Terapia de comportamiento dialéctico contra trastorno postraumático tras catástrofe natural
Hay muchos tratamientos efectivos para tratar el trastorno de estrés postraumático (PTSD, por sus siglas en inglés), como consecuencia de sufrir situaciones traumáticas como los desastres naturales. Pero antes de aplicar alguno de ellos, se pueden llevar a cabo otras terapias para controlar síntomas del PTSD como el estrés, ansiedad, desorientación, depresión y los trastornos alimentarios y del sueño.
La terapia de comportamiento dialéctico (dialectical behavior therapy; DBT, por sus siglas en inglés), que enfatiza en la psicoterapia individual y las clases grupales de capacitación de habilidades, es el primer paso para tratar el PTSD.
“Muchas veces las personas que sufren de efectos postraumáticos son incapaces de regular sus emociones de manera efectiva”, comenta Silvia Almeida-Vaquero, con 23 años de experiencia en terapias matrimoniales y de familia, y socia fundadora de The Counseling Group, un grupo de consejería en Brickell que provee ayuda a personas, escuelas y empresas después de un desastre natural y experiencia somática, orientación nutricional, evaluaciones psicológicas y psiquiátricas y manejo de medicamentos.
Uno de los tratamientos más efectivos es el llamado Desensibilización y reprocesamiento del movimiento ocular (Eye Movement Desensitization and Reprocessing, EMDR), un modelo de psicoterapia complejo que está ayudando a personas de todas las edades a superar importantes traumas, como lo es un desastre natural.
Otro tratamiento con resultados es la Exposición Prolongada, una terapia cognitiva conductual.
Antes de este tipo de tratamientos, la DBT ayuda a las personas a aprender y utilizar nuevas habilidades y estrategias en la vida. Entre las habilidades que se desarrollan en el DBT destacan destrezas para la atención plena, regulación emocional, tolerancia de socorro y efectividad interpersonal.
“Ayudan a manejar sus emociones incontrolables al enfrentar ciertos elementos del trauma”, aclara Alma Lovaton-Quagliato, también socia fundadora The Counseling Group y terapeuta de matrimonios y familias con 34 años de experiencia. “No se le hace posible empezar con los tratamientos para PTSD hasta que aprendan a manejar sus emociones”.
El DBT, diseñado en principio para tratar casos difíciles como el trastorno de personalidad límite, es apropiado para “depresión, ansiedad, trastorno bipolar, adicciones, y desórdenes alimentarios”, indica Lovaton-Quagliato.
Silvia Almeida-Vaquero, quien trabajó intensivamente durante los tres meses siguientes al huracán Andrew (que impactó a la ciudad de Miami en 1993), con afectados de este evento catastrófico, dice que se necesita terapia cuando “algunos de los síntomas comunes pueden ser recuerdos intrusivos estresantes, evasión, escena retrospectiva, emociones negativas, irritabilidad, dificultad para concentrarse y trastornos del sueño. En dependencia de la edad se manifiestan de manera diferente”.
El tratamiento de DBT consiste en una sesión individual y una “clase” en grupo semanal, donde se enseñan diferentes herramientas para afrontar la vida.
“Están divididos en 4 módulos: mindfulness, eficacia interpersonal, regulación emocional y tolerancia a la angustia”, explica Lovaton-Quagliato. “Y está más enfocado en el aprendizaje que en procesos terapéuticos. Las sesiones individuales son para reducir o eliminar comportamientos desadaptativos”.
Lovaton-Quagliato explica que algunos pacientes pueden tener dificultades en expresar sus pensamientos y sentimientos o pueden volverse retraídos o irritables. Otros pueden tener dificultades con la resolución de conflictos y las relaciones en casa o en el trabajo.
Los niños pueden demostrar un comportamiento regresivo y tener una habilidad verbal limitada para expresarse, tanto en casa como en la escuela. “También pueden ser hipervigilantes y experimentar emociones negativas como el miedo o la tristeza”, puntualiza Lovaton-Quagliato.
Especialistas en salud pública, como el doctor Eugenio Rothe, psiquiatra y profesor de Florida International University (FIU), destacan la importancia de la solidaridad como una vía positiva para la salud mental y emocional en situaciones extremas. Esta elimina el estrés y minimiza los trastornos postraumáticos.
Durante este tipo de desastres se pospone el trastorno de estrés postraumático, que salen al exterior entre dos y seis meses después del desastre natural.
“Después de salir de la crisis, cuando ya tienen agua, comida, etc., viene el impacto emocional porque este puede ser tardío. En unas personas puede tardar más que en otras y tienen un período de duelo y depresión por todo lo que se ha perdido. Mientras que la persona trata de resolver la crisis que tiene delante, no puede experimentar los sentimientos”, asegura.
Dice el especialista en salud pública de FIU que ante cualquier tipo de posible trastorno postraumático, lo primero que tenemos que hacer para ayudar a amigos y familiares en estas situaciones es la solidaridad. Gracias a esta, aquellos que sufren las secuelas de una catástrofe natural estrechan fuertes lazos de unión perdurables para toda la vida.
“La persona se siente más fuerte emocional y mentalmente, y con más deseos de seguir adelante, cuando experimentan un sentido de solidaridad comunitaria”, insiste el especialista en salud pública de FIU. “La solidaridad nos ayuda a sanar ese trauma y a seguir adelante”.
Si la solidaridad es importante también lo es el saber pedir ayuda, aunque depende mucho del carácter y temperamento de la persona, así como del grupo o colectivo en el que se busca apoyo.
“Hay estudios que demuestran que los grupos para hablar sobre la tragedia a veces hacen más mal que bien. Algunas personas se afectan mucho recordando”, advierte el doctor Rothe. “Pero cuando es un sentimiento de solidaridad que se le comunica a la otra persona que no está sola, que tiene una comunidad que lo apoya y lo va a ayudar, eso es muy importante para sanar”.
Para no entrar en un estrés postraumático, dicen los especialistas que los afectados emocional y mentalmente tras un huracán o terremoto “han de recuperar cuanto antes a la normalidad o crear una nueva rutina”, comenta Rothe, quien aconseja que “cuando en esta nueva rutina creada para ayudar a los demás con una meta común, uno se siente débil es el momento de pedir ayuda”.
Dependiendo de la persona se requiere un tratamiento específico. No todos pueden recibir el mismo. “Por eso es que la persona se beneficia teniendo algún tipo de rutina. Pero ha de proponerse metas que sean alcanzables”, apunta el doctor Rothe.
Insiste Rothe en que es primordial dar importancia al hecho de compartir y expresar los sentimientos que provocan estos desastres naturales a la hora de afrontar este tipo de trauma.
“La persona se siente mejor cuando los sentimientos internos son validados por otra persona, porque se da permiso para sentir y comprende que la gente a su alrededor están sintiendo también lo mismo”, concluye Rothe.
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Esta historia fue publicada originalmente el 6 de octubre de 2017, 5:32 p. m. with the headline "Terapia de comportamiento dialéctico contra trastorno postraumático tras catástrofe natural."