Salud

Los varones y los trastornos alimentarios

Cerca del 10 por ciento de las personas que visitan a un profesional de salud con trastorno alimentario son varones. Pero va creciendo el consenso de que ese número subrepresenta a los hombres y los niños que lo sufren.

Tener una “enfermedad de niña” puede hacer que los varones busquen ayuda en menos casos que sus contrapartes femeninas. El informar sobre los propios trastornos alimenticios es raro para ambos géneros, especialmente con niños y adolescentes.

El mayor problema sigue siendo que para los padres e incluso para los profesionales de la salud, un trastorno alimentario puede no ser “parte del libreto”, dice Jocelyn Lebow, profesora de psicología clínica, quien se especializa en trastornos alimentarios en adolescentes en la Escuela de Medicina Miller de la Universidad de Miami.

El Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM, por sus siglas en inglés y como se le conoce comúnmente) tuvo importantes actualizaciones en 2013 que ayudaron a reconocer trastornos alimentarios en los varones. El apetito desenfrenado, que ocurre casi igual en varones y en féminas, está ahora reconocido como una categoría de trastorno alimentario, junto con la bulimia nerviosa y la anorexia. Otra actualización importante: el que falten tres ciclos menstruales seguidos ha sido eliminado como un requisito para diagnosticar anorexia.

“Aún tenemos mucho camino por recorrer para capturar todas las prácticas de trastornos alimentarios que existen”, dice Lebow. “Según están establecidas actualmente, las medidas y los criterios están aún más sesgados a identificar cosas que usted verá más con las féminas”.

Una vez diagnosticado, los varones con trastornos alimentarios enfrentan dificultades vinculadas al estigma de género de la enfermedad. Muchos se enfrentan a padres que se resisten al diagnóstico, o quienes especulan sobre la sexualidad de su hijo. El cuidado intensivo en un centro especializado puede ser difícil de encontrar, con muchos lugares que tratan exclusivamente a mujeres.

“Entonces, cuando están en un centro de tratamiento, a menudo son los únicos. Eso puede ser difícil si ya se siente diferente o avergonzado”, dice Gayle Brooks, vicepresidente de Renfrew Center. “El estar en un ambiente donde usted es el único varón puede ser aislante y difícil”.

El Renfrew Center, un centro residencial en Pompano Beach que ofrece tratamiento de trastornos alimentarios para niñas y mujeres, no ofrece tratamientos a varones.

Al igual que en las féminas, los trastornos alimentarios en los varones son a menudo concurrentes con ansiedad, depresión, trastorno obsesivo compulsivo y son un resultado común del abuso. Y, aunque es cierto que el estigma social sobre el peso es dirigido e internalizado predominantemente hacia y por las mujeres, los hombres no están inmunes de ninguna forma.

Una encuesta realizada en 2005 con estudiantes de escuela secundaria mostró que el 55 por ciento de las féminas participantes admitieron haber tratado uno o más comportamientos de trastornos alimentarios para controlar el peso. Pero el 30 por ciento de los varones también lo hizo.

“En estos tiempos y edad, la mayoría de las personas saben que no deben llamar gorda a una niña adolescente a menos que seas un verdadero acosador. Pero pienso que más personas asumen que un niño debe poder manejar esa broma. Pero en nuestra cultura, el estigma del peso es un gran problema”, dice Lebow. “Con la epidemia de obesidad, a las personas se les enseña que la peor cosa del mundo es estar sobrepeso, tanto social como médicamente. Se les da un verdadero apoyo y reconocimiento cuando hacen algo para perder peso aun cuando lo que estén haciendo no sea saludable”.

Los deportes con restricción de peso como la lucha, natación, gimnasia, fisiculturismo y correr son a menudo los detonantes para los varones con trastornos alimentarios.

De acuerdo con María Cabral, residente en medicina de adolescentes en Miami Children’s Hospital, los atletas pueden ser particularmente difíciles de tratar.

Ya sea porque el deporte es un detonante muy fuerte o porque el tratamiento requiere a menudo dejar el deporte al menos temporalmente.

“Pueden desarrollar una depresión severa y hasta desarrollar tendencias suicidas”, comenta.

Los hombres gay están también desproporcionalmente representados en los diagnósticos de trastornos alimentarios, algo que muchos profesionales de la salud consideran un buen indicador de cuán estresante y traumático puede ser el ser gay hoy en día.

“El problema no no es el hecho de que alguien sea de una raza u orientación sexual en particular, sino el estrés de la discriminación, del rechazo, del acoso; esas son las cosas que hacen a una persona más susceptible a un trastorno alimentario”, dice Brooks.

Aunque es poca la investigación al respecto, las personas transgénero, incluyendo a los varones transgénero, pueden ser también más propensos a enfrentar trastornos alimentarios. Aunque algunos señalan la disforia de género y el deseo de las personas transgénero de reprimirse mediante la subnutrición, otros argumentan que ese acercamiento no toma en cuenta la marginalización social y económica de las personas trans.

Lebow dice que con una pérdida de peso significativa, “cualquier persona puede caer accidentalmente en un trastorno alimentario” porque la inanición por sí misma altera el cerebro y este es el detonante para comportamientos de trastornos alimentarios.

Dice que muchos de sus pacientes desarrollan sus trastornos alimentarios después de una enfermedad crónica o los efectos secundarios de un medicamento provocan la pérdida de una cantidad de peso significativa.

“Creo que las personas tardan mucho tiempo en percibir la situación de esos niños, porque hay una razón para la pérdida de peso”, comenta.

Lebow les recomienda a los padres prestar atención a la pérdida de peso, a niños o adolescentes que están por debajo de la curva de crecimiento, ya sea en estatura o en peso. Los cambios de comportamiento, especialmente los que les llevan a ser más retraídos socialmente, pueden ser una bandera de alerta, aun cuando el niño o adolescente mantenga sus buenas calificaciones y participación en deportes, dice. El saltar comidas y que de pronto desaparezcan grandes cantidades de alimentos son también potenciales señales de peligro, como lo es una preocupación con el cuerpo y el peso.

“Cualquier cambio de comportamiento relacionado a la alimentación, es motivo para hablar con su hijo”, comenta. “El cambio a una dieta vegetariana no es una señal de trastorno alimentario, pero algunos chicos pueden comenzar por ahí. Si su hijo le dice un día que quiere ser vegano, pregúntele por qué. Háblele de cómo va a obtener las calorías y los nutrientes. Manténgase al tanto de todos los cambios”.

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