¿Está su hijo pasando mucho tiempo frente a una pantalla? Eso puede provocar grandes problemas.
Cuando Lucas Miranda, de siete años, y su hermana Carolina, de seis, residentes del sur de Miami, salen a cenar con sus padres, no se sientan y juegan en los teléfonos de sus padres. No ven películas en un iPad o se comunican por Instagram con sus amigos. En su lugar, sus padres, Sofía y Felipe Miranda, llevan libros de colorear o juguetes pequeños para entretener a los niños.
Los Miranda tienen también guías estrictas sobre el tiempo que pasan frente a una pantalla en el hogar.
Durante la semana, los niños tienen una hora de televisión al día y tiempo de computadora solo para las tareas escolares. No tienen acceso al teléfono. En los fines de semana, tienen un poco más de tiempo para ver deportes o una película.
Sofia Miranda dice que en su trabajo como enfermera pediátrica en Kidz Medical Services, ve mucha obesidad infantil, parcialmente a consecuencia de demasiado tiempo frente a una pantalla.
“En parte esto tiene que ver con la inactividad de los niños y no jugar al aire libre tanto como hacían antes. Hay una sobre estimulación de juegos y aplicaciones, y antes de usted darse cuenta, han pasado horas”, dice Sofía Miranda.
En su hogar, ellos balancean el tiempo frente a una pantalla con el tiempo de juego al aire libre u otra actividad física. Sofía dice que ella y su esposo, Felipe, neonatólogo, intentan adoptar hábitos saludables desde una edad temprana.
De acuerdo con una encuesta de 2017 hecha a padres de Estados Unidos, desarrollada por el grupo de abogacía Common Sense Media, los niños de ocho años o menos pasan un promedio de dos horas y 19 minutos diarios con pantallas.
La Academia Americana de Pediatría recomienda que los niños de 18 meses o menos, no pasen tiempo frente a una pantalla más allá de chatear. Los padres de niños de 18 a 24 meses pueden comenzar, poco a poco, con programación de alta calidad. Los niños entre las edades de dos a cinco años deben limitarse a una hora al día. Los niños de seis o más deben tener límites consistentes, con períodos libre de medios como el tiempo de las comidas o de dormir.
Las investigaciones muestran que el sobre uso de los medios digitales y las pantallas puede provocar obesidad, sueño insuficiente, problemas en el salón de clase y comportamiento de riesgo.
“La pregunta principal para los padres es‘ ¿Cuánto tiempo está pasando mi hijo frente a las pantallas?’”, dice Alan Delamater, director de psicología clínica del departamento de pediatría de la Escuela de Medicina Miller en la Universidad de Miami. “Actualmente, los niños pasan tanto tiempo con sus pantallas como el que pasan durmiendo o en la escuela”.
Obesidad
De acuerdo con la Academia Americana de Pediatría, los adolescentes que ven más de cinco horas de televisión al día son cinco veces más propensos de estar sobrepeso que los adolescentes que ven de 0 a dos horas. Ver televisión por más de una hora y media diaria es un factor de riesgo para obesidad en niños de cuatro a nueve años. Ver anuncios de alimentos altos en calorías y consumir refrigerios mientras ve televisión contribuye al riesgo.
“Existen décadas de investigación sobre los efectos de la exposición a la televisión”, dice Delamater. “Sabemos que chicos que ven mucha televisión terminan con algunos resultados no saludables, incluyendo estar sobrepeso, ser más agresivo y estar más propensos a involucrarse en comportamientos sexuales a edades tempranas”.
Problemas sociales
Según la Asociación Americana de Psiquiatría, los jugadores excesivos de video están en riesgo de padecer trastorno de juego de Internet, una condición de salud mental en que el juego persistente puede conducir a efectos clínicos significativos sobre la funcionalidad y el desarrollo social.
De acuerdo con la Academia Americana de Pediatría, del cuatro al ocho por ciento de los jóvenes tienen problemas limitando el uso de internet, y cerca del diez por ciento de los jóvenes de ocho a 18 años en Estados Unidos pueden tener un trastorno de juego de Internet.
“Si usted pasa mucho tiempo jugando en un teléfono, usted está aislado, y si esa es la única forma en que está interactuando con el mundo, entonces no es algo bueno”, dice Gilda Moreno, psicóloga de niños y adolescentes de Nicklaus Children’s Hospital.
Los niños que se reúnen con amistades, pero pasan el tiempo jugando en los teléfonos también están perdiendo socialización, comenta Moreno.
“Esto es un problema, porque necesitamos comunicarnos unos con otros”, dice. “Necesitamos estar hablando”.
Nicole Rodríguez, consejera de salud mental y psicoterapeuta licenciada de Baptist Health South Florida, explica que los niños más jóvenes están perdiendo la habilidad de socializar porque están estancados en YouTube o viendo espectáculos en sus teléfonos.
“Aprendemos a socializar comunicándonos con otras personas, y mucho de eso se hace cara a cara, aprendiendo a leer señales sociales”, comenta Rodríguez.
Problemas de sueño
Niños que están en sus pantallas todo el tiempo, duermen menos, y los estudios muestran que los niños que duermen menos les va peor en la escuela, dice Delamater de la Universidad de Miami. El contenido estimulante y la exposición a la luz azul de una pantalla puede retrasar o interrumpir el sueño.
La luz “enciende el cerebro y dificulta el quedar dormido”, dice.
Problemas en la escuela
“Los estudios demuestran que los niños que pasan muchas horas en las pantallas diariamente tienen un desempeño escolar más bajo, así como niveles mayores de estrés y una peor calidad de vida”, dice Delamater. Deja menos tiempo para concentrarse en el trabajo escolar y están distraídos cuando lo hacen, comenta.
Padres de pacientes dicen que a sus hijos no les va bien en la escuela porque siempre están enviando textos o interactuando con amigos en línea. Las distracciones resultan en menos tiempo de calidad para el estudio y las tareas escolares, continúa Delamater.
Problemas de salud mental
Los estudios demuestran que el tiempo frente a una pantalla puede contribuir a o exacerbar la ansiedad o depresión, según Rodríguez.
“Para los adolescentes que están en las redes sociales, se convierte en comparar mi vida con tu vida, y la vida se ve maravillosa en una película”, dice. “Estamos viendo mucho ese juego comparativo y los adolescentes pensando que los demás tienen una vida tan buena, lo que puede causar depresión”.
El tiempo sedentario frente a una pantalla puede también interferir con el desarrollo normal. Nuestros cerebros no se desarrollan totalmente hasta que estamos en la mitad de los 20, dice Rodríguez.
“Mientras más tiempo pasan los niños y adolescentes cuando sus cerebros se están desarrollando, en actividades donde están usandolas manos, aprendiendo idiomas, aprendiendo un instrumento y jugando un deporte, mejor el desarrollo del cerebro”.
Efectos positivos
Las noticias no son todas malas. La programación de calidad, las aplicaciones educativas y las interacciones en las redes sociales pueden tener un impacto positivo.
“Hay buenos ejemplos del uso de los videojuegos y de tiempo frente a las pantallas con propósitos educativos”, dice Delamater. “Por ejemplo, niños que juegan videojuegos que requieren una destreza motora visual buena, terminan con mejores resultados en pruebas de destreza motora visual, lo que no es sorprendente”.
También hay evidencia de los efectos educativos de ciertos juegos.
Los videojuegos donde los jugadores se conectan y hablan unos con otros, los chats grupales y las redes sociales también pueden ayudar a los adolescentes a sentirse conectados.
Establecer límites
Un teléfono, un iPad o una computadora son privilegios. Maneje el tiempo frente a una pantalla siempre como privilegio, dice Moreno.
“Comienza cuando el niño es pequeño, enseñándoles quién está a cargo y cuánto tiempo van a poder hacer las cosas”, expresa. “Los padres piensan que no tienen control de la situación cuando en realidad lo tienen, igual que tienen control sobre el tiempo que los niños pasan en la piscina o cuánto tiempo pueden jugar en el exterior”.
Delamater dice que los padres deben también monitorear lo que hace su hijo durante el tiempo que está frente a una pantalla, “de forma que los niños puedan aprender a pensar críticamente sobre las cosas a las que están expuestos en línea”.