Pacientes con tratamiento de diálisis pueden viajar sin riesgo
Lo primero que le viene a la mente a alguien que le dicen que necesitará tratamiento de diálisis es que dependerá de una máquina para toda su vida sin poder moverse de un sitio.
Carlos Castillo, arquitecto líder de la empresa global de tecnología de software Genesys, nunca imaginó que con una diálisis podría seguir sus viajes de trabajo. El único país al que no viaja es Venezuela, donde este arquitecto venezolano podría recibir tratamiento con normalidad a pesar de la falta de medicamentos e insumos.
Desde hace ocho meses, Castillo recibe tratamiento de hemodiálisis, proceso por el que se filtra la sangre fuera del cuerpo a través de un dializador o “riñón artificial” para devolverla posteriormente al cuerpo, en Fresenius Kidney Care Metropolitan, en Miami. Este centro médico ofrece tratamiento de diálisis y otros servicios a casi 200,000 personas con enfermedades renales en más de 2,300 lugares en todo el país.
Castillo requiere tres tratamientos por semana, cada uno de cuatro horas de duración. Su condición crónica de diabetes y, como consecuencia, su insuficiencia renal, es estable.
Tony Hayes, gerente general del grupo Fresenius Kidney Care en el sureste, afirmó que cualquier persona con enfermedad renal puede hacer viajes de trabajo o de placer “con una planificación adecuada con antelación con su enfermera de diálisis o trabajador social para recibir el cuidado y tratamiento adecuado de diálisis”.
El éxito laboral de este arquitecto venezolano, de 45 años de edad, radica en su gran disponibilidad para vivir y viajar por Latinoamérica, Europa y Estados Unidos, donde reside desde el 2008.
Antes de su condición renal el 70 por ciento de su trabajo consistía en viajar. Con la diálisis, el 30 por ciento de su trabajo son viajes. Estos son ahora más cortos y una vez al mes. En Estados Unidos, recibe diálisis principalmente en las unidades de San Diego, Chicago, Nueva York y San Francisco. Y en Europa visita con frecuencia hospitales en Londres, Ámsterdam y Múnich.
“Antes de salir de viaje lo primero que hago es consultar la web de Fresenius para ver las fechas, lugares y horarios preferentes en la ciudad a la que voy a trabajar –contó Castillo–. Después hablo con el trabajador social del centro y, por último, el centro coordina el viaje”.
Los viajes internacionales requieren un mes de planificación con antelación, porque “en Europa hay que enviar antes toda la información médica y aquí esa información médica es compartida”, añadió Castillo.
Ha recibido diálisis en Colombia, pero no tiene planificado recibir tratamiento en Venezuela porque “aunque me lo cubre mi seguro, me parece injusto que una persona en Venezuela que necesite el tratamiento no lo reciba porque me lo dieron a mí. Eso supone negarle a alguien su derecho a diálisis –aclaró Castillo–. He tomado esa decisión a pesar de que mis padres, los dos diabéticos, viven allí y sé que no hay insumos. No hay ningún tipo de garantía en ese país”.
Hayes recomienda, a la hora de viajar con diálisis a cualquier país, que “los pacientes siempre lleven encima su identificación personal e información de los contactos importantes y un paquete extra de medicamentos en caso de emergencia”.
El tratamiento de diálisis ha marcado un nuevo comienzo, mejorando su calidad de vida. Le ha permitido viajar con normalidad, sin sufrir demasiados riegos, llevando a cabo pequeños ajustes necesarios, a pesar de que durante las primeras semanas apenas notó un cambio significativo. Los cambios saludables drásticos se dieron a partir de la tercera semana.
Antes de la diálisis Castillo apenas salía a la calle. Tenía falta de concentración e, incluso, le afectó la memoria.
“No podía dormir bien de noche, amanecía cansado siempre, con la hemoglobina por el piso, en 8, presión arterial, el fósforo y el potasio elevados, con arritmias y riesgo de infarto –informó–. Cuando uno está tan mal es muy fácil caer en un estado depresivo y en aquella época iba de médico en médico, tenía unos ocho”.
Debido a una presión arterial alta y a su condición renal tuvo que empezar a hacer sus primeros ajustes en el 2011. Desde entonces no ha dejado de cuidarse pudiendo prolongar el período para enfrentar la diálisis.
“Tuve la ventaja de que supe anticiparme a los acontecimientos y pronto me hicieron una fístula preventiva para garantizar que podría tener diálisis cuando lo necesitara –dijo–. También me ayudó mucho el tener una relación cercana con mi nefrólogo, quien me explicó todo el proceso por el que iba a pasar desde el punto de vista de la enfermedad”.
Desde entonces Castillo planifica exhaustivamente cada detalle laboral, médico y dietético. “Al principio fue un shock. Todos pensamos que vamos a depender de la máquina para vivir, pero cuando digieres que nunca hay que perderse una diálisis, ni los medicamentos y que hay que seguir la dieta establecida, todo va mejor. Sin una de las tres, el tratamiento no funciona”, insistió.
La única complicación de viajar es la alimentación. “Comer bajo en sodio, en fósforo, bajo en potasio, pero no siempre tienes un control riguroso cuando hay que comer en un restaurante. En Estados Unidos es transparente, las unidades trabajan de forma estándar, en el exterior es diferente porque hay unidades que admiten pacientes de otros sitios, especialmente en hospitales”, explicó.
Los grupos de apoyo de la familia, amigos, compañeros y empleadores, son vitales para las personas en tratamiento de diálisis. Estas deben explicar cuáles van a ser sus futuras necesidades tanto personales como profesionales.
“En mi trabajo fueron muy conscientes de que mi condición no me limita, pero sí había que realizar una planificación de todos los viajes para llevar una vida medio normal sin limitaciones en muchos aspectos”, comentó agradecido.
Un tratamiento de diálisis siempre mejora la calidad de vida de personas con insuficiencia renal crónica, a pesar de que la mayoría de estos no se anticipan a los cambios. “El objetivo es prolongar la vida, optar por un riñón y si este no llega o es incompatible, con el tratamiento de diálisis se puede vivir muchos años sin ningún problema”, concluyó.
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Más información en Fresenius Kidney Care Patient Travel 1-866-434-2597 y www.freseniuskidneycare.com/travel-services.
Esta historia fue publicada originalmente el 4 de agosto de 2017, 2:32 p. m. with the headline "Pacientes con tratamiento de diálisis pueden viajar sin riesgo."