Salud

La música y la terapia de mascota alivian el dolor

La terapeuta de música Evelyn Laguardia enseña guitarra a Melissa Espinosa de 12 años. Melissa es paciente de cáncer en el Nicklaus Children's Hospital.
La terapeuta de música Evelyn Laguardia enseña guitarra a Melissa Espinosa de 12 años. Melissa es paciente de cáncer en el Nicklaus Children's Hospital. MIAMI HERALD

Mercedes Hernández aprovecha un remedio que la comunidad médica ha conocido desde hace siglos: la terapia musical como medicina.

La terapia musical, definida por la Asociación Americana de Terapia Musical, es el uso clínico, basado en evidencias, de intervenciones musicales para lograr metas individualizadas en una relación terapéutica.

Hablando de forma simple, “Estamos tratando de que los pacientes mejoren la salud general, utilizando música mayormente para el manejo del dolor, la superación, lidiar con la ansiedad, ayudar a los pacientes oncológicos a navegar a través de un diagnóstico nuevo”, dice Evelyn Laguardia, terapeuta musical de Nicklaus Children’s Hospital.

La terapia, que puede incluir instrucción musical, imágenes guiadas pareadas con música y uso de música individualizada durante procedimientos, está disponible en varios hospitales del sur de Florida, incluyendo el Centro Integral de Cáncer Sylvester de la Universidad de Miami, el Baptist Health South Florida, el Centro Médico Mount Sinai y Nicklaus.

En el 2006, Hernández fue diagnosticada con cáncer de vulva, una forma rara que representa el cuatro por ciento de cáncer de los órganos reproductivos de la mujer y 0.6 por ciento de todos los tipos de cáncer en mujeres. En el caso de Hernández, el cáncer recurrió agresivamente en el 2014, de acuerdo con su oncólogo torácico en el Centro Médico Mount Sinai, la Dra. Estelamari Rodríguez, y se ha propagado de forma avanzada de cáncer de pulmón y a los huesos.

Hernández se sometió a quimioterapia y a un procedimiento para remover el fluido del pulmón derecho colapsado y ha visitado especialistas desde Tampa a Alemania. “Pero no tienen una cura para esto, todo el mundo le está dando malas noticias”, dice Rodríguez.

Técnicamente, según los médicos, debido al cáncer de pulmón, no debería siquiera poder cantar. Dígale eso a Hernández quien, a pesar de la enfermedad, canta clásicos de la vieja escuela cubana de la década de 1950 en adelante.

Actualmente, Hernández está libre de la quimio y fuera de la silla de ruedas. Los pulmones también se han abierto.

En Nicklaus, los terapeutas musicales trabajan con pacientes jóvenes de cáncer y sus familias en una variedad de formas:

Relajación muscular progresiva. Para esta técnica, la estimulación muscular es pareada con imágenes guiadas y varios instrumentos. La meta es calmar a los pacientes ansiosos. La guitarra o el piano pueden añadirse según los terapeutas guían a los pacientes a través de técnicas de respiración profunda.

La teoría de la compuerta del dolor. Un investigador canadiense propuso esta teoría en el 1965. “El cerebro puede solo manejar una cantidad de señales nerviosas al mismo tiempo y puede enfocarse en un estímulo a la vez”, explica Laguardia. “Si el único estímulo es dolor, eso es lo que el paciente va a sentir. Si podemos dominar ese estímulo a través de una forma convincente que involucre al paciente, a través de la música, podemos dominar la experiencia negativa de dolor”.

Aprendizaje terapéutico de un instrumento. En Nicklaus, el Ukulele Kid’s Club enseña a pacientes como Melissa Espinosa, de 12 años de edad, a tocar el instrumento de cuerdas como una técnica de manejo. Hay otros a quienes les gusta aprender guitarra o piano. También escribir canciones.

Crear el legado. Los terapeutas de música de Nicklaus, el departamento de tecnología informática y los ingenieros de música han incorporado un programa para algunos pacientes con cáncer terminal, que comenzó el pasado año en Cincinnati Children’s Hospital, y en el que los latidos de un paciente se graban con un micrófono estetoscopio improvisado, como una pista de ritmo. El latido del corazón se mezcla entonces con una tonada seleccionada por el paciente o un familiar. Los pedazos se montan en una pieza musical terminada que utiliza el corazón del paciente como ritmo, muy parecido a la forma en que las madres se vinculan con sus bebés, escuchando el pulso metronómico del corazón. El producto final se le presenta a la familia en un CD.

Hace un mes, Nicklaus hizo la primera grabación para una familia cuya hija de cuatro años, una gemela, había muerto. Las canciones seleccionadas fueron ‘Over the Rainbow’ de El Mago de Oz y ‘Do You Want to Build a Snowman’ de Frozen.

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El poder curativo de los perros

Al igual que la música, la terapia utilizando los perros se ha vuelto parte de los centros de cuidado de la salud. En el Mount Sinai Comprehensive Cancer Center de Miami Beach, por ejemplo, tres equipos de perros visitan a los pacientes de forma regular tanto en el área de infusiones como en la áreas de examen.

Uno de los equipos más populares es el de los labradoodles, Jacque y Eli, quienes hasta se meten en la cama con los pacientes que quieran para hacerles compañía.

“Muchos de nuestros pacientes tratan de venir a su tratamiento cuando están los perros”, explica Lisa Gonzalez-Alpizar, psicóloga clínica licenciada de Mount Sinai. “Por ejemplo, un joven que había sido diagnosticado recientemente con cáncer no quería hablar con nadie, ni siquiera con su familia. Cuando llegaron los perros y comenzamos a hablar del tema, el chico se acercó y eso fue lo que abrió las puertas para que pudiéramos trabajar bien con él”.

Los animales que se utilizan en terapias ayudan a bajar los niveles de estrés y de presión alta, ayudan al bienestar del paciente, disminuye la necesidad de utilizar más medicamentos para el dolor, la ansiedad, depresión y disminuye el sentimiento de soledad y aislamiento social.

Los perros son la elección más popular para terapia. En algunos hospitales de la nación utilizan gatos, caballos (especialmente con niños que responden bien a este tipo de terapias, dice Gonzalez-Alpizar) y hasta cerdos.

“Los animales tienen la virtud de vivir en el momento presente y distraer la mente de las personas”, explica Gonzalez-Alpizar.

“Cuando los perros entran al cuarto de tratamiento puedes sentir cómo cambia el ambiente de la habitación entera, es como un respiro”, dice. Tanto el personal como las personas encargadas de cuidar a los enfermos también sienten esa relajación. “Incluso el personal recibe más apoyo de lo que se pueda imaginar según los perros pasan a saludar por la estación de enfermería antes de acercarse a los pacientes”.

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