La diabetes, un riesgo entre hispanos para un ataque al corazón
En septiembre pasado, Eusebio Gamito entró a la cocina de su casa de La Pequeña Habana para servirse un vaso de agua cuando sintió un dolor agudo en el estómago.
“El dolor fue el peor del mundo. Me sentía como si un elefante me caminaba por el pecho. Caí al piso como una gallina”, dice Gamito, de 59 años. Eran las 11 a.m. y Gamito no se imaginaba, pero estaba sufriendo su tercer ataque al corazón.
Gamito nació en Cuba, pero ha vivido en Estados Unidos desde 1995. De acuerdo con los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), los hispanos en Estados Unidos tienen un riesgo mucho más alto de desarrollara diabetes, comparado con los blancos no hispanos, y la diabetes es uno de los principales factores de riesgo para desarrollar enfermedades del corazón.
El ataque al corazón de Gamito fue resultado de una tormenta perfecta de varias condiciones: tiene diabetes, hipertensión, colesterol alto y fumaba. La mañana que sufrió el ataque al corazón, había consumido Viagra mientras tenía sexo con su esposa. La Administración de Alimentos y Drogas ha advertido sobre el uso de drogas para la disfunción eréctil si usted ha sufrido un ataque al corazón, un accidente cerebrovascular o un historial de insuficiencia cardíaca congestiva o presión sanguínea descontrolada.
Gamito fue llevado de inmediato a UHealth Tower de University of Miami Hospitals and Clinics y trasladado al Laboratorio de Cateterización cardíaca, donde fue tratado por el Dr. Mauricio Cohen, cardiólogo y director del laboratorio.
Resultó que Cohen estaba de guardia ese día.
“Él (Gamito) sufría uno de los peores bloqueos cardíacos que yo haya visto”, dice Cohen, quien ha practicado medicina desde principios de 1990. “Es normal tener de 60 a 65% de función cardíaca, pero la suya era de menos de 20%”, comenta Cohen.
Como resultado del ataque al corazón, Gamito sufrió un shock cardiogénico que, de acuerdo con la Clínica Mayo, es una condición en que el corazón repentinamente no puede bombear suficiente sangre para suplir las necesidades del cuerpo.
“Llegué muerto al hospital. El cirujano no pensaba que iba a sobrevivir”, dice Gamito. Cohen explica que las personas que sufren un shock cardiogénico tienen un 50% de probabilidades de morir durante su estadía en el hospital.
Por su delicado estado, los médicos no pudieron hacer una desviación o bypass. En su lugar, optaron por colocar una bomba temporera en su corazón, que fue insertada a través de la ingle. También le implantaron unos stents (endoprótesis vascular).
Gamito es terco, dice Cohen. Pudo haber tenido un bypass cuando tuvo su primer ataque al corazón hace seis años, pero él rechazó las recomendaciones de los médicos y dejó el hospital contra el consejo médico. Se le dieron varias píldoras que le ayudaron a sentirse bastante bien durante otros seis años.
“Pensé que, si me sometía a una cirugía en aquel momento, moriría ya que mi cuerpo estaba muy débil. Así que voy a ser honesto, me puse la ropa y me fui a casa. Pensé, “al menos si muero estaré en mi hogar”, dice Gamito.
Pero cuando finalmente estuvo en la mesa de operación de Cohen, seis años más tarde, dice, “Me trajo de nuevo a la vida. ¡Ahora me siento muy bien!”.
Gamito ha hecho cambios a su estilo de vida, incluyendo ingerir más frutas y vegetales, fue franco y dice que todavía come carne frita una vez a la semana y “come de todo”, dice. También dejó de fumar.
Aunque el ejercicio es una parte importante de la salud coronaria, Gamito dice que él no puede hacer ejercicio a causa de un problema circulatorio en una de sus piernas. “Puedo trabajar en el patio y empujar la máquina de cortar grama”, comenta Gamito.
Riesgos para hispanos
De acuerdo con el Negociado del Censo de Estados Unidos, hay aproximadamente 58.9 millones de hispanos en Estados Unidos o cerca del 18 por ciento de la población total de Estados Unidos. Los hispanos incluyen personas mexicanas, puertorriqueñas, cubanas, centroamericanas o suramericanas o de otras culturas u origen español, independientemente de raza. De acuerdo con el Centro para el Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés), cada grupo tiene su propia historia y tradiciones, pero todos son más propensos de tener diabetes tipo 2 (17%) que los blancos no hispanos (8%).
Pero las diferencias en cada grupo son notables. De acuerdo con el San Antonio Heart Study, 26% de puertorriqueños, 24% de mexicanos-americanos y 15% de cubanos americanos que viven en Estados Unidos, tienen diabetes. Se reconoce a los suramericanos como más saludables que otros hispanos.
Aunque la genética juega un rol en el desarrollo de la diabetes, otros factores de riesgo que son específicos para los hispanos pueden tener también un impacto. Los hispanos son conocidos por comer más alimentos fritos y por tener celebraciones familiares los fines de semana que giran alrededor de una gran comida donde, a menudo, la matriarca de la familia es una “food pusher”.
Cohen piensa que es especialmente importante vigilar a los hispanos y su salud, ya que representan la minoría más grande en el país, “Esperen a que aumenten en edad. Van a padecer de enfermedades del corazón”, dice.
A pesar de las altas tasas de diabetes, los hispanos viven en promedio dos años más que los blancos no hispanos, de acuerdo con el CDC. Esto es lo que se conoce como la paradoja hispana. Los médicos dicen que se puede deber a los fuertes lazos familiares y el apoyo que muchos hispanos reciben en sus redes sociales.
La dieta es un problema
El Dr. Clifford Medina, director de medicina general de Mount Sinai Medical Center en Miami Beach, dice que uno de los grandes problemas que tienen los inmigrantes cuando llegan a Estados Unidos es que se adaptan al estilo de vida estadounidense.
“Los países industriales tienen una dieta peor que los países en desarrollo”, comenta.
En Estados Unidos es una práctica común detenerse a comprar comida para llevar de camino del trabajo a la casa, pero en América Latina eso no es costumbre y a menudo es mal visto, dice. Aunque hay varios factores en el estilo de vida estadounidense que crea estrés y dificulta cocinar en el hogar, uno de los grandes problemas, dice, es largo tiempo para ir de un sitio a otro.
El Dr. Aldo Calvo, director de cuidado ambulatorio de Broward Health, dice que uno de los factores principales que se necesita abordar en Estados Unidos es la obesidad. “La dieta es fundamental”, dice. “Y mientras más grueso uno esté es menos probable que la insulina natural trabaje”.
Uno de los pacientes de Calvo es Michael Herrera-Vaillant, de 80 años, quien nació en Cuba y se mudó a Nueva York cuando tenía dos años. Es veterano del ejército y según fue envejeciendo ha desarrollado varias condiciones médicas, muchas de las cuales fueron provocadas por el peso.
“Cuando visité por primera vez al Dr. Calvo, pesaba 345, pero desde entonces he perdido 20 libras”, dice. “Un buen peso sería 230, lo que pesaba hace 20 años”, dice.
“Tiene diabetes tipo 2, que requiere insulina, hipertensión, hiperlipidemia (alta concentración anormal de lípidos en la sangre) y obesidad mórbida”, comenta Calvo.
Como resultado, Herrera-Vaillant ha desarrollado cardiomiopatía que, de acuerdo con la Clínica Mayo, es una enfermedad del músculo del corazón que hace más difícil que el corazón bombee sangre al resto del cuerpo. También han desarrollado fibrilación atrial que produce un rápido latido del corazón. Para mantenerse fuera de complicaciones, Herrera-Vaillant toma diez medicamentos al día.
Herrera-Vaillant tiene artritis lo que hace que se le haga difícil ejercitarse, pero está contento con el progreso que ha tenido hasta ahora y continúa trabajando para perder más peso.
“Mientras más peso pierdo, más movilidad obtengo”, dice. “Estoy emocionado sobre el prospecto de vivir muchos años más.”