Los afroamericanos tienen tasas de mortalidad más altas por enfermedades del corazón
En 2017, Dennis Ennis estaba experimentando dificultad para respirar y sintiéndose débil.
Un electrocardiograma (ECG) realizado para una cirugía de catarata previamente planificada mostró irregularidades en su corazón y los médicos pensaron que el hombre, de 72 años, estaba sufriendo un ataque al corazón.
Pero luego de una estadía de dos semanas en el hospital y varias hospitalizaciones posteriores, el residente de Boynton Beach fue diagnosticado con amiloidosis a principio de 2018. La enfermedad amiloidosis cardíaca produce depósitos de una proteína anormal (amiloide) en el tejido del corazón u otros órganos. Ennis supo que tenía embolismo pulmonar e insuficiencia cardíaca congestiva, causada por dicha condición.
“El corazón se engrosa y no puede bombear suficiente sangre”, dice el Dr. David Wolinsky, director de la sección de Cardiología Nuclear de Cleveland Clinic, donde Ennis recibe tratamiento. “El fluido se acumula en los pulmones y produce arritmia. A menudo hay personas que sufren de amiloidosis cardíaca entre tres y cinco años antes de ser diagnosticados o diagnosticados incorrectamente con insuficiencia cardíaca”.
La amiloidosis severa puede conducir a un fallo orgánico que amenace la vida, lo que ocurrió con Ennis. Comenta que su corazón se agrandó tres veces el tamaño normal y estaba en fallo renal, etapa tres. El hombre, oriundo de Jamaica, fue sometido a cirugías separadas de trasplantes de corazón y de riñón a principio de 2019.
“Todavía estoy en etapa de recuperación, pero me estoy sintiendo bastante bien”, dice Ennis.
La amiloidosis cardíaca es la cuarta causa de insuficiencia cardíaca en el Caribe y en las comunidades afroamericanas, comenta Wolinsky, con tres a cuatro por ciento de casos en personas que cargan el gen.
De acuerdo con los Centros de Control y Prevención de Enfermedades, las enfermedades coronarias son la causa principal de muerte para personas de la mayoría de los grupos raciales y étnicos en los Estados Unidos, incluyendo afroamericanos. Cerca del 44 por ciento de los hombres afroamericanos y 48 por ciento de mujeres afroamericanas tienen alguna forma de enfermedad cardiovascular que incluye enfermedades del corazón y accidentes cerebrovasculares.
Las personas afroamericanas tienen tasas de mortalidad más altas por enfermedades del corazón, afroamericanos entre las edades de 18 a 49 son dos veces más propensos de morir de enfermedades cardíacas que las personas blancas, de acuerdo con el Centro de Control de Enfermedades (CDC, por sus siglas en inglés). Los afroamericanos entre las edades de 35 a 64 años son 50 por ciento más propensos de sufrir presión sanguínea alta que los blancos, afirma la agencia.
Dadas estas estadísticas, los especialistas cardíacos están buscando formas para reducir las enfermedades del corazón en comunidades de alto riesgo.
El Dr. Jeffrey J. Goldberger, director de la división cardiovascular de la Escuela de Medicina Miller de la Universidad de Miami, junto al Dr. Leonardo Tamariz, profesor de medicina en dicha escuela médica, están desarrollando un algoritmo para identificar adultos con alto riesgo de muerte cardíaca súbita.
También están observando determinantes sociales tales como raza, etnia, ingreso y vecindarios para determinar si hay patrones que muestran riesgos mayores.
“No tenemos las respuestas”, dice Goldberger. “Tenemos muchas formas potenciales de abordar los asuntos y necesitamos apoyo comunitario e investigación para hallar las respuestas”.
Algunos de los otros factores que están examinando incluyen acceso a opciones de vida saludables, mejorar el acceso a la medicina preventiva y la educación sobre salud.
Estos son todos los atributos que juegan un rol importante en reducir el riesgo de enfermedades cardíacas en las comunidades afroamericanas y afrocaribeñas, explica el Dr. Arnoux Blanchard, director del programa de investigación cardiovascular de Broward Health.
Comunidades que están en desiertos de alimentos y no tienen acceso a opciones de alimentos saludables en las tiendas de comestibles, a menudo tienen una alta concentración de restaurantes de comida rápida y tiendas pequeñas, dice Blanchard.
“Tienen acceso a alimentos rápidos altos en calorías y asequible”, comenta Blanchard. “Ahora sabemos que las dietas basadas en plantas con vegetales y legumbres son más beneficiosas. Las comunidades sin tiendas de comestibles no tienen acceso a vegetales, así que lo que comen puede ser perjudicial para su salud”.
La falta de seguro médico también implica que las personas no buscan el tratamiento que necesitan.
“Si usted sufre de presión sanguínea alta y diabetes, pero no tiene seguro médico, usted tiene que pagar de su bolsillo”, dice Blanchard. “Si una persona tiene otras obligaciones financieras, se enfocarán en ello porque se sienten bien y no tienen síntomas.
“Para cuando muestran síntomas, tienen que acudir a sala de emergencia”, dice Blanchard. “En la comunidad negra tienden a padecer enfermedades más avanzadas de los riñones y el corazón, así como daño en los órganos y sufren accidentes cerebrovasculares temprano. Todo porque no pueden visitar a un médico regularmente para recibir recomendaciones sobre su salud”.
Educar a la comunidad para empoderarlos y aumentar el conocimiento sobre la salud puede disminuir el riesgo de ataque al corazón. Blanchard destaca un estudio de 2018 publicado en New England Journal of Medicine que muestra que los programas conducidos por farmacéuticos en barberías en la comunidad negra del condado de Los Ángeles, contribuyó a bajar significativamente la presión sanguínea alta.
“En las barberías usted puede encontrar hombres jóvenes y ofrecer talleres para hablar sobre la prevención”, comenta Blanchard. “También, hablar con oficiales electos sobre el acceso a cuidado, calidad de agua y limpieza de las comunidades para atender la inequidad”.
Aumentar la representación de médicos mujeres y de minorías en la comunidad también ayudaría a las personas en la comunidad afroamericana a sentirse más cómodas en el ambiente de cuidado de salud, expresa Blanchard. “Hay desconfianza en la comunidad negra”, comenta. “Sienten suspicacia de los médicos y pueden cumplir menos con sus recomendaciones”.
Dicha desconfianza tiene su origen en los experimentos de Tuskegee de 1932, un estudio del gobierno de Estados Unidos donde a cerca de 400 hombres negros se les indicó que estaban recibiendo tratamiento para sífilis. En realidad, nunca recibieron tratamiento de manera que los investigadores pudieran estudiar los efectos de la enfermedad. El estudio continuó durante 40 años.
La falta de confianza trabaja en ambas direcciones con médicos que están implícitamente prejuiciados hacia los pacientes, añade Blanchard. “El prejuicio implícito es que médicos que no son de su raza pueden desconfiar de pacientes que no lucen como ellos”, dice Blanchard. “El prejuicio implícito crea una imagen en la mente del médico y provoca que tomen una decisión sobre cómo interactúan con un paciente”.
“A menudo, no es porque son racistas, sino porque no están conscientes de que eso está sucediendo en su cerebro”, dice Blanchard. “Por ejemplo, pueden pensar, ‘¿Entienden lo que estoy diciendo?’”.
Pero, sobre todo, hay un determinante social que impacta los riesgos de la salud en las comunidades afroamericanas y afrocaribeñas, comenta Blanchard. “La pobreza es la razón por la que las personas se enferman”, añade.
Ennis continúa recuperando sus fuerzas luego de someterse a las cirugías de trasplante. Explica que ya no tiene embolismo pulmonar, insuficiencia cardíaca congestiva o enfermedad amiloidosis, pero aún tiene el gen.
Los médicos monitorean su condición regularmente para evaluar la recurrencia de la amiloidosis. Una de sus dos hijas se sometió a las pruebas y encontró que no tiene la enfermedad, que puede ser genética.
Ennis tuvo cuatro hermanos que murieron en un período de cuatro años de insuficiencia cardíaca congestiva, y el último de ellos murió en enero de 2019. Nunca se sometieron a exámenes para amiloidosis.
Actualmente, Ennis camina de dos a tres millas diarias y sus médicos le permitieron hacer su primer viaje desde que tuvo las cirugías de trasplante. En diciembre pasado, hizo un viaje de tres semanas a Jamaica, donde pudo incluso manejar durante dos horas corridas. “El equipo médico entendió que estaba suficientemente bien para poder ir”, comparte Ennis. “Usualmente, se toma un año antes de que pueda viajar. Mi recuperación va bien”.
Jamaica tiene una de las incidencias más altas de amiloidosis, dice. Mientras estaba en Jamaica, Ennis cuenta que ayudó a presentar a un cardiólogo estadounidense y un cardiólogo jamaiquino que participaban de una conferencia.
El Dr. Edward Miller, de la escuela de medicina de la Universidad de Yale, dice que está trabajando con el Dr. Ernest Madu de Heart Institute of the Caribbean en Kingston, Jamaica. Ambos están en el proceso de crear un programa para evaluar la amiloidosis cardíaca hereditaria en Kingston, así como en otros lugares de Estados Unidos, África y el Reino Unido.
“Deseo correr la voz lo más posible de que la amiloidosis existe”, dice Ennis. “Agradezco a Dios por el equipo médico y por mi recuperación.”