Salud

Mini biografías ayudan a médicos a conectar con los pacientes

Bob Hall fue uno de los primeros pacientes en ser entrevistados para el programa My Life, My Story en el William S. Middleton Memorial Veterans Hospital en Madison, Wisconsin en 2014. “Nunca antes había experimentado algo así en un hospital”. Hall dijo. Hall sostiene una fotografía de sí mismo jugando con niños en un pueblo de Vietnam durante su tiempo como infante de marina.
Bob Hall fue uno de los primeros pacientes en ser entrevistados para el programa My Life, My Story en el William S. Middleton Memorial Veterans Hospital en Madison, Wisconsin en 2014. “Nunca antes había experimentado algo así en un hospital”. Hall dijo. Hall sostiene una fotografía de sí mismo jugando con niños en un pueblo de Vietnam durante su tiempo como infante de marina.

En marzo de 2014, Bob Hall se estaba recuperando de otra cirugía en el hospital cuando un voluntario entró a su habitación. Tres meses antes había tenido un trasplante de pulmón en el William S. Middleton Memorial Veterans Hospital, en Madison, Wisconsin, y la recuperación había sido difícil.

El voluntario no estaba allí para controlar sus pulmones o para chequear su respiración. En cambio, le preguntó a Hall si quería contarle la historia de su vida.

Hall sirvió en la Infantería de Marina durante la Guerra de Vietnam. Después, tuvo una carrera política como legislador de Massachusetts. Y luego dirigió asociaciones profesionales durante 30 años.

“Soy cualquier cosa menos un muchacho tímido, y siempre estoy dispuesto a compartir detalles sobre mi vida”, dijo en broma.

Hall, quien entonces tenía 67 años, habló con el voluntario durante más de una hora sobre todo, desde su época como estudiante (con calificaciones D) en la escuela secundaria hasta su tiempo en el ejército ( “Pensé que los marines eran la rama más difícil y quería detener a los comunistas”). Habló de los problemas de salud por los que terminó en el hospital y de la vida en la actualidad.

La entrevista fue parte de un programa llamado My Life, My Story, en el escritores voluntarios buscan vetetranos que estén en el hospital, como Hall, y les preguntan todo sobre sus vidas. Luego escriben una biografía de mil palabras y la repasan con el paciente, quien puede agregar más detalles o corregir cualquier error.

“Por supuesto, siendo escritor, reescribí todo”, confesó Hall con una sonrisa.

Cuando se termina la historia, se adjunta al registro electrónico del paciente, donde un médico o enfermera que trabaja en cualquier parte del sistema médico del sistema de Veteran’s Affairs puede leerla.

Hasta ahora, más de 2,000 pacientes en el hospital de Madison han compartido sus historias de vida.

Los organizadores del proyecto dicen que podría cambiar la forma en que los proveedores interactúan con los pacientes.

Ponerle rostro a las historias clínicas

Los profesionales de salud pueden acceder a una gran cantidad de datos médicos a través del registro electrónico de un paciente, pero no hay ningún lugar para aprender sobre su personalidad o sobre su carrera, pasiones o valores, dijo Thor Ringler, quien dirige el proyecto My Life, My Story desde 2013.

“Si intentaras tener una idea de la vida de alguien a partir de ese registro, podría llevarte días”, dijo Ringler.

La idea de My Life, My Story fue del doctor Elliot Lee, un residente médico que estaba haciendo una rotación de entrenamiento en Madison en 2012. La rotación típica para los residentes de medicina solo dura un año, y Lee quería encontrar una forma en la que los médicos jóvenes pudieran conocer otro costado del paciente.

Lee y sus colegas intentaron que los pacientes completaran encuestas, que fueron útiles, pero aún así dejaron al equipo con ganas de más. Luego, les pidieron a los pacientes que escribieran sus propias historias de vida, pero no muchos quisieron hacerlo.

Finalmente, en un momento de claridad, tuvo la idea: contratar a un escritor para entrevistar a los pacientes y escribir una biografía.

No fue difícil encontrar un buen candidato, había un poeta en Madison, Thor Ringler, que acababa de terminar su formación como terapeuta familiar. Era bueno hablando con la gente y también tenía la habilidad de condensar los pensamientos grandes en oraciones concisas y significativas.

“Pensé que había nacido para esta tarea”, dijo Ringler.

Bajo la guía de Ringler, el proyecto ha desarrollado un conjunto de materiales de capacitación para permitir que otros hospitales de veteranos lancen este programa. Según Ringler, actualmente están interesados unos 40 hospitales a lo largo del país.

En California, hay un programa en Fresno y los voluntarios en Los Ángeles tienen programada una capacitación este verano.

Ringler estima que los hospitales tendrían que contratar a un solo escritor (que trabajara medio tiempo o tiempo completo, dependiendo del tamaño del hospital) para administrar un programa de narración similar. Eso significa que el presupuesto podría ser tan bajo como $23,000 al año.

El programa también apunta a abordar una queja constante de los pacientes: “No puedo ver a nadie por mucho tiempo, y nadie [en el hospital] sabe quién soy”.

Además del interés dentro del sistema de Veteran’s Affairs, la idea se ha extendido a hospitales como Brigham and Women´s Hospital en Boston y Regions Hospital en St. Paul, Minnesotta.

Un “regalo” para médicos y enfermeras

Hay investigaciones que sugieren que cuando los cuidadores conocen mejor a sus pacientes, los resultados de salud son mejores.

Otro estudio encontró que en pacientes con un resfriado común, la duración del resfrío era casi un día más corto para aquellos pacientes que le dieron a su médico una calificación máxima de empatía.

Heather Coats, profesora asistente de la Universidad de Colorado, quien estudia el impacto en la salud de la narración biográfica, señala que un estudio de 2008 encontró una mejora sorprendente en la atención cuando a los radiólogos simplemente se les proporcionó una foto de los pacientes cuyos escáneres estaban leyendo.

“Mejoraron la precisión de su lectura radiológica”, dijo Coats, “lo que significa menos palabras mal escritas, un informe mejor y más detallado”. La ciencia actual está investigando si contar historias podría tener un efecto similar en los resultados clínicos.

En el hospital de Madison, una encuesta respaldó esto: demostró que el 85 por ciento de los médicos pensaba que leer las biografías de los pacientes producidas por el equipo de escritores de Thor Ringler era “un buen uso” del tiempo clínico y también les ayudó a mejorar la atención del paciente.

Hall ha aprendido que las historias pueden ser significativas para los cuidadores, incluso cuando no están trabajando. Durante una de sus estadías en el Madison VA, un asistente de enfermería fue a visitarlo.

“Vino una noche y se sentó en mi cama solo para hablarme un rato porque había leído mi historia”, dijo Hall. “Más tarde supe que fue fuera de su turno”.

Han pasado cinco años desde el trasplante de pulmón, y Hall está bien. Incluso encontró un trabajo a tiempo parcial usando sus habilidades de escritura: forma parte del equipo My Life, My Story. En dos años, ha escrito 208 biografías de veteranos.

Esta historia es parte de una asociación que incluye Wisconsin Public Radio, NPR y Kaiser Health News.

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