Salud

Menos consejeros de salud mental y más estudiantes

Breanna Eaton, estudiante de University of South Florida en Tampa, acabó buscando ayuda psicológica fuera de la universidad debido a que no conseguía citas cuando las necesitaba.
Breanna Eaton, estudiante de University of South Florida en Tampa, acabó buscando ayuda psicológica fuera de la universidad debido a que no conseguía citas cuando las necesitaba. Tampa Bay Times

A pesar de la terrible depresión por la que estaba pasando, Breanna Eaton logró hacer una llamada y le dejó saber al centro de asesoramiento de South Florida University (SFU) en Tampa que necesitaba ayuda.

Después de clases se acostaba y sollozaba hasta que se quedaba dormida. Miraba fijamente las frases escritas en su espejo: “Vales mucho como para que te hagas daño”, o su verso bíblico preferido, “Ella se llena de fuerza y dignidad”, y lloraba queriendo creer en esas palabras.

Su marido, que la conducía en auto a la sede del colegio, le decía: “Trata de ser feliz”, pero Eaton se sentía como una muñeca de trapo. Ducharse se convirtió en una empresa abrumante, las migrañas y las náuseas la desorientaban. Se sentía atrapada en su propio cerebro y no contestaba el teléfono porque se sentía incapaz de encontrar las palabras para describir la profundidad de su ahogo y estancamiento.

En el centro de la SFU le dijeron que, en caso de emergencia, podía encontrar ayuda en los centros, pues siempre había personal de guardia para atender a los estudiantes en crisis. Eaton estaba desesperada, pero no estaba segura si su caso era una emergencia, así que hizo una cita para que la vieran en dos o tres semanas.

Colgó el teléfono y lo pensó. Ya una vez se había hecho daño físico cuando no pudo obtener la ayuda necesaria. Sabía que no podía esperar mucho.

Los legisladores no ayudan

Los dirigentes de educación superior de la Florida han manifestado que hay una crisis al respecto y que los estudiantes universitarios deben esperar hasta un mes para ser atendidos en los centros médicos, porque no hay suficiente personal. Cada vez resulta más difícil conseguir una cita a corto plazo porque la demanda de servicios de salud mental es cada vez mayor. Algo sin precedentes.

La matrícula de estudiantes ha crecido, pero el personal de ayuda no ha mantenido ese ritmo de crecimiento y se sienten los efectos de los constantes recortes presupuestarios. Mientras tanto, más y más estudiantes con graves problemas de salud mental continúan entrando a la universidad.

Los legisladores de la Florida no están convencidos de que haya ningún problema y, por segundo año consecutivo, han rechazado la propuesta de que se aumenten los fondos para la salud mental. Los líderes universitarios han pedido 14,5 millones de dólares para contratar a 137 empleados en los centros de asesoramiento.

“Sabemos que actualmente, el número de asesores existentes está muy por debajo del número de estudiantes que tenemos en las universidades”, dijo Norman Tripp, miembro del consejo de educación superior del estado y líder de la propuesta. “Sabemos que aquellos estudiantes que necesitan servicio inmediato tienen que esperar tres y hasta cuatro semanas para que los atiendan y que, en vez de recibir un servicio de una hora, están recibiendo solo media hora”.

Diez de las 12 universidades estatales de la Florida no cumplen con el número de personal recomendado: 1 asesor por cada 1,000 estudiantes. La proporción existente es de 1 para 3,400.

Esta propuesta beneficiaría a SFU más que a ninguna otra universidad, ya que podría duplicar el número de asesores.

Algunos expertos han manifestado su preocupación de que la falta de un compromiso serio con la salud mental en los colegios ocasionará a la larga problemas más serios y graves en los estudiantes.

“Si no hacemos nada –dijo el profesor de psicología de SFU Jonathan Rottenberg–, vamos a tener una generación perdida”.

La necesidad es creciente

Los años de universidad son una cantera para los problemas de salud mental. Los jóvenes entran en las grandes ligas del estrés académico y social, a la vez que se alejan de los amigos, la familia y todas las cosas que le son familiares. “En ese momento aparece la depresión y la ansiedad”, dijo Rottenberg.

Pero el problema se está intensificando y los expertos comienzan a señalar otros muchos factores: como el estrés financiero, la “poca resistencia” de los millennials, la presión de los medios sociales que ayudan a conectar, pero que también alimentan el aislamiento. También el hecho de que exista este tipo de atención en las universidades ha abierto las puertas para que aquellos estudiantes con problemas psicológicos graves continúen el camino académico.

Los números confirman la tendencia. Un informe de Pennsylvania State University muestra que la demanda en estos centros de ayuda han superado con creces el crecimiento de la matrícula de las universidades.

Una encuesta del año 2016 del American College Health Association reveló que el 58 por ciento de los estudiantes ha sufrido diferentes tipos y grados de ansiedad en el último año, y el 37 por ciento confirmó que se habían sentido tan deprimidos que les era “difícil funcionar”. En el 2014 una encuesta nacional a los directores de los centros de asesoramiento encontró que más de la mitad de los clientes de los centros tenían graves problemas psicológicos, lo que representa un aumento del 16 por ciento comparado con el año 2000.

En la Florida, en un período de seis años, este tipo de ayuda estudiantil ha aumentado casi un 50 por ciento.

Largos tiempos de espera

“Corta el cordón umbilical”, le decía a Breanna Eaton su mamá. Era como si su madre no quisiera creer lo que estaba ocurriendo. Eaton sufría de una depresión y de un trastorno alimentario tan fuerte que no quería alejarse de su casa en Tulsa.

Eaton entraba y salía de “sus estados de ánimo”, como su familia los llamaba. Ahí fue cuando se hizo daño a sí misma y se cortó. Finalmente, cuando su madre se dio cuenta y le dijo que necesitaba ayuda, Eaton se echó a llorar.

Un terapeuta la ayudó. También la ayudó recibir tratamiento cuando estuvo ingresada en el hospital y el nacimiento de su sobrina. Eaton decidió dejar Oklahoma y entró en la SFU con la esperanza de convertirse algún día en consejera. Pero la sombra de la depresión la siguió hasta la Florida.

Quizás no debía haberse matriculado en las clases del otoño, sobre todo después de la temporada internada en el Tampa Bay Behavioral Health, pero necesitaba aferrarse a la rutina.

Cuando trató de hacer una cita y le dieron un tiempo de espera de semanas, volvió a estar a la deriva.

El centro de asesoramiento de SFU se destaca por el acceso y la calidad en la atención, pero en estos días con tanto aumento de la demanda, el centro ha tenido que extender las horas de trabajo y ha hecho ajustes para que su lista de espera no sea demasiado larga.

El centro trata de que los estudiantes participen en terapias de grupo y de que se unan a las sesiones o seminarios de atención y de que también usen los módulos en línea. En las últimas seis semanas del semestre, la SFU recorta las sesiones a la mitad para así disminuir el grupo de estudiantes que son atendidos.

El año pasado, el centro atendió a casi 2,900 clientes, la mayoría por ansiedad, estrés y depresión. Las sesiones son gratuitas e ilimitadas. Durante las temporadas altas del semestre, los estudiantes esperan hasta 14 días para recibir ayuda. En aquellos casos en que se necesita una cita psiquiátrica más intensiva, la espera en el Student Health Services es hasta de 18 días. Las necesidades urgentes son prioritarias.

“Cuando hay estudiantes que están sufriendo una crisis de salud mental, decirles: ‘Espera, te veo por la mañana’ no tiene sentido”, dijo el doctor Joe Puccio, director médico de Student Health Services de SFU y codirector interino del centro de asesoramiento. “Cuando están en crisis, están en crisis”.

Con más empleados, la SFU podría extender las horas de servicio y atender a los estudiantes a tiempo, en vez de como ahora, que solo lo hace en los momentos críticos, dijo Lisa Ferdinand, codirectora interina.

“Tendríamos más alcance, habría más consultas, más educación –dijo–. Creo que todos tenemos la esperanza de que eso suceda”.

Ayuda externa

Al ver que se estaban afectando sus calificaciones, Eaton, decidió llamar al terapeuta que había visto antes, fuera de SFU. Recibió una cita en unos días.

Juntos, decidieron que no tomaría las clases del semestre de otoño de 2016. Eaton sabía que volvería a retomarlas cuando estuviera lista.

Ahora no deja de asistir a las clases de atención a la salud del comportamiento, y todavía ve a especialistas externos cuando lo necesita.

“Necesito poder programar la visita en el momento que la necesite”, dijo.

Siempre anota frases y citas en su espejo para no olvidar que es fuerte y luchadora. Y si la depresión se prolonga, ella sabe a quién llamar.

Esta historia fue publicada originalmente el 4 de agosto de 2017, 4:45 p. m. with the headline "Menos consejeros de salud mental y más estudiantes."

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