resuelva la vida, y cuando me ven con mi Toyotita 2000 que anda de lo mejor, desaparecen. Me cité con una en el Dolphin Mall y olvidé dónde dejé mi auto. Estuve con esa mujer tomando un café y, cuando salimos, ella se ofreció a llevarme a mi auto para ayudarme a encontrarlo. Cuando ella vio mi auto, nunca más la volví a ver”. Pero hubo más, porque lo suyo era una crónica de lamentos.

“La vida de los solteros en Miami es para escribir un libro. Las mujeres que se inscriben en los sitios para encontrar pareja son un desastre. ¿Y qué pasa? Que en las fotos que ponen son bonitas, delgadas, jóvenes, pero no son ellas. La realidad es que son gordas, feas, viejas y las fotos que ponen son las de sus hijas. Ellas solo quieren que las mantengan. Tuve una que me citó en un gran almacén porque quería que la acompañara a comprar un perfume para regalarle a su ex esposo que estaba en el hospital. Le dijeron que costaba 140 dólares. ‘¿140 dólares?’, pregunté espantado y ella dijo: ‘Sí, ¿eres tacaño?’ Le dije: ‘¿Tacaño yo? ¡Si hay por lo menos seis mujeres en Hialeah que fueron mis novias y que tienen cada una un reloj Seiko que les regalé durante el compromiso! No soy tacaño pero paquetes no le aguanto a nadie’. Al día siguiente, me mandó un mensaje de texto: ‘No creo que volvamos a vernos; no eres la persona que estoy buscando’. Le respondí que ella tampoco era lo que yo quería, porque pretendía que yo pagara el perfume para su ex esposo. ¡Yo no compro un perfume desde 1976! Bien decía mi madre que, con el tiempo, era más difícil encontrar una buena mujer!”

“Estoy solo, pero mejor que un amigo mío que se toma fotos en casas, autos y botes y las sube a su Facebook; entonces, chicas de 25 años se le ofrecen y le prometen darle lo que él quiera. Le digo que esas, aquí quieren ser como la Virgen, pero en Cuba eran jineteras”.

Cuando tuve suficiente material para esta columna, me fui. Más tarde, le pregunté a una empleada sobre aquel hombre. “No le hacemos caso; cada vez que viene tiene una historia distinta”.

Lo más increíble fue que siempre, al final de las barbaridades el colofón era: “Y no digo más, porque soy un caballero. ¡Bendito sea Dios!, pero ¿cómo sería si no lo fuera?

mariaantonietacollins@yahoo.com

@CollinsOficial

Esta historia fue publicada originalmente el 15 de noviembre de 2016, 5:46 p. m. with the headline "La historia de un caballero tacaño... ."

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